LA VIDA ADULTA APESTA
Cuando te da nostalgia por los años en el rol y solo llegas a esta conclusión.
No title available
art blog(derogatory)

Janaina Medeiros
will byers stan first human second
PUT YOUR BEARD IN MY MOUTH
Xuebing Du
TVSTRANGERTHINGS

@theartofmadeline
tumblr dot com

Origami Around
todays bird
h

No title available
YOU ARE THE REASON

shark vs the universe

ellievsbear
Mike Driver
No title available

JBB: An Artblog!
Monterey Bay Aquarium

seen from Italy
seen from Spain
seen from United States
seen from United States

seen from Singapore

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from Morocco
seen from Mexico

seen from Germany

seen from Türkiye
seen from United States
seen from Belgium
seen from United States
seen from Türkiye

seen from United States

seen from United Kingdom
seen from United States
@winged-bunnies
LA VIDA ADULTA APESTA
Cuando te da nostalgia por los años en el rol y solo llegas a esta conclusión.
The time has come and I need money ;;
So, to keep everything under control -for me- if you want to commission me~~~~ please email me to [email protected] the next information:
Your name or nick:
Characters you want in the draw:
Anime/manga they appear:
It’s an au? Fanfic? Please give me the details of the context they are.
Do you want they in a certain position?
And that’s it, I think????
Ohhhh, and da rules~~~ I only draw soft nsfw, I’m not that confident with explicit sex scenes. For everything else, I’m really open mind.
Please share this post, that would help me a lot ❤️ thank youuuu
"Let's go to the gas station and get tequila!" (Para quienes prefieras)
( @winged-bunnies )
— ¡Ssssíii, tequilaaa!—porque, claro, con sólo el vodka no era suficiente. Menos mal que esa noche tenía la casa para ellos solos, porque sino haría ya rato que tendría la suela de la zapatilla de su madre marcada en la cara.
Ya iba a correr escaleras arriba para ir en busca de sus botas cuando la única neurona funcional que tenía en aquel momento funcionó, dejándole clavado en el suelo (balanceándose ligeramente, pero ese era otro tema).
— No, no, no, ¡espera! Creo… creo que tengo tequila. ¡Vamos a la cocina!—vociferó lo último, levantando la mano de golpe para señalar la puerta teatralmente— Vayamos en su busca y démosle una lección.
xyggdrasil:
Pues no, no lo pillaba, y es que no se estaba quiero. A decir verdad, él mismo también se movía, era capaz de notar cómo se balanceaba suavemente de lado a lado mientras Tweek seguía descojonándose de… ¿de él? Menudo cabrón.
Ah, pero más cabrón le pareció con ese ataque tan gratuito. Quién fue a hablar… Sin duda el más marica de los dos era Tweek. ¿Por qué? Pues porque era rubio. Todos los rubios parecían maricas. Sino, sólo hacía falta fijarse en McCormick.
— Al menos n-no tengo pintass de marica. —cómo no, hizo su típica seña. Le había ofendido el orgullo, ¿vale? Vaya novio más mierda tenía— Me he enfadado. —
El alcohol, mezclado con la seguridad que le brindaba el moreno, logró que, lejos de amedrentarse por su comentario y gesto; todo lo contrario, su risa se volvió más potente ignorando el inminente peligro de hacer enojar a Craig, incluso cuando el otro lo dejó bastante claro.
¡¿Qué claro?! Era completamente explícito al respecto.
--¡Craig!... --Alzó el volumen a mitad del nombre ajeno, haciendo lo posible por no partirse de risa al percatarse de lo ridícula que sonaba su propia voz--. No te enojes, Craaaaaig, ¿o qué? ¿Quieres un beso, dude?
Definitivamente tenía que estar bastante ebrio como para burlarse tan descaradamente del otro
"Let's go to the gas station and get tequila!" (Para quienes prefieras)
( @winged-bunnies )
