Su madre había estado llamando durante los últimos días como si recién se hubiese recibido de obstetra y tuviese que monitorear y opinar en cada aspecto del embarazo de Camila. Estaba un poco fastidiada, casi harta, y trataba de mantenerse al margen y mantener su celular apagado tanto como la vida se lo permitiera. Lo nuevo no era su estado, lo nuevo era aquel carácter que para nada correspondía al siempre tranquilo y divertido de la castaña. Ahora, envuelta en mantas y viendo una película después de un día largo, no podía contener sus quejas “Que no son las hormonas, Nate” se quejó casi en medio del llanto. Sí, eran las hormonas, no había otra explicación para que llorara a mitad de una comedia y tampoco para que peleara con su madre por aquellas cosas tontas “Te digo que el perrito ahora se quedó sin casa, ¿Cómo es que eso no es solo triste?” preguntó dramática señalando la televisión y luego al castaño como si no existiera más explicación. ( w. @viveetvivant )






