“Viajar te hace modesto, porque puedes ver que pequeño es el lugar que ocupas en este mundo“ Anónimo.
Yo creo que encontrarse en Perú, allá donde el diablo perdió el poncho, con una chilena y más encima patagona era una señal. Jajaja. Nah, no es por echarle la culpa a la Cata, es porque nosotros somos medios yetas, siempre nos pasan una y mil cosas.
Allí estábamos, en el CEBAF, migración peruano- ecuatoriana; el sistema se había caído en el lado peruano, así que en teoría no teníamos mucho que hacer, porque no podíamos salir de Perú para entrar en Ecuador. Pasó como una hora, hora en la que intentaron arreglar el sistema y no pudieron. Finalmente nos dijeron que debíamos ir al otro CEBAF (en donde hacen ingreso quienes vienen de Ecuador hacia Perú) pero que está como a cinco kilómetros más atrás. De vuelta al bus con todos los que ya eran nuestros amiguitos jaja.
Nos subimos al bus y bajamos en el otro centro de migración, estaba llenísimo; allí nos hicieron pasar por un puertecita, creo que ya estaban al tanto del sistema caído así que intentaron hacer todo el trámite lo más rápido posible. De vuelta al bus. Nuevamente hacia el otro centro. Llegamos y nos hicieron bajar el equipaje para revisar, nos revisaron e hicimos el trámite de ingreso a Ecuador. Cuando salimos nos informaron que debíamos subir a otro bus. What? Aer que pasó? Cómo que a otro bus? Nos dijeron que el bus donde íbamos hacia Guayaquil tenía muy pocos pasajeros, así que nos iríamos en otro (de la misma empresa) que sí tenía espacio para todos. Será. Subimos y caminé hasta el final del bus, allí al lado del baño habían dos asientos. Le dije a Sophia que nos sentáramos y Víctor se acomodó en el espacio en donde el chofer duerme, luego nos fijamos que una señora venía de pie. Le ofrecí el asiento, hicieron que Víctor se parara de donde se había acomodado. Al rato de viajar de pie, nos dijeron que había dos asientos más adelante, así que nos acomodamos allá.
El viaje fue largo, tuvo tiras y aflojas con el aire acondicionado jaja “que está muy helado” “que está haciendo calor”, “voy pa’ entro, voy pa’ juera”, no había como atinarle jaja. Finalmente llegamos a Guyaquil pasadas las 9 de la noche. Bajamos del bus y preguntamos a la Cata si iría al hostel que había encontrado, decidimos ir con ella y compartir un taxi. Llegamos a Munay Backpackers (búsquelos en fb). Cuando salió el chico que administraba, nos dijo que si teníamos reservaciones, nosotros obvio no teníamos. No había habitaciones disponibles, ni en pieza compartida ni privada, cresta. Sólo tenía una cama y la Cata la iba a ocupar. Pedimos que nos prestaran internet para buscar otro hostal cerca, nada, todo muy caro. El cabro que estaba de voluntario en el hostal nos ofreció el sillón de la sala. Ya resignados, aceptamos. Nos dijo que al día siguiente se desocupaban tres camas y que podríamos dormir ahí. Será, ya eran pasadas las 10 de la noche y estábamos cansados. El gordo salió a comprar algo para cocinar e hicimos el menú mochilero: tarallines pegaos jaja. Comimos y compartimos un rato con la Cata. Cocinando descubrimos que en Ecuador los tallarines se cocinan distinto en la sierra y en la costa jaja (el paquete traía instrucciones de cocción para los dos lugares). Finalmente subimos a la terraza a tomar aire fresco antes de dormir y algo pa’ la mente. Conversamos mucho, conocimos a la Cata (la adoptamos jaja), conversamos con el chico que nos recibió y nos contó su historia: venezolano que tuvo que dejar su tierra. Fue nuestro primer acercamiento con Venezuela, la primera vez que oímos de primera línea sobre lo que allá pasa y que los medios han manoseado tanto. Al día siguiente conoceríamos a un matrimonio, también venezolano (con su hijita de dos años, con el nombre más hermoso del mundo: Lucía), también nos contaron que se tuvieron que ir de su país, que “salieron de una forma no muy agradable”. Creo que en Guayaquil descubrí que a pesar de la mirada de tristeza del venezolano que dejó su tierra, no dejan de tener el ánimo arriba, de querer su volver y de confiar en que todo estará bien. Fuerza Venezuela, vienen tiempos mejores!