— ¡Ssssíii, tequilaaa!—porque, claro, con sólo el vodka no era suficiente. Menos mal que esa noche tenía la casa para ellos solos, porque sino haría ya rato que tendría la suela de la zapatilla de su madre marcada en la cara.
Ya iba a correr escaleras arriba para ir en busca de sus botas cuando la única neurona funcional que tenía en aquel momento funcionó, dejándole clavado en el suelo (balanceándose ligeramente, pero ese era otro tema).
— No, no, no, ¡espera! Creo… creo que tengo tequila. ¡Vamos a la cocina!—vociferó lo último, levantando la mano de golpe para señalar la puerta teatralmente— Vayamos en su busca y démosle una lección.
xtrichotillomania:
Rió con ganas por la cara de Tweek, incluso palmeándose el muslo y sujetándose el estómago con la otra mano. Había sido buena idea eso de aprovechar la noche a solas para beber.
— ¡Vaya jeta has puesto! ¡P-parecía que estuvieras bebiendo vinagre! —le arrebató la botella, y su cara tampoco es que fuera muy normal— Fuah, es que está fuerte el cabrón. —ahora entendía por qué su padre lo tenía escondido.
Dejó la botella encima de la mesa (no sin un poco de dificultad, porque empezaba a subírsele a la cabeza) y se dejó caer contra el sillón. A él también le daba vueltas todo; incluso cerrando los ojos le daba la sensación de estar en una barca en pleno mar.
— …Coño, hay dos Tweeks. Hehe. —o hasta tres cuando su vista se desenfocaba más. Alzó la mano intentando pellizcarle la nariz, pero no conseguía alcanzar al verdadero rubio— Ay, que te pillo~ —
Con el ceño fruncido a causa del esfuerzo por seguir los dedos de Craig, terminando sólo por soltar una carcajada y tirarse de espaldas sobre el sofá, quedando lo más lejos del otro mientras intentaba controlar su risa que no tardó en causarle dolor de estómago.
Tuvo que hacer un esfuerzo monumental por recuperar algo de aire y poder hablar de nuevo, no sin un par de hipidos de por medio que no pudo decir si era de frío, causa de la risa, o simplemente por el tremendo par de tragos que había pegado a la botella.
No, seguro era el frío.
–Ay… joder, tío… ¡Qué marica has sonado! –En ese momento ni consideró como el alcohol había logrado hacerlo soltar semejante comentario al moreno.
@xyggdrasil
kintsuxkuroi:
Presa de todo el placer que le embargaba, había dejado caer su cabeza sobre el hombro del más alto en lo que aquella fuerte sensación se iba disipando poco a poco. Lo peor de todo, fue que se sintió pleno cuando el calor de la esencia ajena llenó su interior, reconociendo entre su poca consciencia el hecho de que era un omega y necesitaba sentirse así de nuevo, y que esa necesidad ganaría por siempre a su cordura.
—No… —Susurró por lo bajo cuando Dazai dejó su interior, mas no pudo hacer otra cosa que aferrarse a él mientras caían lentamente apoyado casi por completo contra la muralla.
El kimono se derramaba por sobre el tatami y caía por sobre uno de sus hombros, siendo un poco incómodo el moverse cuando se apoyó sobre sus rodillas y con ambas manos empujó al de cabellos castaños desde el pecho, sentándose a horcajadas sobre él en el proceso.
—Más… lo necesito…
La visión que tenía de Chuuya resultaba mucho más atrayente con aquellas pintas: el cuello y mejillas enrojecidos por el calor, la ropa resbalando; pero sobre todo con esa petición que sonaba más a una orden gracias a la postura que adoptaba sobre él, déjandolo a su capricho.
Y aunque parecía que Chuuya era quien pretendía comenzar de nuevo; sonriente llevó las manos hasta las caderas ajenas por debajo del kimono, por un instante consideró deshacerse de la prenda, pero la visión del pelirrojo resultaba más tentadora de esa forma. Subió un poco más las manos hasta apoyar una de ellas en su espalda para acariciarla antes de obligarlo a recostarse sobre él, logrando que sus intimidades se frotaran con la tela de por medio.
