“Clamé: «¡Me resbalo!», pero tu amor inagotable, oh Señor, me sostuvo. Cuando mi mente se llenó de dudas, tu consuelo renovó mi esperanza y mi alegría.” Salmos 94:18-19
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“Clamé: «¡Me resbalo!», pero tu amor inagotable, oh Señor, me sostuvo. Cuando mi mente se llenó de dudas, tu consuelo renovó mi esperanza y mi alegría.” Salmos 94:18-19
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Kintsukuroi
Cicatrices. Las hay en el cuerpo y en el alma. Hay unas apenas perceptibles y otras que mal sanaron, pero algo sí es cierto, vamos a estar expuestos a heridas. Lo importante es cómo sanan.
Pudo haber sido tu papá, la traición de la persona que amas, o el frío silencio indiferente de un ser querido. Cuando otros vienes y rompen nuestro corazón, Dios está deseoso para atender nuestras heridas. Pero son tantas las veces que estamos ceñidos a ser independientes y probarle al mundo que no necesitamos a Dios y nos atendemos la ruptura solos. De esta forma el dolor aumenta y la necesidad que Dios nos atienda también aumenta.
Uno puede buscar ayuda para sanar el corazón y tene a Dios en medio del proceso hará una gran diferencia. El salmista reconocer que Dios es el que restaura a los quebrantados de corazón. ¡Quién mejor para llevar el corazón quebrantadoque su propio hacedor!
El arte japonés de “kintsukuroi” es el de reparar una vasija con oro y apreciar que la pieza es más hermosa y valiosa por haber sido rota.
Dios nos pide el corazón porque es lo más poderoso, valioso y frágil que tenemos. El corazón es tan profundo y misterioso qu es necesario ir acompañados con Jesús por el proceso de sanidad. Entregarle nuestro corazón es confiar totalmente en Dios al poner toda nuestra vida en su manos: las piezas rotas, los logros, nuestra debilidad, nuestro orgullo, el pasado y la confianza de lo venidero.
Todos tendremos nuestra porción de heridas pero la gran diferencia es cómo se sanan. Acompañados por Dios, sabremos este proceso de sanidad lo hará de una forma sobrenatural y completa. Al igual que con una vasija restaurada con oro, seremos más valiosos por haber sido rotos y luego restaurados por las manos del gran alfarero.