El tiempo
Hay días en los que crees encontrarte ante una situación similar a otra del pasado. Sientes que estás viviendo algo una y otra vez, como sin poder escapar. Pasa un tiempo, tomas decisiones distintas, vives tu vida de otra manera y te crees volviendo al punto inicial. Entonces, te vienen a la mente frases típicas como “la Historia se repite”, “cerrar el círculo” y “empezar de nuevo”. Lo cierto es que no, no creo en la teoría del círculo, no soy partidario ni defensor de la misma.
Vivimos en el planeta Tierra, el cual gira alrededor del sol, completando un ciclo en lo que denominamos año. Y de esta suposición partimos para crear el tiempo, y fraccionamos ese supuesto ciclo en valores más asequibles y maleables que nos permitan utilizarlos en momentos concretos a nuestro antojo: meses, semanas, días, horas, minutos, segundos… Lo cierto es que ese ciclo jamás se completa. El sol también orbita alrededor del cuásar de la galaxia, y ésta en torno a otro centro aún más lejano, desconocido, y así sucesivamente. Con lo que el movimiento de La Tierra no sería ni una circunferencia, ni una elipse, ni nada que se le parezca o que aparente armonía o estabilidad de ningún tipo. Más bien, es algo caótico. Si hubiera que ponerle forma a ese desplazamiento, se asemejaría a una espiral o a un vórtice que se va alejando cada vez más del centro, puesto que el universo está en expansión. Por ello, creo que el tiempo es el gran invento del ser humano, no existe. Es un intento de comprender y atrapar la realidad que nos rodea, pero no sirve más que para encadenarnos. ¿Qué hora es? ¿A qué hora llega el autobús? ¿Cuánto tiempo queda para entregar el examen, profesor?
Es probable que alguien se cuestione ¿cómo puede decir este tipo que el tiempo no existe? Un segundo es un segundo, aquí y en cualquier otro punto del planeta, lo miden los relojes, está al alcance de tu mano saber qué hora es a cada instante. Me parece lógico este planteamiento pero, probablemente lo sea aún más el que les propongo a continuación. Si un segundo es un segundo, veinte segundos serán veinte segundos y serán igual de largos o cortos que cualesquiera otros veinte segundos. Sin embargo ¿qué veinte segundos son más largos, los que se nos escapan mientras tiene lugar un terremoto, o los que pasan durante la despedida del ser amado en la estación de tren, conforme vemos su mirada alejarse a través de la ventana? Veinte segundos pueden serlo de verdad, pero su valor depende del estado en que nos encontremos; y, si su valor o la percepción del mismo, no es constante ¿cómo podemos afirmar que ese fenómeno ocurre a ciencia cierta, cómo podemos asegurar su contabilidad? El tiempo, de existir, no sería más que el padre de la excusa. Propongo cambiar expresiones como “no tengo tiempo para hacer esto” por “no tengo la suficiente motivación o las ganas para hacerlo”. Estos constructos deberían apelar a una conciencia más real de lo que es la vida y alejarse del infortunio que rodea a la excusa. La creencia en el tiempo nos convierte en adelantados o en atrasados, nos hace llegar temprano o tarde a los sitios. Por todo ello, aprendamos a disfrutar de lo que tenemos entre manos mientras dure. Vivamos el presente, que no es más que la mandíbula del pasado, desmenuzando al futuro. Seamos valientes. No existe mayor valentía que enfrentarse al miedo, pero la una no puede existir sin el otro. Por tanto, el tiempo existe en tanto existamos nosotros, y si el tiempo no existe…
XdR









