La guerra está a punto de estallar. Todas las aldeas ninja están reunidas con un solo propósito.
Kakashi está listo para entregar su vida por su gente.
Hasta que apareces tú.
Era una noche fría. El viento soplaba con suficiente fuerza como para que se escuchara desde adentro de la habitación que te habían asignado.
Mirabas por la ventana contemplando la noche oscura, el viento soplando entre los peñascos.
Guerra.
Inevitablemente había llegado ese momento. Y pesaba en tu pecho una angustia que no habías sentido jamás. La incertidumbre ante un futuro que amenzaba desgarrador.
Tantos ninja escuchando el discurso de su líder, tú haciéndolos sentir entusiasmados, dándoles fuerza y ánimos y voluntad para enfrentar algo tan inhumano. ¿Cuántas vidas se apagarían después de ese día? qué rostros no podrías volver a ver nunca.
Sakura
Naruto
Iruka
Shikamaru
Choji
Lee
Gai
Genma
Los nombres de todos aquellos con quienes habías compartido anécdotas y risas... los rostros de todos a quienes habías querido...
Y su rostro... su cabello blanco despeinado. su cara casi completamente cubierta. Sus manos con los guantes. Su voz profunda.
Cuando se despidió de ti hace tantos años nunca imaginaste que lo volverías a ver y menos bajo estas circunstancias. Pero por alguna razón esta vez, la idea de no volverlo a ver cargaba un dolor distinto. una desesperación sin tregua. Una amenaza.
Igual que muchos años atrás sentiste otra vez la presencia de su chakra.
Abriste la ventana. -En vez de estarme espiando mejor entra- dijiste. No sabías si habías desarrollado tu poder lo suficiente como para poder percibir su chakra incluso si lo ocultaba o si simplemente ni siquiera había intentado hacerlo.
Te diste la vuelta y hurgaste en tu maleta.
Entró por la ventana y te miró fijamente, con la misma actitud fría que recordabas. Sus manos en los bolsillos haciéndote saber que le importaba poco lo que pudiera suceder.
-No deberías quedarte aquí- cerró la ventana.
-El Kazekage me pidió que viniera- le respondiste sin voltearlo a ver. preparando tus cosas para dormir.
-Es peligroso.
-Una guerra? peligrosa? no me digas...
Sacaste tu pijama de la pequeña maleta que habías empacado y comenzaste a desvestirte. La tenue luz de la lámpara de mesa dibujó la silueta de tu vientre hasta tu pecho, estirado con el movimiento al sacarte la blusa por encima de la cabeza. Te sentaste sobre la cama de espaldas a él y te quitaste los pantalones.
La curva de tu cintura…
-YN, que haces?
-Me estoy cambiando, no es nada que no hayas visto antes.- Aún así Kakashi desvió la mirada, hubiera preferido no verlo. Tenía suficiente con verlo todas las noches antes de dormir o en momentos esporádicos durante el día o en los entrenamientos o en las misiones o en cualquier momento que bajara la guardia. Recordaba tu cuerpo con una claridad impresionante, con la maldición del sharingan. Y mentiría si hubiera dicho que no había usado esos recuerdos más de una vez para...
Así que mejor no dijo nada al respecto.
Caminaste hacia el baño. Al pasar junto a él, te detuvo del brazo.
-Muchas cosas están en riesgo, TN-
Se voltearon a ver fijamente.
el contacto de su piel...
que hace tanto tiempo no sentías...
La firmeza de sus manos.
Kakashi te miro suplicante.
-No deberías quedarte- repitió con la misma firmeza con la que te sujetaba. Tomaste su mano y la quitaste de tu brazo. Entraste al baño. Se dieron la espalda.
-Puedo cuidarme sola.
Por favor yn por favor vete!!! no puedo pelear si estoy preocupado por ti. Vete y ponte a salvo.
-Tengo que estar con el Daimyo así que no te preocupes, me iré en la mañana.
