elisa victoria, vozdevieja
“el problema está dentro de mí. la mayor parte del tiempo la dedico a disimular con todas mis fuerzas, a fingir que lo que nos rodea no me extraña hasta la médula. es difícil confiar en los demás porque a ellos no parece costarles tanto interpretar su papel y eso me inquieta. ni siquiera diría que están actuando, es como si para ellos la vida fuese algo natural y para mí algo forzado”
“estoy otra vez en el barrio de ladrillo rojizo, acaban de recogerme. ojalá me dejaran tener un pintalabios del color de estas fachadas”
“si aprendí a leer tan rápido fue de pura impaciencia porque no podía esperar a enterarme de todo lo que había en las viñetas”
“en clase toca plástica y nos sumimos en esa bonita paz que generan ciertas manualidades agradables de realizar. apenas hablamos hasta las dos. colorear, recortar, pegar, ver cómo queda, pintarle un marco, cubrirlo de bolitas, sacarse la mierda de las uñas”
“por el camino he sido un poco impertinente y ahora me pesa el silencio. a veces soy muy dura con los chistes sin gracia de mi madre, con sus torpes intentos de acercamiento. luego si se enfada y se caga en mis muertos me vengo abajo”
“si cambio todo el tiempo, ¿cómo voy a saber quién soy?”
“la iglesia está oscura y fresca. la luz es muy anaranjada. a través de las cristaleras se filtra un tórrido atardecer. hoy he venido a estrenar, además de la ropa curso, una cara de poker totalmente renovada”
“en el hilo mental se me cuelan muchos agujeros negros, fruto del arrepentimiento por haber sido un poco impertinente hoy. debería tener más paciencia con las cosas que detesto”
“soy bastante miedosa y las películas oscuras me perturban, pero lo cierto es que por mucha luz que haya ya me ocupo yo de encontrar oscuridad en el resquicio más insospechado”
“estoy muy salida, pero soy una cobarde. en mi cabeza el equilibrio funciona perfectamente. la realidad es distinta”
“hay momentos que se olvidan y otros que se recuerdan. esa distinción me inquieta. nunca sé lo que va a permanecer. aunque no estoy muy conforme con la idea de haber nacido, albergo bastante aprecio hacia la conciencia de existir, el tiempo oscuro de la primera infancia resulta aterrador”
“nos levantamos a las nueve y en el comedor el desayuno es espectacular. medias noches rellenas, yogures, melón con jamón. nunca antes había visto melón con jamón y no lo he querido probar, pero me ha hecho ilusión que estuviera ahí”
“tengo que leer. no he hecho otra cosa que mirar las páginas del libro que me regalaron, pensar guarradas con la vista perdida en las letras”
“imagino a mi madre eligiendo este libro, sabiendo que yo también podría enamorarme de una piedra si me hablara dulcemente”
“ojalá cuando sea mayor resulte tan fácil ponerse de acuerdo con alguien para follar”
“con el libro estoy un poco enfadada. lo terminé como a las cuatro de la madrugada y toda la satisfacción de la labor cumplida quedó ahogada en una pena inesperada, como si acabara de perder un montón de amigos de golpe, como si hubiera sido abandonada por un gran amor. ni siquiera me apetece ver la portada. solo quiero mirar la tele y mojar patatas en huevo sin pensar en nada”
“que saque las mejores notas de la clase solo significa que soy la más intoxicada, la que más ganas tiene de prenderle fuego al edificio”
“la estabilidad está en los placeres sencillos. los básicos no fallan. una fuente de filetes empanados, un helado de limón, una muñeca bien peinada, que alguien te enseñe sus estampitas repetidas y encontrar en mitad del fajo una que a ti te falta. esas cosas me las tomo tan en serio porque son las únicas que no me quitarían si todo se fuese a la mierda. ¿cómo de mal tendría que irme como para no poder comerme un polo de limón de vez en cuando?”
“es consciente de las cosas que pasan, pero se concentra plenamente en el presente, en la alegría básica de seguir existiendo”
“las horas se arrastran a lo largo de nuestras tibias actividades. coger jazmines. ver cómo se abren. olerlos. regar las plantas. hacer croquetas. dibujar. coser. cambiar a las muñecas de ropa. peinarlas. pintarles heridas para curarlas después. ver la tele. escuchar la radio. ir al supermercado. saludar al carnicero. hablar por teléfono. pasar lentamente las páginas de las revistas de patrones de hace veinte y treinta años que mi abuela guarda en un mueble. señalar con una equis todos los vestidos de niña que me gustaría tener sabiendo que apenas me queda tiempo para llevarlos”









