Have a happy birthday before our world crashes down.
El verano era la estación más desagradable de todas. Demasiado calor, sudor, gente desagradable por todos lados; incluso ahí, en su pequeño mundo que se reducía a esa bodega, a ciertas horas del día resultaba incómodo. Cuando menos, ante la ausencia de Misaki podía acaparar por completo el abanico y no limitarse a la regla de un minuto.
El helado en la nevera resultaba de lo más tentador pero…
Podía hacer una excepción por ese día y esperar por a que llegara el mayor.
¡Ah! Ahora si era realmente el mayor de ambos, aunque sólo fuera por unos cuantos meses.
Cuando sintió que estaba a punto de desfallecer por el calor la puerta se abrió finalmente. Se había tardado demasiado, quizás en efecto tendría que haberlo acompañado hasta la tienda, pero el maldito calor.
Además si hubiera ido con él, no habría podido conseguir eso.
Eso que resultaba ridículo y más digno de un niño pero seguramente por eso le gustaría al otro.
—Llegas tarde. Cero puntos —Bajó de su cama con pereza, saltando los dos últimos escalones, extrañamente se sentía con energía, no mucha, pero bueno… él se entendía.
Caminó hasta la nevera y sacó el pastel helado que comprara durante la ausencia del pelirrojo. Dejándolo al centro del kotatsu que ahora servía como una mesa más. Hacía demasiado calor para un pastel normal.
—Misaki, feliz cumpleaños —Nunca había sido tan sincero en una felicitación. Mentira, nunca había dado una felicitación.