kathy helleher, la terrible historia de las cosas bellas
"hace años, cuando iba a terapia por una depresión crónica, la doctora me planteó una pregunta sencilla. acababa de expresar —por enésima vez, seguramente— mi relación ambigua con la supervivencia. no tenía un especial interés en vivir, y ella lo sabía. pero morir tampoco me interesaba demasiado, así que evitamos la cuestión del suicidio y nos centramos en mi temor existencial general, mi casi incesante estado de decepción con el universo. en esa sesión en concreto, mi terapeuta no muy buena finalmente me hizo una pregunta de peso. «¿qué te hace levantarte de la cama si estás tan harta de todo?» es posible que se expresara con más tacto, pero así es como lo recuerdo. después de pensarlo un momento, le dije algo que nos sorprendió a ambas: «la belleza—respondí—. me levanto por la mañana porque espero ver o sostener entre las manos algo que sea bello». la doctora juntó las yemas de los dedos y soltó un «hum». «qué curioso», dijo. ¿lo era? quizá si. pero con los años he terminado entendiendo lo importante que es la belleza para mi vida y las vidas de quienes me rodean. la esperanza de encontrarla me hace levantarme de la cama todas las mañanas en lugar de pudrirme bajo las sábanas hasta que me salgan llagas en la espalda. el deseo de belleza me hace seguir yendo al trabajo para ganarme un sueldo que me permita comprar billetes de avión a sitios bonitos, comprar cosas bonitas y apoyar a gente que hace cosas bonitas. el deseo de compartir la belleza me anima a escribir, crear y relacionarme con los demás. la belleza y la depresión son dos puntos cardinales en mi vida. la belleza da luz a la oscuridad; me da esperanza e imprime una dirección en mis afanes. pero en la belleza no todo es luminoso. la belleza también es oscura. la belleza es fea. a lo largo de mi búsqueda de la belleza, nunca he encontrado un objeto que no estuviera mancillado por la corrupción de la avaricia humana o ensuciado por la descomposición química que trae consigo el paso del tiempo. no hay cosas puras en este mundo: todo lo que vive causa daño; todo lo que existe se degrada. sin embargo, somos muchos los que sentimos la atracción de estas cosas bellas y depravadas. queremos poseer y acariciar las mismas cosas que nos dan miedo."
"pensaba que las experiencias estéticas, tanto las positivas como las negativas, eran más fundamentales de lo que nuestra cultura parecía dispuesta a reconocer, que la belleza y la fealdad estaban profundamente entrelazadas, y que nuestras experiencias sensoriales sufrían un lento proceso de erosión y degradación, al ser sustituidas por la realidad virtual y unas representaciones digitales esterilizadas."
"al investigar sobre esos objetos, me percaté del cuidado que habíamos puesto en correr un velo sobre los crímenes del pasado, el esmero con el que habíamos escondido las pruebas de nuestra fealdad detrás de bellas fachadas y la celeridad con la que olvidamos el dolor de los demás si ello nos permite acumular más placer. descubrí con asco mi propia autocomplacencia y la maestría con la que había justificado el dolor que estaba causando con mi estilo de vida. empecé a darme cuenta de hasta qué punto me había dejado lavar el cerebro por años de propaganda consumista, por esos incesantes mensajes que me impelían a comprar más cosas, a ser más guapa, a gastar más dinero. entendí finalmente que mi deseo por los bienes de consumo era una expresión patológica. aunque el deseo pueda hacerte sentir bien y conectarte con la vida como ocurre con el sexo, también puede hacerse sentir fatal, ser un recordatorio continuo de tus carencias. de no ser satisfecha, esta ansia puede hacerte anhelar un final, cualquier final."
"sin duda, la vida no se limita a lo estético. aun así, estoy convencida de que la belleza es una parte necesaria de la vida, algo que nos emociona e inspira. desear la belleza no es un impulso frívolo. la experiencia estética puede inspirar asombro. puede traer paz. un encuentro con un objeto hermoso puede cambiar tu forma de pensar, de moverte por el mundo. puede reforzar la sensación de estar conectado con la materia infinitamente enmarañada del universo y puede ayudarnos a volver a nuestros cuerpos, creando un ancla amarrada al momento presente. aunque estoy convencida de que tenemos el imperativo moral de cambiar nuestra forma de consumir y experimentar los objetos en el siglo xxi, lo cierto es que no creo que amar la belleza y desear estar más cerca de ella nos convierta en personas malvadas o débiles."