Cerró los ojos. El recuerdo de porqué te dejó aquella vez volvió en forma de un cuchillo que le rajaba desde la garganta hasta las vísceras.
No eras suya. Tu lugar no era con él. Tu esposo probablemente te esperaba quizá en su cama para gozar de tu sonrisa y del calor de tu piel. La imagen le revolvió el estómago quemando todas sus entrañas. Tragó el nudo que se estaba formando en su garganta y caminó a paso firme hacia la puerta, pero antes de que pudiera salir cruzaste la habitación para alcanzarlo y lo tomaste de la mano.
-¡Por favor no mueras!- le rogaste. Apretaste su mano con fuerza -Por favor no mueras Kakashi por favor- estabas haciendo lo que podías para no romper en llanto pero aún así tu voz sonaba entrecortada. Volteó a verte, -Por favor prométeme- no pudiste aguantar más las lágrimas -Prométeme que no vas a morir,- apretaste los ojos tratando de contener las lagrimas que escapaban sin tu permiso y apartaste la mirada, respiraste para calmarte -Por favor Kakashi prometeme,- Él apretó tu mano también y volteó su cuerpo hacia ti. Respiró profundamente y apretó los labios. Tenía miedo. No había tenido miedo hasta que te vió entrar a la sala de juntas. Todo su cuerpo tembló de pavor al saber que estabas ahí. En donde se auguraba una muerte segura. Después de tanto tiempo de no verte.
Te miró. Te tenía en frente. En verdad estabas ahí, pidiendo por su vida. Dio un paso para acercarse a ti. Puso su mano suavemente en tu cabeza y la acerco a su pecho.
-Kakashi- hundiste tu cabeza en su cuerpo para sentirlo más cerca. No había forma de controlar el miedo y la tristeza que te daba saber que esta podía ser la ultima vez que estuviera frente a ti. Si tuvieras la autoridad, lo llevarías muy lejos, a donde nadie pudiera hacerle daño ni ponerlo en riesgo nunca más. A donde pudiera estar contigo todas las noches y todas las mañanas, a donde el deber de ninja no lo persiguiera.
Si tuvieras la autoridad pararías esta estupidez.
Te conocía muy bien. Sí lo estabas considerando. Quedarte a proteger a todos. A encontrar otra manera. Sí estabas pensando esconderte y asegurarte de que todos estuvieran bien. Y Kakashi lo sabía, por eso había venido a vigilarte. A vigilar que cumplieras con las ordenes. A asegurarse de que te mantuvieras con vida.
Deslizó sus dedos entre tu cabello tratando de reconfortarte, o de reconfortarse a él. Acariciando tu pelo. -Te ha crecido mucho-
-¿Eh?- un sonido de desconcierto.
-El pelo. Se te ve bonito- dijo con la mirada perdida en la nada.
Sonreíste mientras llorabas.
No podía prometerte que no moriría. Eso no estaba en sus manos. Trataría de no morir, pero no iba a hacer una promesa que probablemente no podría cumplir.
Levantaste la mirada. Sus ojos se fijaron en los tuyos mientras sus dedos jugaban tiernamente con tu cabello. -Prométeme que te pondrás a salvo- te pidió, -Prométeme que no intentarás nada que te ponga en peligro.
-Kakashi-,
-Prometemelo!- fue una orden pero estaba impregnada de algo más. Te tomó de la mejilla para que lo miraras a los ojos.
La tibieza de su cuerpo se sentía tan bien. Lo habías extrañado tanto... Limpio una de tus lagrimas con su pulgar mientras te miraba sin saber que hacer o que decir. Él también te había extrañado tanto. Y quería tenerte cerca, moría por abrazarte, por sentir tu piel, tus labios, tus piernas...
-Tu esposo debe estar preocupado- soltó tu mejilla y te dió la espalda. Tenía que salir de ahí, tenía que alejarse de ti...
