⋆˙⟡𝙴𝙻 𝚃𝙴𝚂𝙾𝚁𝙾 𝙳𝙴 𝙵𝚁𝙴𝙴𝚉𝙴𝚁⋆˙⟡ |𝙑𝙚𝙜𝙚𝙩𝙖 𝙭 𝙁𝙚𝙢𝙊𝙘|
Advertencias :
-Violencia leve: Escenas de persecución y contacto físico intenso (agarres, forcejeos, un casi-mordisco).
- Tensión emocional: Temas de humillación, vulnerabilidad y conflicto interno.
- Dinámica enemies-to-lovers: Interacciones cargadas de tensión romántica y confrontación.
- Contenido potencialmente desencadenante: Sensación de ser acechado, claustrofobia, y mención de un régimen opresivo (Freezer).
- Canon-typical violence: Inspirado en el tono de Dragon Ball Z, con elementos de acción y amenaza.
PRÓLOGO
El gran salón de la nave principal del emperador Freezer era un espectáculo de opulencia calculada. Candelabros de luces frías, mesas de madera pulida, columnas talladas de color crema, muy distintas a los pasillos metálicos del resto de la nave, y una cantidad de comida exquisita, banquetes, llenos de carnes, legumbres y postres, además de vino helado que refrescaba la garganta de los soldados que reían a carcajadas como si aquella celebración mensual demostrara lo afortunados que eran de estar bajo el yugo del tirano.
Había una mesa principal, al fondo, sobre una pequeña tarima de baldosa brillante, encabezada por el trono del emperador, en aquel lugar yacían sentados los soldados mas importantes de las tropas de Freezer, eran contados los que tenían el honor de compartir mesa con el jefe y señor, pocos tenían aquel privilegio de poder sentirse superiores al resto, cuando en el fondo sabían que solo eran peones en los juegos macabros del hombre más peligroso del universo.Pero esa noche Eiryn había notado algo bastante peculiar mientras caminaba hacia su asiento.
Las cabezas se inclinaban por sus pasos y las miradas caían sobre ella cada que se percataban de su presencia. El vestido de seda y velo color hueso ondeaba a casa paso que daba, su cabello largo y abundante caía por su espalda como si de una cascada se tratase, lacio arriba y ondulado abajo, una imitación marrón del agua de grandes cataratas. La Reliquia de Freezer, su adorada hija, la joven más "afortunada" del universo.
Eiryn hizo una pequeña reverencia cuando llego frente a su padre, le sonrió con dulzura, esa dulzura que la caracterizaba y la distinguía en un ambiente lleno de soldados y muerte, un rayo de sol entre la maldad de su padre, muchos decían que Eiryn era la cordura que a Freezer le faltaba, la bondad de la cual carecía y el pequeño ángel que le susurraba al oído que tuviera piedad. Una bendición para el universo, ya que una sola palabra de ella derretía el cinismo del emperador.Se sentó en su asiento, al lado de su padre y con disimulo barrio la mesa hasta que sus ojos conectaron con tres personas en particular.
Los Saiyajin, sentados al otro extremo, con esa típica cara de pocos amigos y ojos desconfiados ¿Los habían ascendido? No lo sabía, no se había enterado de aquello. Ladeo un poco su cabeza mientras agradecía al mesero que había servido su plato. Admiraba mucho a esos tres, aunque muy rara vez los había visto así de cerca, ellos sabían bien el juego de su padre y sabían moverse por el tablero para no ser eliminados, no se tragaban fácilmente la amabilidad de Freezer, al parecer pocas personas se daban cuenta que este tipo de banquetes grandes solo eran alimento para el ego y sensación de poder el emperador, algo que el disfrutaba como una cucharada de superioridad, y ellos entendían muy bien la dinámica.
La joven se daba cuenta de todo, ya que ella también había aprendido a jugar. Y era muy buena en eso.
—¿Qué tal la comida mi hermosa reliquia? —la voz de serenidad fría de su padre le sacó de sus pensamientos. Eiryn levanto la vista sonriendo con ternura—¿Los cocineros si consintieron tu gusto?
Ella asintió, estaba muy delicioso, y a pesar de que alguna vez no lo fuera, nunca diría nada, Eiryn no era de las que buscaba el mal ajeno, odiaba perjudicar a alguien por su lengua, así que si algo no le parecía simplemente fingía que era de su agrado para que su padre no castigara al responsable de su disgusto.
—Se lució esta noche—respondió dándole otro bocado a su comida.
—Todas las noches se luce ¿Verdad? —Zarbon alzo una ceja con una sonrisa falsa.