"quería encontrar el perfume que me definiera, crearme un estilo icónico, convertirme en un objeto de deseo que los demás pudieran considerar hermoso. quería lo que los medios de comunicación me decían que debía querer."
"por fortuna para mi cuenta bancaria, esos meses tranquilos que pasé aislada con mi familia más cercana, leyendo e investigando, cambiaron mi relación con el mundo natural de una forma más radical incluso que el modo en que afectaron a mis deseos consumistas. he dejado de tratar mis paseos diarios como una obligación y ahora los encaro con esperanza. quizá en esta caminata por la costa veré la tierna cabecita de una foca meciéndose sobre las olas. quizá en este paseo por el campo veré el instante en que una mariposa monarca bate sus brillantes alas naranjas. quizá una excursión al marjal me dejará rebosante de felicidad. pequeñas orquídeas rosas, mechones blancos de hierba algodonera, el deslumbrante carmsí de un páramo de mirtilos... todos estos paisajes habituales pueden dejarme paralizada, liberarme de mis espirales de ansiedad y regalarme un breve destello de asombro y gratitud."
"también a mí me atrae la idea romántica de ver en los objetos bellos una posibilidad de revelación. vivo esperando esos momentos en los que la belleza me arranca de mi cerebro ansioso."
"y sin embargo no nos queda más remedio que volver siempre a poner los pies en el suelo. esos momentos de euforia que nos brinda la vida no son sostenibles; tampoco son lo único que hace que la vida valga la pena vivirla. este libro, como mi vida, va mucho más allá de comprar objetos bellos. también trata sobre buscarlos, compartirlos, liberarlos y a veces rechazarlos. trata sobre vivir en un mundo que es, a un tiempo, inmensamente precioso y en ocasiones tan triste que resulta casi insoportable. trata sobre reconocer que el deseo, una parte fundamental de la belleza, siempre existirá. con la belleza, nunca tengo bastante (lo que significa, por supuesto, que en realidad ya tengo bastante). «no solo buscamos su satisfacción [del deseo], sino también de seguir deseando —escribe sartwell en los seis nombres de la belleza—desear es sentir intensamente la vida dentro de uno mismo».
"me gusta mirarme en el espejo. no me gusta verme en vídeos, ni oír mi voz en una grabación, ni ver mi cara en una fotografía. puede parecer contradictorio, pero no creo que lo sea. no me interesa demasiado lo que puede capturar una cámara, aunque no discuto el valor de conservar recuerdos de tiempos pasados y de las fotos de autor bien hechas. en lo que respecta a mirarme a mí misma, sencillamente prefiero ver mi cara en tiempo real e invertida. me he acostumbrado a la superficie lisa y brillante de los espejos. es ahí donde habita mi rostro más fiel, donde me veo más guapa, más expuesta, más yo misma. es ahí donde soy capaz de bajar la guardia, sola en el cuarto de baño, y es ahí donde puedo ensayar la máscara que me pongo para los demás."
"estos espejos me producen un placer complejo. con la sencilla admiración infantil por el brillo y los destellos se mezclan remolinos de frustración (por mi aspecto y mi incapacidad de asumir mis defectos) y de pena (por las horas que he perdido despreciándome y echándome cosas en cara). y, sin embargo, hay alegría en el ver la luz moverse y titilar sobre una superficie plateada, tan parecida al agua, tan parecida a los océanos. es algo sencillo, la belleza de la reverberación y la refracción. la luz quizá sea el primer componente de la belleza. a los pocos días de vida, antes de que podamos apreciar los colores, ya podemos ver la luz."
"sin embargo, preferimos imaginarnos a narciso contemplando su rostro arrebatador durante horas, consumiéndose (o ahogándose, según la fuente mitológica), porque ese amor por sí mismo es merecedor de castigo. es un relato con moraleja, que nos precave contra la vanidad y la belleza. también lo es sobre la fuerza del reflejo, y no dejamos de contarlo porque siempre nos ha interpelado. amamos los espejos, pero al mismo tiempo detestamos reconocerlo. a todos nos ha atraído nuestro reflejo. todos nos hemos fascinado con la imagen de nosotros mismos, capturada en plata, en agua o en cristal. la imagen que damos tiene importancia, lo queramos o no: nuestro aspecto afecta a nuestras perspectivas laborales y amorosas, y contribuye a nuestra calidad de vida (es un fenómeno que a veces recibe el nombre de «capital erótico»). los cuerpos humanos son diferentes, como lo es también la valoración que hacemos de ellos, y la amarga verdad es que se otorga más valor a aquellos que encajan con la definición reinante de belleza en una determinada cultura. hay fuerza e instinto de supervivencia en el vernos tal y como nos ve el mundo. quizá a ello se deba que los espejos se hayan relacionado con la magia desde hace tanto tiempo. si te permiten ver algo que en condiciones normales no puedes ver —a ti mismo—, entonces tal vez puedan permitirte ver otras cosas que escapan a tu visión. espíritus, quizá, o fantasmas, o es posible que incluso visiones del futuro. las distintas culturas del mundo han elaborado sus mitologías en torno a las superficies reflectantes de forma independiente."