Dormimos apretujadas con la toti, despertamos para tomar desayuno (sí, el hostel ofrece desayuni, rico rico). Después de la ducha nos cambiamos al sub mundo del piso de abajo, allí dormía también la Cata, a su lado un refugiado sirio. Parece que este hostel está lleno de gente refugiada. Luego preguntamos qué podíamos hacer en Guayaquil y nos recomendaron ir al Malecón, que tiene un parque al lado del río.
La caminamos, era un buen trecho. De camino hacia allá encontramos la plaza de las iguanas, en pleno centro de la ciudad, es raro pero lindo, está lleno de iguanas por todos lados, en libertad, ahí mismo venden bolsitas con lechuga para darles de comer. Luego de caminar un poco más llegamos cerca de la ribera del río. El parque es maravilloso, tiene de todo para hacer, hay un parque estilo japonés, juegos para los niñ@s, una ruleta para subirse, y ver Guayaquil desde las alturas. Hay mucha cultura. Nos comimos (tomamos) los helados más caros del mundo jaja, la cosa es que veníamos con el sol peruano en la cabeza, y el sol es barato, por lo que el cambio a dólar afecta un poco mucho, nos cobraron dos dólares por un helado, que son alrededor de 1300 pesos chilenos, lo compré sin pensar, luego vi mi helado y me sentí estafada jaja porque era como un helado de mac donalds. Penita en mi corazón, con el helado no se juega. De vuelta compramos algo para comer, vimos muchas cucarachas en el camino y recordamos el episodio de Callao jaja. Esa noche dormimos con el ventilador puesto directo hacia nosotros, mucho calor y lluvia en Guayaquil, harta humedad.
Al día siguiente partimos después del desayuno hacia la terminal, misión: encontrar pasajes hacia Quito. Cata se resignó a ir con nosotros hacia Quito, así que la adoptamos de nuevo.
Llegamos a la terminal a eso del medio día, encontramos pasajes para esa misma noche. Punto 1: deberíamos pasar el resto del día en la terminal. Punto 2: teníamos que encontrar un buen lugar (con wifi) para eso. Finalmente decidimos almorzar en un lugar de la terminal y ahí mismo robar wifi, estuvimos toda la tarde ahí sentados conversando de la vida. Creo que allí nos comenzamos a acostumbrar a la vida de terminal. Aquí debo parar un poco y contar un episodio que afirma la TREMENDA suerte que tiene el gordo: Como había que pasar la tarde y lo mejor que sabe hacer mi gordo es “pasar la tarde”, con la Cata salieron fuera del terminal para fumar. En eso estaban cuando se les acerca un policía, el que amablemente les pregunta si lo que están consumiendo es marihuana, ya que había recibido “quejas”. Mi gordo con su mejor cara de ofendido (esa que se aprende solo mirando novelas vespertinas) le dice: “yo? Fumando marihuana? Nooo, se equivoca, esto es tabaco, mírelo, huélalo”. El papel que utilizaron era un blond (papel café con sabores), así que claramente olía como a mango, no a otra cosa. “Oh! disculpe” y el policía se retiró, los cabros se cagaron de la risa cuando a lo lejos vieron al policía que alegaba con otro hombre, el que asumimos fue “el sapo”. SALVADO. Llegaron apretándose la guata de risa a contarme. Ya pasadas muchas horas, abordamos el bus, vimos el desfile de vendedores ambulantes subir, cada uno con una historia más triste que la anterior. Casi me paré yo a contar nuestra historia y a pedir plata también jaja.
El viaje estuvo tranquilo, me dolía la cabeza, pero pusieron una peli y no pude no verla, todos se durmieron, todos en el bus se durmieron, yo no podía: mi dolor de cabeza y la peli no me dejaban. Finalmente la película terminó y pude descansar jaja (y así dicen que después uno no tiene TOC). Llegamos temprano en la mañana a Quito, al terminal de Quitumbe, nos bajamos del bus y nos subimos al transporte público que nos llevaría hasta el centro de la ciudad. Decidimos ir hacia allá a buscar un hostel donde quedarnos. La micro era parecida al transantiago, MUY parecida, ya que de a poco se comenzó a llenar hasta que ya no se veían las puertas. Miedi. Como cresta nos vamos a bajar con toooodo lo que traemos. Casi llegando a la estación de bajaba comencé a atropellar gente con mis bultos, no sé cómo pero bajé, como que me tiré abajo de la micro jaja.
