La aguja
Abel contra Luzbel. La aguja es espada, la mandó Dios. Primero, en la silla de Abel, después en las alas de Orestes, bajó por la garganta de Irene, pinchó el estómago de Chejuán ,justo en el arroz con leche; para parar en los dedos de Beatriz, la flechita de la niña del Pucará, guerrera, Elisa, 2 almas bobas, quizá 3, 4; una banda completa. Salvar a puro oensamiento, dar razones para existir.
El anuncio también fue divino, ahí en San Salvador, donde empezaron a revolotear las primeras bestias de 6 patas y las serpientes hostigaron al pueblo. Pero de la superstición del pueblo llegó la salvación. Un príncipe flojito, con matamoscas en mano, que no entregó la luna pero bastó para bajarle un pedacito de cielo.