-Kakashi,- quisiste decir, pero la verdad se quedó enredada entre tus lagrimas. Qué sentido tenía decirle la verdad ahora? Ahora que todo estaba por ponerse peor, ahora que ya no había más remedio? Pasara lo que pasara ustedes no tendrían oportunidad de estar juntos. Tal vez era mejor dejarlo ir. Para qué decirle? con que objeto hacerle saber que no eras de nadie más que suya y que podía tomarte justo ahora si quisiera sin faltar a nada ni a nadie.
Te sentaste en la cama y volteaste a ver tus manos. Con esas manos podrías haber construido imperios de haberlo querido, podrías haber controlado el mundo, hacerlo como a ti te diera la gana, podrías al menos intentar detener esta guerra, salvar a todos tus seres amados, a tus niños, a tus amigos... O al menos eso te gustaba creer, que podías si quisieras, y entonces por qué no?...
Porque no era verdad. Porque no estaba en ti, porque habías visto que esta guerra forjaría la paz entre naciones y no era tu lugar intervenir. Y una vez más la sensación de rabia e impotencia te dominó por completo. Una vez más te dabas cuenta de que tu existencia era absurda y contradictoria. Un poder heredado de los dioses. Limitado por tu propia humanidad. Para qué? Para que!!?? PARA QUE??!!!
Kakashi se sentó juntó a ti. No soportaba verte llorar. Te tomó de la cabeza, la acerco a él y se apoyó sobre ti en un tierno abrazo. Una palabra tuya hubiera bastado para que él decidiera acabar con el Daimyo. Si tu se lo hubieras pedido, si le hubieras dicho que eras infeliz o que te había hecho daño hubiera ido en ese mismo instante a destruir a ese pendejo. Estaban al borde de la guerra de todos modos y en las guerras siempre hay daños colaterales. Su mirada se perdió en la nada de nuevo imaginando la escena. Liberándote. Tomándote entre sus brazos y huyendo de ahí a algún lugar donde los dos pudieran ser felices, vivir tranquilos, estar juntos. Por una fracción de segundo esa idea no le pareció tan descabellada y su corazón se llenó de ilusión. Pero lo habían entrenado bien. De nuevo la angustia de lo que estaba por suceder se apoderó de él y esta vez solo se concentró en tu aroma.
Algo como a miel y tocino... tal vez cebolla
El esbozo de una sonrisa se dibujó en la comisura de su boca al recordar la descripción que Pakkun había dado de ti hace tantos años.
Te acercaste más a él. Apoyaste tu mano sobre su pierna y su otra mano entrelazó los dedos con los tuyos. Los minutos pasaban y ninguno tenía el valor de cortar el momento ni de decir nada más. Sus vidas no se sentían suyas y sus voluntades tampoco. Sus acciones no estaban donde estaba el corazón sino donde estaba el deber. Su pulgar acariciaba el dorso de tu mano, tu mano acariciaba su pierna. Su otra mano acariciaba tu cabello y tu otra mano sentía el corazón palpitar en su pecho. Poco a poco y sin darse cuenta se dejaron caer sobre la cama, abrazándose. Las caricias de tu cabello bajaron paulatinamente hasta tu cuello y después hacia tu espalda. Tus labios a la altura de su cuello presionaban besos discretos que anhelaban ser algo más. Sus cuerpos se fueron acercando y las caricias dejaron de ser discretas para llenarse de hambre. Desplazó su cuerpo sobre el tuyo, abriste las piernas para sentirlo cerca, muy cerca, imaginarlo dentro. Tus manos recorrían su espalda como si tu vida dependiera de ello. Kakashi encontró tus labios entre jadeos y después de dudarlo un instante se bajó la máscara y te besó. No fue un beso suave, fue un beso cargado de rabia, de dolor contenido de años, fue un beso deseoso, agresivo, mientras tu cadera danzaba hacia él frotandose, reclamandole su ausencia todos estos años.
