Parejas/Personajes: Urubol (?). Breve mención de ArgChi. Sebastián, Julio, mención de Manuel y Martín.
Notas: Prompt 13 para el promptaton.
Advertencias: nope.
El humo que salía de las maquinas era potente esa mañana. Sebastián pasó la manga de su camisa por su rostro para hallar su sudor impregnado de color negro. Aún recordaba cuando Martín le había dicho que trabajar en una fabrica textil iba a ser mucho más fácil que trabajar limpiando chimeneas. Por lo menos ganaba un poco más, eso era algo.
Limpió sus manos con una franela vieja, envolviéndola luego alrededor de una mano para tirar de la palanca de la máquina en la que había estado trabajando. Los motores de las maquinas solían fallar. No era algo raro considerando la cantidad de uso que les daban. Esperó a que la luz verde se prendiera, observando como los pesados engranes empezaban a moverse.
Entró al cuarto principal, donde las máquinas principales estaban: los marcos de Throstle, las maquinas de hilar, la desmotadora de algodón, y los telares eléctricos. Apenas faltaba una hora para que las trabajadoras aparecieran y pusieran en marcha la ardua agenda del día. Afortunadamente, lo tenían a él para asegurarse de que nada explotara. Por ahora.
Escuchó una tos suave venir desde el otro lado del salón. Se detuvo en seco, escuchando como se convertía en una fuerte, y larga tos. Caminó hasta la esquina desde donde venía, encontrando un bulto de mantas y papel periódico en el piso.
Chasqueó la lengua.
-Pensé que ya te habían dicho que no tenías permiso para dormir en el taller.
El bulto se removió, y pronto una cabeza se asomó entre las frazadas.
-¿Y donde voy a dormir?¿Afuera, en el piso mojado?
-Julio.
El muchacho se removió, volviendo a acomodarse, esta vez dándole la espalda.
-Mañana no toca revisión. No tienes de que preocuparte. Además...
-¿Además que?
Su respuesta llegó en la forma de una fuerte tos. Sebastián dio un paso atrás, observando como el bulto se sentaba. La tos sacudía el cuerpo del chico por completo.
-También podrías volver al orfanato.
Julio ahogó su tos contra su mano, dejando que las frazadas que lo cubrían cayeran de sus hombros. Estaba demasiado flaco, como si no hubiese comido en un mes, tanto que el pesado suéter de lana que llevaba no podía esconderlo por más grande que fuera. Sebastián tampoco estaba mejor; era difícil vivir de pan, frutas y leche. Pero por lo menos era algo.
-Si, como no. Sabes perfectamente bien que cada año los botan más jóvenes a la calle, y yo ya tengo dieciséis.- Julio volvió a envolver sus hombros con una frazada y tomó una de las hojas de periódico, estirándola bien para Sebastián pudiera ver las noticias. -Además, ¿no oíste? Nos reemplazaran con robots. Lo mínimo que puedo hacer es asegurarme ese último par de monedas. Ahora, si me disculpas, tengo exactamente 52 minutos antes de empezar a trabajar. Adiós.
Le escuchó ahogar la tos contra las mantas, antes de volverse a envolver por completo y regresar a su posición de oruga en el suelo. Sebastián enterró sus manos en los bolsillos de su pantalón de drill y se encaminó hacia el cuarto de las calderas.
Asomó la cabeza por la ventana de la puerta. Adentro, Manuel dormía profundamente en su silla de madera, con los pies apoyados sobre la pequeña mesa donde descansaban sus herramientas. Antes solía dormir muy poco.
Pero claro, era difícil dormir con Martín armando un alboroto a todas horas y metiéndose en sus pantalones durante la noche. Sebastián nunca entendió como alguien como Manuel podía salir con alguien como Martín.
Su primo había sido...especial. Ruidoso, dramático, terco, narcisista, soñador, alarmantemente romántico, y tan lleno de vida. Antes del accidente en el submarino, claro esta.
Decidió que lo mejor sería matar el tiempo y darle una última revisión al motor de las máquinas. Volvió por donde había venido, deteniéndose de nuevo al escuchar el clink de los metales y a alguien aclararse la garganta con frustración. Julio estaba trepado en una escalera de metal, encargándose de limpiar bien los lugares donde el algodón y los hilos se habían apilado.
Normalmente contrataban niños para ese trabajo, pero Julio era más rápido y al ser enano y flacucho, cabía perfectamente en esos lugares difíciles de alcanzar. Los niños habían sido problemáticos, siempre quejándose del frío que hacía y del hambre que sentían. Julio estaba acostumbrado; lo que sea que le hubiese pasado antes de terminar en ese lugar, lo había dejado con una amnesia que apenas le permitía recordar su primer nombre. Nadie se iba a quejar si sufría un accidente en esa fábrica. Sebastián presentía que esa era la verdadera razón por la que el dueño no le había quitado su trabajo aún.
-Sí sabía lo de los robots.
Empezó Sebastián.
Julio apenas lo miró un segundo antes de volver a su trabajo. Tosía de rato en rato. Sebastián frunció el ceño.
-Deberías ver a un doctor.
-Es solo una tos. Ya se irá.
-Podría ser algo peor.
-¿Ahora tú eres doctor?
Lo escuchó reírse y rodó los ojos. Tomó sus anteojos y los limpio con su camisa antes de acomodarlos en su rostro.
-No, pero uno de mis primos tenía una tos exactamente como esa. Y, bueno...
