Firmar entendiendo y sin presión
Hay situaciones en las que una persona llega a la notaría acompañada.
Puede ser una persona mayor.
Puede necesitar apoyo.
Puede sentirse más segura junto a un familiar.
Eso no significa que otra persona deba decidir por ella.
Para firmar correctamente, importa que la persona:
exprese una voluntad propia;
y actúe sin una presión apreciable.
Un ejemplo fácil de imaginar
Un padre quiere dar un poder a su hija.
La hija puede acompañarlo, ayudarle con información o recordarle algunas cuestiones.
Pero la decisión sigue siendo del padre.
El notario debe escucharle directamente y comprobar que entiende qué facultades concede y que quiere hacerlo.
Ayudar es facilitar una decisión. No sustituirla.
La edad avanzada no equivale automáticamente a incapacidad.
La discapacidad tampoco significa que una persona no pueda decidir.
Del mismo modo, necesitar apoyo no supone perder la autonomía.
El notario no realiza una valoración médica. Observa la comprensión, la voluntad propia y la libertad dentro del acto que se va a firmar.
Si aparecen dudas, contradicciones o una presión apreciable, debe actuar con especial prudencia.
Cada situación personal es distinta. No puede resolverse mediante reglas automáticas.