-Dejame sentirte- le dijiste al fin. Kakashi te miró fijamente a los ojos, esos ojos que amaba tanto brillaban con el deseo de una fiera, no era una mirada humana y sin embargo la conocía bien. Gotas de sudor deslizaban por su frente, su respiración era agitada y en su mirada podías ver que él se sentía igual que tú. No había mentiras en sus ojos ni la necesidad de ocultar nada. Te deseaba tanto como tú a él, te había extrañado tanto como tú a él. Deslizó su mano por tu costado hasta llegar a tu pierna, empujó tu rodilla hacia tu pecho para abrirse espacio y retomó el movimiento. Frotándose contra ti.
-Kakashi por favor!-
-¿Qué, princesa?- y al llamarte así sonrió. Eras una princesa, eras la princesa de alguien más y era él el que estaba entre tus piernas haciéndote rogar.
-¡Por favor!-
-Dime que quieres-
-Quitate la ropa-
Volvió a sonreír. -Tus deseos son órdenes.-
Tu cara de asombro y de placer al verlo borró todas las dudas que había tenido hace un momento sobre tomarte o no. Qué importaban los trámites sociales, o los nombres o los títulos. Tu corazón era suyo, lo sabía. Y si esta era la última noche que tenía para darte, te tomaría entera. Se quitó los guantes y te tomó de las manos empujándolas contra la cama a la altura de tu cabeza.
Era bellísimo. te robaba el aliento. Sus labios recorrieron tu cuello hasta llegar a tu pecho, trazando con su lengua líneas entre tus lunares, una de sus manos bajo a tus nalgas y te apretó de nuevo contra el. Con tu mano libre desataste su pantalón. Pero su mano te detuvo. Volvieron a mirarse. Tú no querias dedicarle un solo segundo a pensar en algo que no fuera él pero podías ver en sus ojos que él todavía guardaba dudas. Atrapaste sus labios en los tuyos antes de que el tuviera más tiempo para pensar. Terminó de quitarse el pantalón, lo aventó al pisó, te quitó la pijama y tomó entre sus dientes sus pezones. Dejaste escapar un gemido desde lo más profundo de tus entrañas y Kakashi te tapó la boca pero te regaló una sonrisa complacida. Tomó de nuevo tus muslos para abrir bien tus piernas, aventó tu ropa interior al piso y besó desde tus rodillas hasta tus ingles. Su lengua se deslizo entre tus piernas acariciando ese punto que lo ansiaba tanto. Aunque te recordara con claridad ningún recuerdo podía superar el beber directamente de ti. Tocarte, besarte, olerte. Estaba hambriento y sediento y deseoso. Tu tratabas de contener los gemidos pero tu respiración se volvía cada vez más pesada y el deseo cada vez más grande. Deslizó uno de sus dedos entre tus piernas y luego otro. Estabas empapada.
-¡Kakashi por favor!- volviste a rogar.
-¿Qué?
-¡Te quiero adentro por favor!
-Estoy adentro- dijo mientras deslizaba sus dedos más rapido y más profundo.
-¡Tu pene por favor!
Kakashi nunca antes había oído a alguien susurrar a gritos pero agradeció tu esfuerzo por no despertar a todo el pasillo. Aunque a este punto no le hubiera molestado que todos se enteraran que antes de ser del rey fuiste suya y aun siendo del rey seguías siendo suya.
Terminó de desvestirse en un elegante movimiento y pegó su pecho desnudo a tu cuerpo.
-Como usted ordene, alteza.- Entró suave, como queriendo saborear cada centímetro. -Estas empapada.-
-Te extrañé- murmuraste, jalandolo hacia ti. Querías sentirlo hasta adentro. Tan profundo como llegara. Y llegaba profundo, muy profundo. Aceleró el ritmo. Tus jadeos se volvían cada vez más fuertes y por instinto Kakashi te tapó la boca. Lamiste la palma de su mano. Volteó los ojos en un gesto de placer y aceleró aún más el ritmo metiendo sus dedos en tu boca. Comenzaste a chuparlo solo la punta yendo cada vez más allá hasta que la punta de sus dedos tocaran tu garganta una y otra vez.