"aunque tengo noticia desde hace mucho acerca del poder destructivo de nuestras armas, no comprendía plenamente el grado de control que hemos sido capaces de ejercer sobre las cosas materiales de nuestro planeta. durante demasiado tiempo, conservé una veneración infantil por los cristales, las joyas y las rocas bonitas de toda clase. en cierta medida, pensaba que eran prueba de la existencia de un mundo que estaba más allá de nuestro alcane. ahora lo sé. podemos reventar la tierra en busca de piedras preciosas en un laboratorio, podemos fabricar diamantes a partir de cenizas, podemos bombardear unas humildes rocas marrones con radiación hasta hacerlas refulgir con tonos violetas y azules. hecho esto, podemos crear un sistema de valores que privilegia unas piedras por encima de otras, al margen de su rareza, su uso, sus atractivos intrínsecos. tenemos un poder inmenso sobre estas cosas duras y brillantes. sin nuestros laboratorios, sin nuestros hornos, cinceles y sierras, casi ninguna brillaría."
"el deseo tiene estas cosas: se impone al sentido común. a veces a fuerza de voluntad y pensamiento analítico, podemos imprimir una nueva forma a nuestros deseos de manera consciente, pero no siempre es así. a veces, es como si mi pasión por las cosas bellas me escindiera en múltiples personalidades distintas. está la persona que desea con temeridad, la que anhela de forma hedonista todo lo que brilla, todo lo que reluce, toda la luz del mundo, la que quiere acaparar, robar y poseer. también está aquella que percibe las sombras y se obsesiona con ellas, medita, piensa, dura, desdora. hay una última versión de mí misma que aflora, a veces, en presencia de una gran belleza indiscutible. es una persona que solo quiere estar ahí, inmóvil y arrobada. decirte que tu sortija es bella y decirlo de verdad. disfrutar de esos breves destellos, con toda la sencillez y sinceridad del mundo. deleitarme y luego pasar página. esa es la mujer que intento ser."
"era una niña angustiada. a los ocho años, mis padres me llevaron a un terapeuta porque no había dormido más que unas horas en varios días. me quedaba despierta en la cama hasta las cinco de la madrugada, repasando posibles desastres. durante las horas de vigilia, no me daban miedo las cosas que asustaban a mis hermanos. nadaba hasta lo hondo, probaba el monopatín del vecino y comía bayas de las que no sabía nada. en cambio, de noche, el miedo me atenazaba. me daba miedo sufrir una intoxicación por monóxido de carbono. me daba miedo que me obligasen a ir a alguna parte y que no hubiera un lavabo. me daba miedo pensar que mis padres iban a morir. me daba miedo tener que leer en voz alta en clase o hablar frente a una multitud, con todas las miradas puestas en mí. me daban miedo el fracaso y la humillación, dos cosas que aún hoy me asustan, aunque ya no tanto."
"he aquí una lista incompleta de las cosas que recuerdo haber comprado en provincetown, massachusetts: un cuchillo fucsia con reflejos irisados y una hoja de ocho centímetros; una bolsa de cuentas de cristal violetas; un par de gafas de sol baratas con la montura en forma de corazón; un espejo decorativo en forma de concha; mi primera caja de tampones a los doce años; varias cajas de dulces de leche y dos bolsas de caracolas beis, marfil y rosa. algunas eran espirales y redondeadas, grandes caracoles luna; otras eran unos conos lechosos que se iluminaban con todos rosados al trasluz del sol."
