(...) Alguna vez fui dulce como una hoja verdeclara pendiendo muy alto en el aire azul. Y fue entonces que dos espadas en mà se atravesaron y el vencedor me llevó a sus labios. Tan tierna era su rudeza que no me quebré, puso una fulgurante estrella sobre mi frente y me abandonó estremecida por las lágrimas en una isla llamada invierno.
Edith Södergran