--Mírate nada más... --Buscó acariciar con fuerza sus nalgas, dejando que sus dedos comenzaran a delinear su entrada, no tardó en empujar sin consideración dos de ellos en el húmedo y caliente interior--. Suplicando descaradamente... ¿no acabo de follarte? ¿qué dirían si se enteran? Chuuya actuando como una gata en celo --Con violencia introdujo sin contratiempo un tercer dedo--. Bueno, eso eres ¿no?
Alzó las caderas para frotarse mejor contra Chuuya. Podía decir eso, pero al final lo deseaba tanto como el otro.
--Dilo, Chuuya. Di que necesitas que te folle de nuevo, que quieres tenerme adentro, que haga que te corras; dilo, Chuuya --Sin dilación mordió su lóbulo izquierdo
Bien, ya no estaba peleando como vieja; por el momento, pensaba el pelirrojo. Eso era un buen progreso para la tarde, que prometía tener una divertida cita entretenida. ¿Era una cita, realmente? Claro que lo era. Una cita de amigos, o algo por el estilo, suponía el más bajo que realmente no pensaba prestarle demasiada atención al tema.
— ¡Tal vez es ambas!—dijo entonces, ignorando los gustos de su sempai y la facilidad que tenía de encontrar gracioso su gran amigo Jesús— Como estas que son muy ridículas y divertidas pero horribles… ¿Sí sabes de qué hablo?—. Excelente, mantener una charla casual debía ser sin duda alguna una grandiosa forma de mantener la salida divertida y cómoda para ambos. No quería parecer como que estaba saliendo a ver pelis con el rey de los ogros.
Hasta Shrek se sentiría incómodo con tanto malhumor, de eso estaba seguro.
Frunció ligeramente el ceño intentando hacerse una idea del punto al que buscaba llegar el mayor, aunque sinceramente le costaba imaginarse una película que pudiera juntar ambos elementos. Quizás alguna de esas películas extranjeras, aunque no era como si eso ayudara mucho.
--S-sí --Al final no tenía la más mínima idea, pero no iba a demostrarlo--. Vayamos a ver esa entonces --Guardó silencio un segundo, haciendo un gran esfuerzo por preocuparse por el otro--. ¿No te da miedo?
xtrichotillomania:
No era alguien de muchos amigos… de hecho, ¿los tenía? Sí, se llevaba bien con algún vecino de su edad (incluso mayores que él), pero no sabía con seguridad si podía considerarles eso o simples conocidos. Lo mismo pasaba en el instituto… más o menos. Por eso mismo, aunque se tratara de Minami, se sentía nervioso; hacía tiempo que no organizaba una quedada con nadie, mucho menos en su casa.
Pero lo más importante, lo que más le preocupaba es que su musa encontrara por casualidad alguno de los muchos retratos que pintó, por eso mismo se pasó la mañana ordenando la habitación, asegurándose de no dejar nada incriminatorio a la vista.
Quiso entretenerse viendo la televisión en lo que llegaba, en un intento desesperado de distraer su mente y no morderse las uñas por los nervios. De una manera u otra, lo consiguió. Hasta que, por fin, el timbre sonó y Ryû literalmente pegó un bote del sofá. Sabía que se trataba de él, por eso mismo no se molestó en preguntar, abrió directamente con una sonrisa simpática.
— ¡Tranquilo, llegas a tiempo! —en verdad no lo sabía, pero es lo que se decía. Cogió la bolsa y se hizo a un lado, invitándole a pasar— Vaya, gracias. ¡Podemos merendar esto! Aunque mi madre ha llenado la despensa para esta tarde… —soltó una risita por lo exagerada que era la mujer a veces. Suponía que no era la única emocionada por la visita de un “amigo”.
--Con permiso --Susurró algo cohibido mientras seguía al otro, sonriendo apenas un poco por la sola idea de que alguien más también mostrara disposición por su visita.