"según la crítica cultural elaine scarry, la belleza «parece incitar, e incluso exigir, un acto de repetición». en su breve ensayo filosófico on beauty and being just, de 1999, scarry sostiene con optimismo que la belleza inspira la bondad entre los seres humanos como consecuencia de su fuerza cautivadora y generadora. la belleza, escribe, nos hace salir de nuestros pequeños desvelos y nos inspira un deseo «incesante» de reiteración, reproducción e imitación. según scarry, las flores nos hacen desear dibujar, los pájaros nos hacen desear mirar y maravillarnos, y las estrellas de hollywood nos hacen desear el sexo y engendrar descendencia. pese a que existen muchos tipos de objetos bellos en el mundo, la autora cree en la existencia de ciertas cualidades compartidas, «una de las cuales es el impulso hacia la procreación. s imposible —escribe—concebir algo bello que no posea esta cualidad». las conchas, que duda cabe, cumplen este requisito. se copian y remezclan sin cesar y a todas las escalas. desde los grandes templos (la gran mezquita de samarra en irak tiene un inarete espiral de 52 metros de altura) hasta detalles diminutos de adorno corporal (la manicura artística con motivos inspirados en sirenas es un género con derecho propio), las conchas solo claudican ante las flores en lo que a omnipresencia se refiere."
"el hecho de que esas criaturas amorfas se fabriquen unos hogares esculturales tan especiales es verdaderamente maravilloso y sigue escapando a nuestra comprensión. algún día quizá entendamos todos los mecanismos y motivos que llevan a un caracol de mar a crear una concha espiral de complejo diseño que nunca podrá ver con sus propios ojos. de momento, debemos conformarnos con teorías. los científicos creen que los caracoles crean rayas y puntos de vivos colores en sus caparazones como un recurso memorístico, una forma de transmitir sus vicisitudes a su yo futuro, semejante a cómo empleo yo el calendario de mi ordenador. pero hay muchas otras especies de moluscos que tienen vidas sumamente misteriosas, muy distintas a las nuestras. seguimos descubriendo nuevas especies —algunas prosperan en los lugares menos acogedores del planeta, otras las habíamos dado por extinguidas— y esos hallazgos no hacen más que plantear nuevas preguntas, nuevas sendas para la investigación científica. con razón no soy capaz de engullir un bocado de ternera, pero luego me zampo una ostra viva de un bocado. mi imaginación puede proyectar mis emociones en un becerro de ojos marrones; con una ostra, ni siquiera puedo concebir cómo percibe el mundo y, mucho menos, cómo se siente."
"aunque el exterior del caparazón de un molusco a menudo parece escamoso, quebradizo o calcáreo al tacto, su interior suele ser duro, liso y bien pulido. mis caparazones favoritos son los que cambian de color como los ópalos, virando con la luz. esas maravillas iridiscentes existen porque algunos moluscos pueden secretar una mezcla muy ajustada de carbonato de calcio y aplicarla en finas capas, creando una matriz orgánica que es protectora y, sin quererlo, bella. algunos moluscos, como la oreja de mar y los mejillones, revisten de nácar el interior de sus caparazones, mientras que otros lo emplean para envolver un cuerpo extraño. cuando una pequeña partícula de alimento, un poquito de cieno o un grano de arena se aloja en el interior del caparazón, el molusco empieza a recubrir lentamente esa molestia con capas sucesivas de nácar. a veces, ello ocurre como consecuencia de la intervención humana. así es cómo creamos las perlas: introducimos irritantes dentro de los órganos reproductores de los moluscos y esperamos a que el animal reaccione a la violación, convirtiendo el dolor que siente en objetos que pueden comprarse y venderse, lucirse, cambiar de manos y volver a lucirse. estos caparazones dan fe de que la belleza puede surgir del barro, como ocurre con la flor de loto. y las feas criaturas que los habitan tienen una textura muy parecida a la de nuestras secreciones asquerosas y contaminantes, lo que no es óbice, sin embargo, para que esos bichos hayan evoluciona hasta adquirir una compleja vida propia. los moluscos pueden crearte una perla perfecta o construirse un palacio espiral. poca gente dirá que estos moluscos constructores de caparazones son bonitos, pero todos estamos familiarizados con las líneas y formas de su arquitectura, el increíble atractivo de su brillo. sabemos que incluso un trocito de concha de ostra puede brillar con un tono dorado cremoso, que el azul y el verde danzan sobre la superficie de als caracolas de oreja de mar como la aurora boreal, que los bucinos pueden titilar de rosa desde los recovecos de su caparazón. si vives cerca de una gran masa de agua, este es el tipo de información que absorbes pasivamente de niño. ves una manchita de color o atisbas un reflejo y lo coges del suelo, lo sostienes y te maravillas. «durante siglos, muchas mentes excepcionales han contemplado las elegantes esculturas y diseños de las conchas y se han preguntado qué podía regir su construcción», escribe la naturalista helen scales en spirals of time: the secret life and curious afterlife of seashells. con razón, identifica la espiral como una forma que ha inspirado grandes avances en matemáticas, biología y estética. según scales, los filósofos imaginaron hace tiempo que comprender la curva de una caracola no solo contribuiría a nuestro conocimiento zoológico general, «sino que además podría permitirnos vislumbrar los orígenes de la propia belleza». la autora ve en el caparazón un símbolo de ese ideal abstracto, de ese lugar en el que el asombro, el deseo y el amor se dan la mano."
