Según los teóricos somos 50 porciento herencia de nuestros padres y 50 por ciento influencia del ambiente. Entre muchas cualidades que gané en la lotería genética está mi incapacidad para percibir objetos a largas distancia, es decir la miopía.
Era de esperarse con un padre tan ciego como un topo que cualquier retoño heredara tan inconveniente cualidad. Pero no me había detenido a pensar hasta qué niveles podría afectar poseer esta enfermedad.
Una persona miope simplemente es incapaz de enfocar bien objetos que estén a mucha distancia, esto no me hace nada especial considerando que en EEUU el 25 por ciento de la población es miope y que uno de cada tres japoneses es miope también... considerando la densidad poblacional de estos dos países puedo afirmar sin miedo a equivocarme que hay muchos miopes por ahí.
Todo el que ve el grosor de mis lentes exclama “chama pero tu estas ciega”. Si, bueno casi, no veo la E gigante en los exámenes de la vista (sabes, esa la primerita) pero el hombre es un animal de costumbre y después de 20 años de usar lentes ya no ver la letra pequeña o la grande, tropezarme o no reconocer a nadie en la calle son clichés.
La duda está en: ¿Puede la miopía afectar la manera en la que veo el mundo y me relaciono con él? Lo más seguro es que si. De pequeña descubrieron mi poca agudeza visual porque tropezaba con todo y esa ha sido la historia de mi vida, siempre dando tumbos, tanteando y no viendo las cosas hasta que las tengo literalmente en mis narices.
Eso de "no lo vi venir" además de convertirse en un chiste un poco cruel es una frase lapidaria, el lugar común de mi día a día. La costumbre de descifrar sombras, asociar manchas y ver el mundo como si fuera un cuadro impresionista de tamaño estratosférico se convierte en un karma más allá de lo evidente.
De adulta me sigo tropezando por no ver lo que está frente a mí, sólo que los muros ahora son relaciones, amistades, sueños, etc.
Es como esos cuadros que de lejos son un hermoso paisaje y cuando te acercas no es más que un montón de pintura chorreada, colores sin sentido ni formas. Hay personas que de lejos son ideales y cuando te acercas no son más que cascarones vacíos y cancerígenos, el problema es que cuando te acercas tanto para ver la realidad ya el daño está hecho... te has dado el tortazo y no queda más que levantarse, sacudirse el polvo y seguir.
No intento descubrir el agua tibia, sólo le hago una autopsia a mi perspectiva de vida moribunda. No muero yo, muere la miopía. Hoy se acaban las manchas los colores y las sombras y confieso que la promesa de ver el mundo con tal claridad no hace más que aterrarme. Pero me planto con esperanza ante esta decisión. El fantasma de la miopía se marcha hoy.