“cierro los ojos y sólo puedo ver el cuerpo.”
Las palabras del menor generan un escalofrío que recorre toda su anatomía. Pareciera no ser capaz de mirarle a la cara durante varios segundos, a sabiendas de que si nota lo abatido que el otro podría estar con facilidad podría derrumbarse también. Y es que aún cuando era algo totalmente fuera de sus manos, no puede evitar sino sentir que en cierto modo ha fallado al no haber estado en ese preciso momento al lado del menor; Wolfgang es, después de todo, su única preocupación. La confesión le seca la garganta y le produce náuseas, pero sabe que debe mantenerse firme, por ende es faceta que deja en segundo plano. Toma una de las manos del menor entre la suya, antes de hablar, “ ¿la conocías? ” / @wlfgvng