Kakashi empezó a gemir. Sacó sus dedos de tu boca y te besó -Si sigues haciendo eso me voy a venir.-
-Adentro.
-Qué?
-Quiero que te vengas adentro.
Al escucharte decir eso ya no pensó en nada más. No le importó nada más. Su ritmo se volvió cada vez más rápido y su respiración más entrecortada. La metió con fuerza una, dos, tres, cuatro veces más y sentiste su miembro pulsar dentro de ti haciéndote también llegar al climax. Lo abrazaste con tus piernas y tus brazos mientras terminaban. Sus labios se enredaban unos con otros y tus dedos se entrelazaban en su pelo. Dejó caer todo su peso sobre ti en una última exhalación. Había olvidado lo bien que se sentía que acariciaras su pelo. De entre todas las cosas que recordaba con perfecta claridad, había olvidado cómo se sentían tus dedos entre su cabello. Kakashi inhaló profundo tu aroma y por primera vez en años se sintió en casa. No iba a volver a dejarte ir. No iba a volver a dejarte ir. Se imaginó las mañanas juntos desayunando en tu casa, caminando de la mano, ríendote con sus amigos. Se imaginó una niña que tuviera tu pelo y tu risa. Te imaginó vestida de novia caminando al altar… pero al fondo no estaba él. Estaba el rey, un rostro desconocido para él.
Kakashi hubiera querido… Tal vez no era tan tarde. Tal vez aún podían escapar. Dejar todo atrás.
No. él no era así. Nunca abandonaría a sus amigos. Pelearía con ellos hasta el final aunque le costara la vida. Ojalá le costara la vida. Así no tendría que lidiar con tu ausencia. Y tal vez… si los dioses eran buenos tal vez después de hoy, después de ahora dejaría una parte de él siempre contigo. Acarició tu vientre. Fue un gesto tan sutil que tú ni te diste cuenta. Mientras no tuviera el cabello blanco no habría problema, tendrías que darle hijos al rey pronto. Nadie tendría por qué enterarse.
No. Tenía que dejar de pensar así. Nada de eso era una solución, nada de eso cambiaría nada. Kakashi se dió la vuelta hacia la orilla de la cama poniendo toda la distancia posible y se sentó dandote la espalda.
-Que pasa?
-Eres una princesa.
-Y que con eso?
Se hizo el silencio. Tenías ganas de gritarle que se dejara de tonterías. Los dos querían, no habría otra oportunidad como esta. Daban igual los rangos sociales, el deber, el futuro.
-Lo lamento.
-Kakashi?-
-Yo quería todo contigo. Hubiese querido darte todo.
Te acercaste a él para mirarlo de frente tomando su cara entre tus manos.
-Te he extrañado tanto- dijiste respirándolo muy de cerca. -Te he extrañado tanto.
El tomó tus muñecas entre sus manos -Te hace feliz?-
Lo miraste desconcertada -Estar casada, te hace feliz?-
Tomaste un momento para responder. por alguna razón te estaba costando trabajo decir la verdad.
-No estoy casada, Kakashi.- Ahora fue él quien te miró con desconcierto. -Logré convencerlos de que no era necesario el matrimonio.-
¿Qué razón había entonces para no estar juntos?
-Por que- No terminó la frase porque no sabia qué quería preguntar.
Por que no me buscaste? por que no te casaste, porque no estamos juntos...
-Porque no queria casarme así. Lo sabes.
Se quedó sin palabras. Sentía un sin fin de cosas revolverse en su estomago y en su corazon pero nada de eso importaba, no había más futuro que las horas que les esperaban antes del amanecer. Después de eso...? si es que había un después...
Entonces no moriría. Lucharía hasta el final de su fuerza. Hasta el final de su vida y encontraría la forma de volver. De volver a ti, de volver a esto...













