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ㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤsweet nothing.
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Había sido un mal día, quizás el peor de todos hasta el momento pues desde temprano, todo parecía conspirar en su contra: había llegado tarde a clases, su profesor la regañó frente a sus compañeros y peor aún, su período había iniciado, dejando a la universitaria en completa agonía pues no tenía ningún calmante en su mochila. Sentía como si el mundo entero pesara sobre sus hombros. Estaba irritable, era como una bomba de tiempo a punto de explotar.
Finalmente, al terminar las clases, Haerim se apresuró a regresar a su dormitorio donde al abrir la puerta, fue recibida por la cálida sonrisa de los dos hombres que ocupaban un lugar especial en su corazón: sus amados novios, Kang Hoon y Kang Hyuk.
Kang Hoon, un hombre sereno y apasionado por los estudios, le sonrió dulcemente mientras alzaba su rostro de uno de los libros antes de volver a perderse en sus páginas. Kang Hyuk, por otro lado, un espíritu rebelde y aventurero, se acercó corriendo y envolvió a Haerim en un abrazo apretado. En ese momento, el estrés y la tensión que llevaba consigo se disiparon como el humo.
Haerim dejó escapar un suspiro de alivio y se dejó caer en el sofá, sintiéndose protegida y amada. Los brazos de sus novios eran su santuario, un lugar donde podía ser ella misma sin reservas. Allí, en ese espacio íntimo y acogedor, encontró la paz que tanto anhelaba. Kang Hyuk acarició suavemente su cabello, mientras Kang Hoon le ofrecía una taza de té caliente. Sus cuidadosos gestos y su presencia amorosa eran lo que Haerim necesitaba para sanar su alma cansada. La castaña cerró los ojos y se permitió sumergirse en la tranquilidad que ellos le brindaban.
Mientras se relajaba, los tres comenzaron a compartir sus diferentes experiencias del día y a medida que la conversación fluía y las risas llenaban la habitación, Haerim se dio cuenta de cuán afortunada era de tener a estos dos hombres extraordinarios en su vida. Juntos, formaban un equipo que se apoyaba mutuamente, que encontraba la belleza incluso en los días más oscuros y complicados.
En ese momento, Haerim comprendió que el verdadero hogar no se encontraba en las paredes físicas de una casa, sino en el calor de los corazones que la habitaban. En la presencia de Kang Hoon y Kang Hyuk, encontró un refugio seguro, un lugar donde podía compartir sus alegrías y tristezas, y donde su alma encontraba la calma y la serenidad que tanto anhelaba.
A medida que la noche avanzaba, Haerim se recostó junto a sus novios en el sofá, rodeada de amor y paz. En ese instante, las preocupaciones y el cansancio se desvanecieron por completo, reemplazados por un sentimiento de plenitud y gratitud. En el abrazo de aquellos a quienes amaba, Haerim encontró su propio paraíso y supo que, sin importar los desafíos que la vida le presentara, siempre habría un lugar al que podría llamar hogar.