"aunque comprar y coleccionar pueden a veces recordarnos a formas de reproducción, no tienen nada que ver con crear. se trata, sin duda, de una reacción ante la belleza: como admiras algo, adquieres una copia para llevártela a casa; como te gusta algo, lo coges del suelo y te lo llevas a casa."
"siempre he deseado encarnar la belleza. creo que casi todos lo queremos en algún momento de nuestra vida. y, como la mayoría de la gente que aspira a la belleza, he pagado un precio por ello. he permitido que me haga daño y he sido una parte activa de ese daño. es un problema personal, pero también social."
"esto es lo que ocurre cuando te echas unas gotas de una infusión de atropa belladonna en la superficie de la córnea: primero, sientes un poco de frío. de hecho, la sensación es muy parecida a la de cualquier colirio, un fluido frío, húmedo, viscoso. sin embargo, la cara comienza a cambiarte sutilmente. los músculos que controlan los iris de tus ojos empiezan a moverse. el iris se retira y el vacío de la pupila se hace más grande, más visible. la luz inunda la retina. en ese instante, es posible que empieces a ver borroso. si te excedes con la dosis cabe la posibilidad de que lleguen los síntomas de la intoxicación por solanina, que puede ser letal. la sustancia te pone (según una vieja regla mnemotécnica para estudiantes de medicina) «caliente como una liebre, ciego como un murciélago, seco como un hueso, rojo como una remolacha, rabioso como una hormiga». es decir, el cuerpo se te calienta, ves borroso, no podrás sudar, llorar u orinar, la sangre hará que se te suban los colores y empezarás a sentir que deliras. a diferencia de muchas otras sustancias que adornan los tocadores, la belladona no permanece en la superficie de tu cuerpo. no recubre tus imperfecciones como el colorete o una crema, tampoco da color a tus facciones, como el pintalabios o el kohl. lo que hace es provocar una reacción del organismo, una reacción que ocurre con relativa frecuencia durante la vida cotidiana, pero que, sin embargo, no sabemos controlar de forma consciente. las pupilas se dilatan cuando estamos excitados, ya sea que nos invada el miedo o el deseo, y también cuando entramos en un cuarto a oscuras. la belladona te pone unos ojos de «vente a la cama», literalmente. son ojos para mirarlos, no para ver. ves peor, pero tus ojos se ven mejor."
"me puse en contacto con tolentino años después de que su artículo apareciese en el new yorker para peguntarle si todavía sentía la presencia de ese espectro de las redes sociales, esa imagen bonita pero siniestra que, cirugía o filtros mediante, podría ser suya y lucir en el mundo. por email, me dijo que tenía sentimientos encontrados. todavía se tiñe el pelo y se aplica un corrector. es consciente de que su aspecto probablemente la haya ayudado en lugar de perjudicarla (un fenómeno que suele recibir el nombre de «privilegio de la belleza»). sin embargo, me dijo que últimamente se preocupaba menos por el problema del atractivo físico. la cara, aunque siga siendo un fenómeno en las redes sociales, ya no puede hacerle daño. ha pasado a otros temas y ha redirigido esa energía a nuevos sitios. «a tientas, he intentado encontrar una forma agradable de cuidar de mi presencia física que se asemeje a cómo cuidaría de mi jardín o del salón de mi casa (y los celebraría e incluso adornaría de vez en cuando—dice—. la diferencia entre cuidar y mejorar, mantener y optimizar, me resulta existencialmente extrema.» antaño asidua de las redes sociales, se ha esforzado en rechazar «los factores relacionados con el capitalismo de la vigilancia que han constituido la cara de instagram», unos factores, coincidimos ambas, que no han hecho más que empeorar. tolentino concluye: «no puedo sentir nada a través de una pantalla, realmente, y la verdad es que, a través de una pantalla, ya no puedo sentir la belleza. además, en la vida real hay tantísimas cosas que son jodidamente hermosas... sobre todo porque están ahí, justo delante de tus narices, vivas»."