A Eiryn le hubiese gustado blanquear los ojos, pero aquello no estaría muy acorde a su papel de blanca paloma. Rió con delicadeza, como si hubiese sido el mejor chiste de su vida, aunque sabia que aquel hombre tenia una lengua de doble filo.
Vegeta sentado a varios puestos de distancia, mantenía la vista fija en su plato, aunque no comía. Sus manos crispadas sobre la mesa, delataban la furia contenida que guardaba por dentro, sabia que no estaba en territorio aliado, ni el, ni Nappa, ni Raditz era bienvenidos allí, no pertenecían a aquel lugar y ya suponía que haber sido invitados era una trampa o una humillación asegurada. Su presencia allí era como agua en aceite, tal vez una maniobra de Freezer para recordarle su lugar, estaba allí ¿Por qué? ¿Un ascenso? Imposible ¿Una burla? Lo mas seguro. Apretó los dientes, con el orgullo herido, su cola permanecía apretada con fuerza a su cintura, era una acción inconsciente que realizaba desde niño, aquella presión siempre lo llenaba de seguridad. El desprecio y la rabia crecían cada que sentía la mirada de Freezer pasar sobre ellos, no levanto la mirada, no quería darle el gusto.
Nappa, a su lado, engullía la comida con una mezcla de glotonería y nerviosismo muy bien oculto, mientras que Raditz, mas callado, observaba con cautela el entorno, desconfiado, como si esperara un ataque en cualquier momento. Aquellos tres hombres eran el antónimo del prototipo de soldados del imperio de Freezer, para nadie era un secreto que aquellos Saiyajines no era fieles, solo tenían rebeldía contenida hirviéndoles en la garganta.
Freezer, desde su trono, sonrió con esa calma venenosa que lo caracterizaba. Su mirada recorrió la mesa, deteniéndose brevemente en Eiryn antes de pasar a los Saiyajin. Había algo en su expresión, un brillo de diversión fría, como si estuviera jugando un juego que solo él entendía.
—Veo que todos están disfrutando de mi generosidad —dijo, su voz suave pero cortante, como un filo envuelto en seda—. Espero que mis valientes Saiyajin aprecien este honor. No todos los días invito a... guerreros tan particulares a mi mesa.
Vegeta no respondió, pero su mandíbula se tensó aún más. Nappa gruñó algo ininteligible, mientras Raditz simplemente asintió, manteniendo la cabeza baja. Freezer soltó una risita baja, claramente satisfecho con la incomodidad que provocaba.En ese momento, los ojos de Vegeta se desviaron, casi por instinto, hacia la figura junto a Freezer. Eiryn. La había visto antes, siempre a la sombra del tirano, una presencia que parecía no encajar en la brutalidad de esa nave. La "reliquia" de Freezer, como la llamaban algunos en susurros. Vegeta frunció el ceño, su mirada dura y despectiva. ¿Qué era ella? ¿Una mascota? ¿Un trofeo? Su existencia lo irritaba, un recordatorio más de la arrogancia de Freezer. Pero por un instante, sus ojos se encontraron con los de ella, esos destellos ámbar que parecían vibrar con algo que no podía descifrar. Fue un segundo, apenas un parpadeo, antes de que Vegeta apartara la mirada con un bufido interno, molesto consigo mismo por siquiera notarla.
Freezer, siempre atento, captó el movimiento. Su sonrisa se ensanchó, aunque no dijo nada. En cambio, se inclinó ligeramente hacia Eiryn, su voz baja pero audible para los más cercanos.
—Dime, mi constelación perdida, ¿qué opinas de nuestros invitados Saiyajin? Son... fascinantes, ¿no crees? Tan llenos de... potencial.
El comedor quedó en silencio, esperando la respuesta de Eiryn. Vegeta, aunque no levantó la mirada, sintió un pinchazo de irritación. Sabía que Freezer estaba jugando, pero no entendía aún a qué. Y eso lo ponía en guardia.
Eiryn sabia que lo que saliera de su boca iba o a ayudar a los Saiyajines o a perjudicarlos. Levantó la mirada, de forma inocente, como si no hubiese visto a los tres hombres frente a ella. Sonrió hacia su padre.