Pero eso sólo le dejó con una duda flotando en la cabeza misma que no tardó en dejar escapar mientras se deshacía de los zapatos y se apresuraba por seguir a su amigo.
--¿No estará tu familia? ¿No hay problema que esté aquí, no les molesta a tus padres?
Sin duda aquello no tenía que resultar raro, de hecho, quizás era mejor para alguien como él que se angustiaba con tanta gente a su alrededor. Pero la costumbre de tener siempre la casa llena terminaba jugando en su contra.
@@xtrichotillomania
No era la primera vez que iba a casa de algún amigo. Sin embargo, considerando que a Sato lo conocía de hacía apenas unos meses la situación cambiaba drásticamente. No era lo mismo ir a una nueva casa con ocho años que con quince.
Pero ahí estaba, con su mochila colgando del brazo y en la otra mano, una pequeña caja con un postre, insistencia de su hermana para no llegar a una casa ajena con las manos vacías.
Cuando menos no le habían dado algo más grande.
Acomodó lo mejor que pudo las cosas para finalmente tocar el timbre, con lo que logró que el hueco de su estómago sólo se hiciera más grande de lo que ya lo sentía durante el camino hasta la casa del otro.
Sintió un respingo cuando la puerta finalmente se abrió, dejando ver a su anfitrión, aun así intentó mostrarse lo mejor que pudo.
--Ho-hola, espero no llegar antes de tiempo --Estiró la pequeña caja--. Mi hermana envía esto, es kasutera. Lo hizo ella.
xtrichotillomania:
Era consciente de que se estaban mirando el uno al otro en total silencio desde hacía unos segundos. Ninguno de los dos sabía qué decir o, más bien, si se debía añadir algo más. Para Ryû era refrescante saber que no era el único con poco encanto social o, simplemente, torpe al hablar con alguien que no fuera de su círculo de amistades. Aquella era su deducción de Minami tras ver su comportamiento en clase y el que adquiría cuando ésta acababa y se reunía con sus amigos de siempre (cosa que Satou, en el fondo, envidiaba; pero ese no era el tema).
Lo importante es que… al fin y al cabo, habían hablado. Después de semanas de empezar el curso, por fin cruzaron palabra. Puede que no de la manera que le hubiera gustado (¡todavía tenía el corazón a mil por el susto!), pero el caso es que habían roto aquella barrera. De hecho, los ojos del moreno se ensancharon ligeramente y brillaron con emoción, así como sus mejillas, al escuchar esa despedida.
“Hasta mañana”.
¡No era para nada exagerado! Esas eran unas palabras cordiales que nunca le había dirigido, al menos no de manera directa, no a él concretamente. Por algo se empezaba. Ryû mañana podría darle los buenos días de la manera más simpática posible sin que pareciera extraño o fuera de lugar. Quién sabe, quizá de aquí al fin de curso… Minami y él acabaran siendo amigos. Por fin tendría un amigo en esa escuela, en su misma clase, y se trataría ni más ni menos que de su musa de cabellos rubio ceniza y ojos café con leche.
Ya, vale, debía calmar su estúpida emoción… pero no pudo.
— ¡Claro, hasta mañana, Minami-kun! —dijo con una sonrisa y renovado humor debido a sus pensamientos. Aun cuando Yuuki estaba ya a punto de moverse para irse, Ryû acabó de cerrar la mochila y, mostrando su verdadero carácter risueño, le dedicó una última mueca simpática a su compañero y lo adelantó sin más, como un pequeño vendaval, corriendo como si llegara tarde a algún sitio.
Aunque, realmente, su prisa sólo se debía a que se moría de ganas por contarle a su hermano lo que acababa de ocurrir.
[The End]
"Let's go to the gas station and get tequila!" (Para quienes prefieras)
( @winged-bunnies )