"no paraba de pensar en lo que iba a decirle a mi madre, en cómo iba a poder darle la vuelta a lo ocurrido y presentarlo como un cuento que la hiciera feliz. no era una egocéntrica total. sabía que ella estaba triste y que tenía sus propios problemas, aunque muchos de esos problemas también los sufría yo. mi padre se había largado para casarse con una mujer más joven, el padre de mi madre había muerto justo un año antes, y todos estábamos destrozados por el suicidio de mi primo adolescente. estábamos tristes y no tenía arreglo, pero aun así me empeñaba en estar más feliz, por mi madre. sabía lo importantes que eran mis decisiones para ella. había entendido que era su vicaria, su avatar, su eco. por ella, intentaba ser más alegre, más luminosa, más amable de lo que era en realidad. intentaba mostrarme agradecida por todas las cosas que me compraba e intentaba ahorrarle parte de mi tristeza personal."
"dejé de amar la iglesia católica, pero nunca dejé de apreciar la belleza de sus rituales y sus formas. aún hoy me descubro rezando de vez en cuando. aún hoy, se me corta la respiración cuando veo un rosetón, la aguja de una catedral, una vela titilante en un candelero de cristal rubí, encendida en memoria de una persona a la que se amó y perdió. aunque ya no puedo ser leal a la iglesia católica en cuanto que institución, la estética de la religión de mi infancia ha quedado grabada a fuego en mi corazón y no tengo ningún interés en restañar esa herida."
"para quienes veneran la blancura y el brillo, para quienes sueñan con paisajes sepultados por la nieve, muros limpios de toda mancha, manteles, cuberterías de plata y el tintineo de copas de cristal, la porcelana es un material milagroso. es el refinamiento hecho realidad."
"comparto el parecer de herman melville cuando escribe que la blancura tiene un sesgo nihilista, una «vacuidad —muda y a la vez plena de significado— (...) un ateísmo de todos los colores (...) que nos estremece». creo que el blanco puede ser aterrador; es el color de los huesos al sol, del frío que corta la respiración y del «vacío, las despiadadas inmensidades del universo», porque la blancura «nos apuñala por la espalda con el pensamiento de la nada» (según melville)."
"cuando estoy hundida, a menudo me siento ajena a la experiencia de la belleza pese a seguir anhelándola profundamente. me falta la energía necesaria para ir en pos de vistas, sonidos, olores o sabores bellos, aunque los necesite para volver a ser yo misma. el buscador de perlas vino a mí; así fue como sentí."
"no entendería el marco completo de la obra hasta que pasó un tiempo. el escultor, akers, oriundo de maine y formado en varias ciudades de italia, quiso mostrar la tragedia que golpea a los jóvenes cuando se les envía a ganarse la vida y se les recompensa por los riesgos físicos que toman. miembro del movimiento romántico, akers quiso esculpir un ideal, una «bella muerte» como la que yo había interiorizado también durante mi depresión. creó una imagen cargada de poesía y, por desgracia, de varias capas de ironía. esta bellísima obra maestra en mármol muestra una tragedia repentina, no la realidad prosaica de los cuerpos que penan bajo la bota del capitalismo. casi nunca es un desastre imprevisto lo que se abate sobre el trabajador, una inmersión demasiado profunda, el golpe de una máquina, una dosis de toxina. el quebranto suele acumularse con el tiempo, año tras año. somos tantos los que nos rompemos y envejecemos prematuramente por el trabajo. el propio akers también lo sufrió. murió joven, a los treinta y cinco años, de tuberculosis, una enfermedad que por lo general empeora si te sometes a una exposición prolongada a partículas de sílice, como las que contiene el polvo de mármol."