Caminamos un par de cuadras, preguntamos en varios hostels, todo muy caro. Preguntamos en uno y era todo lo que necesitábamos, al llegar con la Sophy, nos dijeron que no podíamos quedarnos ahí. Discriminación de nuevo? No. El caballero nos dijo lo más sutilmente que por la noche “arrendaban” piezas a las chicas que “Trabajaban” en la plaza más cercana, por lo que por seguridad, no dejaban hospedar niñ@s ahí. CLARITO COMO EL AGUA. Gracias, pero no gracias. Víctor preguntó qué onda y le dije más claro aún: acá hay puterío en la noche, no chao. Jajaja
Ya eran pasadas las 9 de la mañana y nos rugía la panza. Por ahí mismo encontramos una panadería que servía desayuno y como ya podrán imaginar: FUE MARAVILLOSO! (jajajaja yo y mi hambre eterna). Por 1,20 dólares (algo así como 800 pesos chilenos) nos dieron: un café con leche, un vaso de jugo, pancito y huevos revueltos (o como usted prefiera sus huevos, 1313), además de queso y mermelada. Ven? Sí que era maravilloso. En hartos lugares tenían desayuni, así que no es difícil encontrar en el centro histórico de la ciudad. Luego del desayuno, continuamos la búsqueda.
Finalmente accedimos a ir hacia “la ronda”, que es una calle colonial en el centro histórico de Quito: fue la primera calle central de la ciudad y se cuenta que para la conquista, cuando el ejército retornaba a la ciudad después de un combate, entraba por allí y las personas que vivían ahí ponían maceteros con flores para darles la bienvenida. Hoy es una calle bien bonita, llena de bares y cafeterías, pero que mantiene la calle de adoquines y la fachada colonial. Por ahí cerca también había hoteles, según nosotros más caros, pero ya que no encontrábamos nada fuimos. Cotizamos en dos hoteles cerca de la plaza San Francisco, nos quedamos en el interamericano (nos cobraron 7 dólares por cada uno). Nos acomodamos y nos rendimos al sueño, el cansancio de la noche anterior pudo más.
Despertamos cerca de las 3 de la tarde, ducha y salimos por algo de comer, como ya era tarde no había mucho de donde escoger, así que nos fuimos a las siempre seguras hamburguesas con papitas fritas. Las hamburguesas eran caseras, así que mientras la señora preparaba, Víctor salió a echar humo afuera. Luego de un rato nos sirvieron, nada más bonito que recibir una hamburguesa con papitas (sí, soy una gorda lechona). Víctor se paró de la mesa y salió y yo estaba por darle el tonto mordisco a mi hamburguesita cuando siento a mi espalda un “Lucía ven”. Me di vuelta y vi al gordo con cara de fantasma, no sé como pero mi agilidad salió a flote y salte encima de la banca y salí corriendo. Lo alcancé a agarrar y caímos lentamente de rodillas en la vereda. El gordo se desmayó. Conchatumaré’ qué hago!!? A este hombre no me lo puedo ni al hombro. Todo eso pasó por mi mente en dos segundos, porque el gordo Calló y a los 5 segundos abrió los ojos y me dijo: “me desmayé?” “No hueón, si estamos aquí arrodillados pagando manda”. Me dio más rabia, entre enojo y alivio. Nos movimos a la entrada de una casa y lo senté, le pregunté que como se sentía, que qué sentía, que si lo llevaba al hospital, “estoy bien, estoy bien, tengo sed”, entré al local y le dije a la Sophy que estaba todo bien, la pobre ya lloraba, le pedí a la señora coca cola para darle un shock de azúcar al gordo, pero no había, salí y corrí a comprar en un negocio más allá, volví y le chanté la coca cola casi a la vena, después de 10 minutos ya se veía negro de nuevo, el blanco amarillento desapareció de su rostro y entramos a comer. Obvio que mi hamburguesita estaba fría, pero ya no importaba. Conversamos y la Cata se reía de mi reacción “volaste por encima de la banca jaja” y obvio nos burlamos del gordo, conclusión: PÁLIDA. Obvio, sí no había comido nada, no había tomado desayuno y lo único que tenían en su cuerpo era humo. Hasta el día de hoy me burlo de él, aunque ya por estos días tenemos tanto material el uno del otro, que la pálida en Quito es un pelo en la cola.
