A Zed le hacía muchísima gracia cuando Mackenzie se ponía de aquel modo. Era ella quien siempre comenzaba con los juegos, pero acababa perdiendo rotundamente contra él. Estaba acostumbrado a jugar y ella no. Negó repetidas veces, dejándola en visto tan solo para molestarla un poco más, y continuó caminando en dirección a la casa Gamma. No se preocupó en llamar a la puerta; trepó por las enredaderas hasta llegar al tejadillo y se coló por la ventana de la habitación de su novia, la cual se encargaba de comprobar que siempre dejara entreabierta. Sin esperar un segundo se encaminó hacia el baño del dormitorio y abrió la puerta sin llamar. ---Que celosa eres, bebé---. Fue su saludo, cerrando la puerta y cruzándose de brazos, apoyándose contra la madera. ( @mmackindelan )