—Con lo poco que he oído de ellos puedo decir que son fascinantes—les sonrió a ellos—. Es cierto lo que dices padre, tienen mucho potencial, son fuertes, leales y muy buenos con su trabajo—no sabia porque estaba diciendo eso, solo sintió la necesidad de ayudarlos. Eiryn nunca había estado de acuerdo con algunas actitudes de su padre—, siempre que los mandas a conquistar algún planeta no tardan ni un día, a diferencia de Zarbon y Dodoria—sonrió hacia los últimos dos, era una clase de venganza por haberla acusado con Freezer por andar merodeando de madrugada la semana pasada, sabía que lo que mas les afectaba a ese par era quedar mal con Freezer—, solo dan vueltas y ponen peros, se gastan los suministros y el sustento de cada misión en burdeles y luego llegan y dicen "Disculpe mi Lord, el objetivo era mas fuerte de lo esperado"—imitó la voz de Dodoria—¿O me equivoco? Cada que ellos fallan los Saiyajines resuelven el desastre que dejan—se encogió de hombros—. Yo creo que merecen más beneficios, papá. ¡Me parece fantástico que compartan mesa con nosotros!
Dodoria y Zarbon se miraron entre sí, el gordo rosado casi rojo de la indignación mientras el otro miraba su plato como si se tratara de otro y no de él. Esa niña se las pagaría, pensaba apretando la copa de vino con fuerza. El comedor, ya cargado de una tensión palpable, pareció contener el aliento ante las palabras de Eiryn. Su voz, dulce y aparentemente ingenua, flotaba en el aire como una melodía que desarmaba a todos, incluso a los más cínicos. Los oficiales de Freezer, acostumbrados a la brutalidad y la intriga, no sabían cómo reaccionar ante esa suavidad que contrastaba con el ambiente opresivo. Pero todos, sin excepción, sabían que las palabras de la "reliquia" de Freezer tenían peso. Un peso que podía salvar o condenar.
Freezer, reclinado en su trono, arqueó una ceja, su sonrisa fría adquiriendo un matiz de curiosidad. Sus dedos tamborilearon suavemente contra el brazo de su asiento mientras observaba a Eiryn con esa mezcla de orgullo y sospecha que siempre parecía reservar para ella.
—Vaya, mi pequeña constelación, qué palabras tan... inesperadas —dijo, su voz destilando una calma que ocultaba un filo afilado—. ¿Los Saiyajin, dices...?—Hizo una pausa, dejando que las palabras flotaran, como si las estuviera saboreando. Su mirada se desvió brevemente hacia Vegeta, Nappa y Raditz, evaluándolos como si fueran especímenes en un laboratorio.
Vegeta, que había mantenido la cabeza baja, sintió un escalofrío de irritación ante las palabras de Eiryn. ¿Fieles? ¿Obedientes? Su orgullo saiyajin rugió en su interior, pero no era estúpido. Sabía que cualquier reacción impulsiva sería un error mortal en presencia de Freezer. Sus ojos, oscuros y ardientes, se alzaron por un instante, encontrándose con los de Eiryn. Había algo en esa mirada ámbar, algo que no podía leer del todo, pero que lo ponía en guardia. ¿Era una trampa? ¿Un juego de Freezer a través de su "mascota"? No confiaba en ella, no confiaba en nadie en esa nave, pero sus palabras... sus palabras acababan de arrojar una cuerda a los Saiyajin en un mar de tiburones.Nappa, menos sutil, dejó escapar un gruñido bajo, claramente complacido por el cumplido, aunque no entendía del todo las intenciones de Eiryn.
—¡Ja! Escucha eso, Vegeta. La niña tiene buen ojo —dijo, golpeando la mesa con una risita, antes de que Raditz le diera un codazo para que se callara.
Raditz, siempre más cauteloso, mantuvo la mirada fija en su plato, aunque sus oídos estaban atentos a cada palabra.
—¡Oh! ¡Pastelitos de limón! —Eiryn volteo la situación de una manera eficaz e inteligente. Cambio el tema en el momento indicado y al parecer Vegeta fue el único que noto esa fachada falsa de aquella joven—¡Son mis favoritos!
Alzó una ceja, algo sorprendido por lo que había notado en aquella mujer, tal vez él era el único consciente de lo que hacía. Una chispa de curiosidad cruzo por sus ojos, apretó los labios y su cola se tensó.
¿A que jugaba esa niña? ¿Qué era lo que escondía? ¿Cuál era la razón para que fingiera una actitud tan inocente y estúpida? Aquello lo puso en estado de alerta, había descubierto que esa "dulce" princesita no era mas que un caramelo amargo que escondía secretos en ese rostro angelical.
¿Debía descubrirlo? Si, le había nacido una gran curiosidad relacionada con el pasado de aquella muchacha y del porqué de muchas cosas.
Clavó la vista de nuevo en su plato permaneciendo en silencio. Al parecer la reliquia de Freezer era mas interesante de lo que pensaba.