No dijo más. No necesitaba hacerlo. Julio se asomó, mirándolo con recelo, con curiosidad. Sabía que tomaba todo con una pizca de escepticismo. Un efecto secundario de sufrir de amnesia de seguro.
Sebastián observó como estiraba sus brazos, esforzándose por alcanzar una bola de algodón que obstruía los engranes de los pedales. Tiró, hasta que por fin logró arrancarla de su refugio. Dejó salir un largo suspiro de felicidad, y Sebastián casi se echó a reír.
Julio bajó de la escalera, bufando.
-¿Y tú de qué te ríes? Deja de acosarme.
-No te estoy acosando.
Julio volvió a chasquear la lengua, tomando su escalera y moviéndola al siguiente telar que lo requería. Sebastián lo siguió, y Julio le dirigió una mirada de extrañeza.
-No sabía que te gustaba.
Bromeó el chico. Sebastián dejó salir una risa falsa, burlona, antes de acomodar sus lentes.
-Ya quisieras.
-¿Ah, sí?
Hablaba con sorna. Sebastián lo sabía. Era un mocoso de dieciséis que adoraba el conflicto. Era provocador, porque le gustaba el drama. Y lo estaba provocando, probando su aguante.
-Solo te estoy cuidando, niño sin hogar.
Sebastián canturreó con sorna, porque sabía que le molestaba que le digan que era un niño. Podía sentir su mirada de odio clavarse en su espalda mientras regresaba a la sala de motores. Era divertido.
🇺🇾 4 - 2 🇧🇴 Valverde con Uruguay en la victoria ante Bolivia marcó el segundo gol de tiro libre. #RMCSITE #URUBOL #URU #BOL #EliminatoriasSudamericanas (at Estadio Campeón del Siglo) https://www.instagram.com/p/CTfyrDeAZlB/?utm_medium=tumblr
Es hora de dejar que las OTP ocultas dejen de ser eso y salgan a la luz. <3
Well...Este dibujo lo hice en especial para una hermosa amiga que tengo, @kiagumo va para ti.♥ Como regalo de Navidad, ah.(?)
Ella y gracias a los hermosos dibujos que empezaron mi amor por esta shipp, @zu-art Thank you very much! ♥
Una que hace tiempo no hago y finalmente incursiono en otras dos.
Miguel disfrutaba algo que pensaba debía hacer más a menudo: llenar la tina del baño y sumergirse en medio de la espuma, recostarse y sencillamente existir allí eternamente.
Mientras meditaba en la profundidad de las pompas de jabón, la puerta del baño se abrió. Giró su cabeza a tiempo para ver a Francisco entrar, con una toalla alrededor de la cintura y una mirada impaciente en su rostro.
—Por un momento y pensé que te habías muerto aquí —le reclamó seriamente—. Quiero bañarme, así que te sales o haces espacio.
Miguel sonrió mientras veía la toalla caer de la cintura de Francisco.
—No hay mucho espacio —le respondió—. Si quieres te puedes sentar encima de mí.
Francisco sonrió de forma totalmente lasciva. Y con eso terminó de darle una completa erección a Miguel.
—Te voy a comer vivo —fue lo que dijo el ecuatoriano antes de entrar a la tina.
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Luego de desnudarse mutuamente, Julio se acostó sobre el mueble, y pronto sentió el cuerpo de Sebastián acostarse sobre el suyo.
—Estás gordo —le dijo entre risas para picarlo, volteando el rostro para verle a la cara.
Sebastián respondió besándole, colocando las manos sobre los colchones del mueble para no serle demasiado pesado al boliviano. Su miembro pegado a las nalgas de Julio palpitaba con emoción.
Para Sebastián, ya habían pasado suficiente tiempo molestándose mutuamente. Ahora era tiempo de dejar en claro que había algo más.
Esa tarde, Sebastián hizo algo más que coger a Julio, le hizo el amor.
Miguel pensó en comparar el estado de las cosas en su casa nueva con el infierno, pero se arrepintió rápidamente porque el infierno debía verse mejor. Pero que podía esperar, acabando de mudarse, aun faltaba poner muchas cosas en su sitio.
—Cocina, listo. Los muebles, listos…. —decía en voz alta en medio de la sala, chequeando la lista mental que tenía.
Martín apareció en la cocina, vestido con una toalla en sus caderas y otra pequeña en su mano, secando su cabellera rubia.
—“Argentino caliente y sexy…listo” —pensó, desviando la mirada y sonriendo para si mismo.
—Que sepas que ya monté el colchón—le dijo Martin, rodeándolo con sus brazos y depositando un beso en su nuca—. Ahora ven y móntame a mí sobre el colchón.
—Ocupado —respondió Miguel, tratando de alejarse, pero el argentino lo sujetó en su abrazo.
—No era una negociación, era una orden —fue la respuesta de Martin con tono serio. Naturalmente, era una forma bromista de insistir.
Miguel giró el rostro para verlo por encima de su hombro, con una ceja levantada.
—Wow, eso sonó mas a una situación de rehenes que tú tratando de conseguir sexo.
—Tengo un rehén debajo de la toalla que quiere situarse entre tus piernas —habló Martin, con una sonrisa galante.
Miguel soltó una carcajada.
—Eso fue tan malo que no puedo negarme —respondió aun entre risas.
Y esa era la respuesta que Martin esperaba para alzar a Miguel del piso y salir corriendo hacia la habitación. Su toalla cayó en el proceso, pero no importaba porque no la iba a necesitar.
Los próximos veinte minutos, Miguel subía y bajaba sobre el miembro de Martin, y el colchón crujía debajo de ellos.