"creo que todo el mundo merece vivir en un entorno saludable, seguro y bello. creo que todos queremos casas que nos recojan, que sintamos personales y cálidas. por más horas que trabaje, o por más libros que escriba, es muy improbable que algún día reúna el dinero necesario para comprar una casa como las que visito por trabajo. en este mundo, el deseo de tener un hogar hermoso es muy difícil de digerir porque es plenamente comprensible y al mismo tiempo queda dolorosamente lejos de nuestro alcance. en mi caso, no tiene ningún sentido anhelar un gran diamante porque, aunque me lo regalaran, querría convertirlo inmediatamente en dinero contante y sonante. vendería la piedra e invertiría el dinero en pagar mis gastos, hacer la compra, pagar la guardería de mi hija, permitirme un poco de tiempo libre. ¿pero una casa de ensueño? una casa de ensueño es para vivirla. no se trata de ser su dueño o tenerla como inversión. idealmente, no es para alardear de ella. es para ir a dormir, despertarse, dar de comer a tus hijos, amar a tu pareja. es el sitio del que cuidas y que te cuida. es donde lloras la muerte de un ser querido, donde te recuperas, donde creces. esta es una de las múltiples paradojas derivadas de amar la belleza bajo el capitalismo. quiero que nuestras bellezas sean compartidas, que sean asequibles para todos. pero también quiero tener bellezas para mi consumo íntimo. ciertos marxistas dirían que es un deseo razonable: tenemos casas para todos, suficiente dinero para todos, suficiente comida para todos, suficiente belleza para todos. deberíamos vivir todos con ciertos lujos porque abundan y hay que compartirlos. sin embargo, como es obvio, el mundo no funciona así."
"de momento, trato de encontrar el asombro y el glamur en otros sitios. el año pasado, estuve más tiempo en cementerios que nunca antes, tanto como forma de expresar el dolor por la pérdida de un ser querido como por el deseo de evadirme. lo que más me gusta es ir a la costa y plantarme en los peñascos de granito que contienen el embate del atlántico, viendo caer la nieve sobre las olas blancas. cuando no puedo ir al océano, siempre me quedan el río, los cementerios, incluso la finca maderera que hay al final de la carretera de mi casa. dondequiera que vaya, encuentro motas de cuarzo, sílice y mica, espejos diminutos que me lanzan destellos de luz. erosionadas por el océano o talladas a mano, semienterradas o colocadas sobre un plinto, estas piedras siempre me dicen lo mismo: que mis días están contados, que toda la belleza que encuentro se apagará, degradará, romperá y mancillará, y que no tiene sentido pedir lo que nunca voy a tener. eso vale tanto para los objetos como para cosas más intangibles, como la permanencia, la estabilidad y la garantía de conservar la buena salud. el tiempo descansa sobre la superficie, en el lúdico centellear de cada instante. es inconcebiblemente largo e insondablemente profundo. frente a ese extraño y oscuro telón de fondo, la belleza perdura. no siempre vivo la vida con una intensidad ardiente, pero en esos instantes, cuando recuerdo mi muerte y, lo que es más importante, la increíble fortuna de seguir con vida, entonces, cuando miro el mar y pienso en las olas que rompen en la costa, cuando me siento plenamente dentro de mi cuerpo y no deseo nada más que este aire salobre y este mundo recio, entonces, cuando ya no quiero nada, y no me falta nada, cuando amo el mundo tal y como es, por sí mismo, entonces sí lo hago."
"quiero que nuestra cultura cambie, que acoja más expresiones de belleza, que se aparte del materialismo vacío del pasado y se dirija a una forma más sostenible de vida. quiero inspirarte a salir de casa y disfrutar del encanto del mundo sin caer en formas que estén comprometidas por el intercambio comercial. dar un paseo por tu barrio y maravillarte con los pájaros, aprender los nombres de las nubes, visitar una escultura pública y admirar su forma, sentarte en el banco de un parque y observar los tulipanes. gran parte de mis mejores recuerdos tuvieron lugar en espacios compartidos: bibliotecas, cementerios, museos, playas, templos, catedrales y jardines. todavía hay muchas cosas que me gustaría hacer pero que no he podido permitirme (viajar a londres figura en la lista), pero, por lo general, sé encontrar la belleza cerca de casa. y creo que todos podemos hacerlo. hubo momentos en que, durante la investigación y la redacción de este libro, me sentí abrumada por el dolor y el sufrimiento de algunas de las historias. hubo momentos en los que sentí envidia o dolor, en los que me vi juzgada y despreciable; hubo momentos en