Había sido engañada. Terriblemente engañada. ¿Por qué no siguió aquella lección de vida 'nunca aceptes comida de hombres tragando fuego'? Ahora se arrepentía. Y bastante. Sentía su lengua arder, y su garganta también, ¿quién le colocaba tanta salsa picante a una galleta? De entrada, ¿quién siquiera arruinaba una galleta así? Sentía el conflicto de sabores; dulce y ácido, provocando que diera saltos en su lugar, queriendo eliminar la molestia tan pronto como fuera posible, pero sin éxito alguno.
@xfcavalicr


















