La última llamada con su tía lo había dejado de mal humor; los socios de su padre se empeñaban en hablar con Nathaniel para llegar a un acuerdo, ¿no había dejado a su tía a cargo del negocio familiar para eso? Ella estaba capacitada para tomar las decisiones del lugar, el inglés no poseía ni el más mínimo interés de arreglarles los problemas a los empleados de su progenitor. Colgó de manera violenta, arrojando el celular al suelo. Después se compraría otro, pensó. Los recuerdos del inglés lo atacaron de manera repentina, comenzó a ver a sus padres en manos de los terroristas; un disparo, el grito de su madre, y después dos cuerpos tirados en el suelo. Volvió nuevamente a la realidad, dispuesto a hacer a un lado el mal rato que su mente le había jugado. No podía albergarse en el alcohol, ya era muy tarde para ir en busca de una bebida qué fuera capaz de desconectarlo del mundo real por un par de horas. Salió de su fraternidad en busca de aire fresco, con toda la intención de perderse en los terrenos de la universidad por un par de horas. Pasaron unos treinta minutos, Nathaniel se encontraba sentado en una banca, fumando un cigarro en plena luz de luna. Unas pisadas lograron robarle su atención, e inmediatamente arrojó su cigarro al suelo para sacar otro. “Los insectos no hacen tanto ruido, ¿cierto?” Dijo a viva voz, esperando qué ese sonido no hubiera sido producto de su imaginación.