De vuelta al hotel compramos pastelitos para tomar tecito (sí, nos gusta ser como las abuelitas y tomar tecito/café/mate con pastelitos, lo mejors) y nos guardamos como niños buenos, el wifi en el hotel estaba malo, así que a falta de internet buena es la televisión. Cata salió a conectarse, ya que debía recibir indicaciones para ir a un voluntariado, nosotros con nuestro espíritu aventurero: nos fuimos a dormir
Al día siguiente la Cata se fue temprano, no nos despedimos, pero al despertar vimos una notita que aún conservo con cariño, nuestra hija adoptiva dejó el nido y salió a volar sola. Te leo Cata y me alegra que tu aventura te haya hecho crecer tanto, me encanta que todos los días seamos más personas contagiando al mundo del virus de felicidad viajera.
Despertamos y salimos a buscar desayuno, de vuelta hacia el hotel nos encontramos en la plaza a mucha gente, de inmediato recordé que era 8 de marzo y pensé que era un acto del día de la mujer, pero no. De a poco se comenzó a llenar de gente y en un escenario comenzaron a hablar del “feriado bancario”. Nos quedamos, porque nos gusta el hueveo jaja y si una marcha y posterior acto político llegó hasta nosotros: es por algo. Seguía llegando gente, muchas banderas y consignas, también llegaron las banderas de “ni una menos”; todo en un mismo evento.
El 8 de marzo es una fecha dolorosa para el pueblo ecuatoriano, un 8 de marzo de 1999 se declaró un “feriado bancario” de 24 horas, que finalmente duró 5 días. Todas las operaciones financieras quedaron suspendidas. Mientras que el gobierno decretó un congelamiento de depósitos en los bancos, por ende, un congelamiento del dinero que todos los ecuatorianos tenían en los bancos. Luego de eso, los bancos “quebraron” y el Estado asumió los costos, transmitiéndolos a la población a través de diversos mecanismos, entre ellos, la reducción del gasto social y la elevación del costo de los servicios. La media cagaíta. El “feriado bancario” dejó en la calle a todo mundo, así tal cual. Una especie de “corralito”, en el que desapareció toda la plata de los bancos. De ahí se devaluó la moneda local: el sucre y comenzó todo un mecanismo político y social para hacer surgir el nuevo Ecuador, el que se estabilizó económicamente con la entrada del dólar, un Ecuador que creció nuevamente con dolor, un pueblo que (como en casi toda Latinoamérica) lucha día a día contra la corrupción, un pueblo que sabe de saqueo y explotación.
Allí conocimos a Lenin Moreno, en ese entonces candidato a la presidencia, ahora presidente de Ecuador; quien sigue la línea de su antecesor Rafael Correa, que busca unir a la izquierda ecuatoriana y que intenta luchar por la igualdad para su pueblo. Allí estábamos nosotros, escuchando a los hermanos ecuatorianos sufriendo por una situación igual o más injusta que las que vive la sociedad chilena. Escuchando de corrupción, escuchando como aquellos que “maquinearon” el feriado bancario quieren volver al gobierno, escuchando que “nadie pagó nada”, que los culpables nunca fueron a la cárcel, que después de que Ecuador tocó fondo económicamente, resurgió con el esfuerzo del pueblo. Francamente fue como estar en Chile, quiero pensar que la gente de mi país quiere que nuestro pueblo surja, que en las próximas elecciones se note un cambio, que Chile “despierte” o “abra los ojos”, para que no nos sigan quitando nuestros derechos sociales, para que por fin tengamos una sociedad que crezca con igualdad y justicia. En fin.
