CRITICA: VICIO PROPIO
Es difícil adaptar una novela de Thomas Pynchon al cine. El autor de Arco Iris de Gravedad y La Subasta del Lote 49 construye tramas tan laberínticas e intrincadas que difícilmente se pueda encontrar algo de claridad narrativa en ellos. Es que Pynchon está más interesado en retratar una era y sus cambios y vaivenes, ya sea durante el Holocausto de la Segunda Guerra Mundial o en pleno Hippismo de los años 60. Esto último es lo que desarrolló en la que podría ser su novela más narrativa para que lo que es su prosa habitual, Vicio Propio. En ella narraba las peripecias de un detective privado bastante fumon y relajado, Larry “Doc” Sportello, por desentrañar una conspiración que involucra a su ex novia Shasta, un millonario dedicado a las bienes raíces, un rockero que finge su muerte y termina trabajando encubierto para el gobierno y un misterioso barco llamado El Colmillo Dorado entre varias otras vertientes. Es elogiable por lo tanto que uno de los cineastas más talentosos de la actualidad como lo es Paul Thomas Anderson se haya animado a ser el primero en llevar a la pantalla grande la obra de Pynchon. Pero pese a los esfuerzos del director de Magnolia y Boogie Nights por generar ese clima de época particular que lograba el libro, que lejos de interesarse en desentrañar la telaraña argumental prefería mostrar como las organizaciones gubernamentales empezaban de a poco a adentrarse en el mundo de la contracultura de fines de esa década (dejando a personajes estrafalarios como el propio Doc como vestigios de un tiempo ya olvidado), queda claro que el mundo de Pynchon aparece más vivo en las hojas del libro que en la pantalla grande. Y aunque Anderson sea un experto en generar climas tensos y adentrarnos de lleno dentro de sus mundos particulares (no por nada se lo compara bastante con Stanley Kubrick y Martin Scorsese) poco se puede ver en Vicio Propio de esa marca de estilo, ya que el film consiste en larguísimas escenas de diálogos entre el protagonista y una decena de actores importantes como Benicio del Toro, Reese Witherspoon y Owen Wilson que solo logran abrir mas y mas puertas que llevan a la confusión hasta volver de vuelta al punto de partida. Quizás esa era la idea de Pynchon con el libro y es lo que Anderson interpretó para llevarlo al cine, pero pese a algunas secuencias geniales, una banda sonora sugerente y la gran actuación de Joaquin Phoenix como Doc se extrañan los climas sugerentes y la precisión quirúrgica en la puesta de escena que el realizador de Petróleo Sangriento es capaz de desarrollar. Otra vez será.
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