Luego, deviene una mujer que camina por la playa; como si la playa se dibujara sola y la mujer apareciera de repente de la nada con esos pasos livianos de viento y con esos ojos marinos de vastedad y refugio. Pequeño caracol del tiempo. Se presenta sin saludar, sin preámbulos, solo es una mujer caminando por la playa como caminaría una mujer exactamente por la playa. Por la playa camina una mujer con el paso definitivo con que caminaría resueltamente, intocablemente, parsimoniosamente, una mujer que quisiera caminar por la playa; y camina sabiendo que únicamente ella está en esa playa. Nada de artificios ni nada de cosméticos.
La mujer camina como si estuviera suspendida en el aire, pero por supuesto nadie camina en el aire, solamente parece que camina en el aire vista desde cierta perspectiva. Vista desde los riscos ella parece un ángel flotando por la playa. Camina apenas dejando un rastro de huellas que se ven desde lo alto de un risco como un lenguaje inteligible pero simétrico. Un leve aire le levanta el vestido rojo de una pieza que parece moverse como una bandera invicta, inclaudicable, atrevida; que marcha dulcemente abriendo un sendero trasparente en el aire. La mujer camina casi tocando la franja humedad de la playa, va descalza, el pelo recogido contra el viento, se levanta en vaivenes. El rumor del mar apenas un rumor. Desde lejos la blancura de la mujer avanza convertida en una silueta esbelta que parece luchar contra el aire. Y que va disminuyendo mientras aumenta la profundidad de la desierta playa.
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Extracto del cuento "La Playa"