Nos fuimos antes de que el acto terminara porque debíamos salir del hotel, nuestro itinerario seguía y debíamos movernos porque nos recibirían nuevamente en una casa de la comunidad Adsis. Salimos con todos nuestros bultos hacia la calle, tomamos otra ruta porque obvio no habría tránsito en las cercanías debido a la marcha, graso error, no había tránsito en ninguna parte, tomar un taxi fue un caos, caminamos un montón, la marcha terminó y se llenó de gente tratando de conseguir un taxi, se puso a llover, los taxis no querían llevar gente (porque cuando llueve no llevan a nadie para que no se les moje el auto). PEOR. Después de mucho rato conseguimos un taxi y llegamos a la comunidad. La casa está al lado de una capilla muy bonita, nos recibió Mariela y nos indicó que nos quedaríamos en un edificio al costado de la casa, nos facilitaron algo así como un departamento: dos piezas, baño y un estar con lavaplatos. Estamos eternamente agradecidos por la hospitalidad de cada comunidad por la que hemos pasado. Como llegamos a la hora de almuerzo, nos invitaron a almorzar, aceptamos. Después de eso, nos fuimos a instalar y salimos a recorrer. Cerca de allí hay un mercado de frutas y verduras, además es un barrio de servicios, así que hay banco, farmacia, supermercado y tiendas.
Al rato fuimos al super a comprar algo para tomar la once, el único dilema es que tuve que ir a molestar a la casa para calentar agua, porque en donde estábamos no teníamos como hacerlo, finalmente fue bueno, porque así pedí la clave de wifi y aproveché de socializar un poco más. Tomamos oncesita y vimos un poco de tele, allí conocimos al “comandante”, una novela inspirada en la vida de Hugo Chávez.
Al día siguiente decidimos ir hacia la “ciudad de la mitad del mundo”, que es donde está el monumento de la mitad del mundo y la respectiva “línea del Ecuador”. Con ayuda de google maps y preguntando se llega a todas partes, así que emprendimos camino. Tomamos el transporte público y nos bajamos en la estación final: La Ofelia. Allí tomamos otro bus (hay que hacer la fila en donde dice “ciudad de la mitad del mundo”) que nos llevó directo. El viaje dura alrededor de una hora, quizás desde el centro de la ciudad es un poco más. La entrada al recinto de la ciudad de la mitad del mundo cuesta 3,50 dólares para adultos y 2 dólares para los niños, también hay un full pass que cuesta 7,50 e incluye todas las dependencias (todos los museos y edificios), la entrada más barata (que obvio fue la que nosotros pagamos) incluye la entrada al recinto y los lugares que son gratis dentro jaja, que son algunos museos y galerías. El recinto es al aire libre, así que es mucho mejor disfrutarlo un día que no haya tanto sol, el día que nosotros fuimos hacía calor, pero habían pronosticado lluvia, y como buenos sureños salimos con la parka bajo el brazo, la que se quedó bajó nuestro brazo ida y vuelta. Bonita la ciudad, porque efectivamente es una mini ciudad, obvio nos tomamos mil quinientas fotos, con todo lo que nuestro pase nos permitió jaja. Incluso me saqué una foto con la estatua de Néstor Kirchner, que está en la entrada de la sede del UNASUR, edificio que está al lado de la ciudad de la mitad del mundo.
A la vuelta hicimos el mismo recorrido, el bus hasta La Ofelia y luego transporte público hasta donde nos estábamos alojando. Almorzamos una hamburguesa en un local cercano y nos fuimos a casa, más tarde salimos a la farmacia y nos agarró una lluvia que parecía temporal de acabo de mundo, llovía a cántaros. Tuvimos que refugiarnos bajo un alero porque no quisimos salir con parka, cuec!
De vuelta a casa tomamos once mientras veíamos otro capítulo de “El Comandante”, al día siguiente partiríamos hacia Tulcán, frontera con Colombia, para seguir nuestro recorrido. Nos dormimos temprano, pero a eso de las 4 AM me desperté, sentí ganas de ir al baño y me levanté, cuando estaba haciendo “del 1” me sentí mal, como que todo el baño se me dio vuelta, me paré y vomité. Raro. El gordo se levantó a mirarme y le dije que no me sentía tan mal, solo un poco mareada y que no había “devuelto” comida, solo un líquido amarillo parecido a bilis. Me volví a dormir y al rato me levanté con ganas de vomitar de nuevo, lo mismo, líquido amarillo otra vez. Parece que algo acá no anda muy bien.