los que mi deseo se agrió. hubo un día en el que me sentí desesperada y desesperanzada, enferma de deseo. pero centrarse en la belleza y hacerlo de forma tan estrecha, ha tenido un efecto positivo en mí que no esperaba. en lugar de ahogarme en la belleza, he aprendido a nadar en ella. he descubierto la manera de acceder a formas íntimas de valorarla que antes me eran desconocidas. he terminado viendo que poseer cosas bonitas es solo una de las formas, más bien limitada, de acceder a la experiencia de contemplar la belleza. es una forma válida, y en un futuro inmediato no voy a renunciar a mis joyas, mi ropa, mis obras de arte o mi costumbre de cortar flores. pero también he descubierto una sintonía más profunda con la belleza, me siento más capaz de crear en mí misma la experiencia de asombro que esta provoca. se me da mucho mejor detectar los detalles exquisitos, minúsculos, y saborear los colores complicados y turbios. he aprendido por mi cuenta a identificar los pájaros y distinguir los que tienen plumas iridiscentes, a disfrutar del aroma de un clavel envuelto en celofán, y a deleitarme con la experiencia de sorber de una taza mellada de porcelana. reclama atención, agradecimiento e imaginación a partes iguales. este cambio ha sido sutil en gran medida. reconozco geometrías en la naturaleza, veo la simetría en composiciones sencillas de objetos, aprecio los aromas que despide una fruta que se pudre, y tantas otras cosas parecidas. pero a veces no se trata tanto de retocar mi paladar estético, sino de dar un giro de ciento ochenta grados. empecé a escribir sobre las perlas en 2017. entonces no me gustaban. no tenía perlas, no las quería, no le veía el sentido. eran demasiado ostentosas para mi gusto. pero entonces aprendí cómo se forma el nácar dentro de los moluscos, cómo actúa la luz sobre la superficie de carbonato de calcio, y me enteré de que hubo un tiempo en el que la gente creía que las perlas eran las lágrimas del mar, las secreciones de unas diosas. de pronto, cada concha reluciente que encontraba en la playa rocosa de maine me parecía un trocito del amanecer. en verano de 2020, fui a menudo a la playa y, mientras mi marido hacía surf, yo me sentaba con el bebé, mirando las conchas. me obsesioné con el malva bañado por el mar, con las vetas de añil, el interior rosado de las caracolas, el sencillo amarillo cremoso de la madreperla. quería quedarme todas esas conchas, pero lejos del mar perdían algo de su encanto. el momento de belleza había pasado."
"la sensación de carencia puede proceder de muchos sitios: si lo bello es una persona, tal vez nos abrume esa sensación de pérdida cuando no estamos con ella. si lo bello es una obra de arte, tal vez sintamos tristeza al saber que no la poseemos o que no la creamos nosotros. en el caso de las flores, creo que ello obedece a su falta de permanencia. las flores están destinadas a morir, de la primera a la última, y se marchitan y apagan mucho más deprisa que las personas. pueden ser un buen recordatorio de nuestra propia mortalidad, lo que explicaría todos esos óleos maravillosos de pétalos mustios y frutos en descomposición que cuelgan de los museos y galerías más visitados del mundo. esos bodegones dedicados a la vanidad buscaban que el espectador alejara su mirada de la decadencia del mundo físico para inspirarle a una contemplación espiritual, pero en mí tienen justo el efecto contrario. me han convertido en una amante de los ramos de flores moribundas, de los tulipanes marchitos, de las tristes peonías, de las rosas que agachan la cabeza. no han hecho más que redoblar mi deseo de aferrarme a este mundo, incluso mientras lo observo marchitarse y morir."
"incluso ahora hay momentos en los que me planteo la muerte y anhelo, solo un poco, el final de mi vida. ya no ocurre tan a menudo como antes, por fortuna. aunque imagino que siempre albergaré algunos deseos autodestructivos, me esfuerzo en aceptar lo que me ha tocado en suerte. como el nenúfar amarillo, mi vida no ha resultado como esperaba. se me antoja torpe y deforme. me da miedo pensar que es pequeña y vulgar. y sin embargo continúa, y yo sigo adelante. porque siempre habrá una iridiscencia minúscula que pueda atisbar en la arena, un fulgor de cuarzo que pueda recoger del lecho de un río, una rosa de pantano en flor que perfume el aire, un nuevo cuadro, una nueva canción, un rostro que admirar. siempre habrá estrellas más bellas que los diamantes, nubes más suaves que la seda, y siempre tendré el juego de la luz sobre el agua, titilante, captando mi atención y enviándola hacia el exterior y hacia lo alto."
