— ¡Ssssíii, tequilaaa!—porque, claro, con sólo el vodka no era suficiente. Menos mal que esa noche tenía la casa para ellos solos, porque sino haría ya rato que tendría la suela de la zapatilla de su madre marcada en la cara.
Ya iba a correr escaleras arriba para ir en busca de sus botas cuando la única neurona funcional que tenía en aquel momento funcionó, dejándole clavado en el suelo (balanceándose ligeramente, pero ese era otro tema).
— No, no, no, ¡espera! Creo… creo que tengo tequila. ¡Vamos a la cocina!—vociferó lo último, levantando la mano de golpe para señalar la puerta teatralmente— Vayamos en su busca y démosle una lección.
xtrichotillomania:
Se dejó guiar por Tweek como si nada. Al fin y al cabo estaban más que acostumbrados al contacto físico con el otro, casi podría decirse que era algo mecánico.
Resopló, poniendo los ojos en blanco (mala idea, porque al ponerlos bien todo alrededor estuvo dando vueltas unos segundos).
— Nnnah, no pienso perder e-el tiempo yamando’ a ese traidor. —eso, y aparte estaba claro que no iba a atinar para darle a ninguna tecla correcta. Prefería no correr el riesgo de acabar llamando a su madre y que al volver le aplastara la zapatilla en toda la cara— Ademá’, sólo te nesssesito a ti, dude. —sin más, le plantó un sonoro beso en la mejilla, de esos que te dan las abuelas.
Se desenganchó de él para dejarse caer en el sofá, abriendo con prisa la botella. ¿Vasos? Él tampoco se preocupaba por eso; el alcohol sabía mejor si lo bebías a morro, eso era ley.
— ¡Brrr! —todo su cuerpo tembló con aquel trago; sus ojos se cerraron con fuerza, cabeza se sacudió, y su pie golpeó el suelo un par de veces. Con la manga de jersey se limpió la boca. Le tendió la botella a Tweek— Tu turno. —
El sonoro beso en su mejilla lo hizo reír, divertido con el gesto. La repentina disposición para el contacto físico que mostraba Craig le caía sin duda alguna en gracia, además que esos balbuceos se volvían aun más largos y sonaban extraños en su cabeza.
Una mueca se quedó en su rostro a causa del peculiar sonido que dejó escapar el pelinegro tras beber de la botella, la cual no tardó en tomar para darle un trago tan largo como el del otro.
La quemazón en la garganta que le dejó la bebida lo hizo incluso encogerse en su asiento. En algún lado había escuchado que el primer trago siempre era el peor, razón por la cual no tardó en apurar un segundo.
–Ah… quema… –Fue su queja con ronca voz mientras se recargaba contra el respaldo del sillón y cerraba los ojos. De repente el mundo giraba demasiado rápido.
The next morning.
Al abandonar la llamada telefónica, el blondo empezó a cavilar en medio de la quietud y soledad que residen dentro de esas cuatro paredes, ya más calmado, pero aún con esa antipatía vertiéndose sobre él cada vez que terminaba otro desmedido encuentro con Orihara; asociaba su voz perfectamente con los zumbidos que componen los insectos muy cerca de su sentido auditivo, inhumanamente idénticos. “Ojalá te pudrieras en el infierno” Incluso le sabía tóxico pensar así de él, una pérdida de valiosísimos minutos que sabía jamás recuperaría.
No podía ser más repugnante, un último meditamiento para después tenderse sobre las sábanas que cubrían la suave colchoneta, sintiendo como el avinagradoefecto de la bilis en su estómago crecía conforme transcurrían los segundos en unos más ácidos, casi alcanzando a perforarle los órganos. Así se sentía con sólo pensar en la existencia de aquel desprecio de ojos rubí. Hundió con más fuerza todavía sus uñas en la sábana.
Deseaba con herviente impetuosidad poder arañar al parásito de Orihara con sus afilados pensamientos, por tan lunático que sonase; deteriorarlo hasta la última gota de respiro en él y estrangularlo esa maldita sonrisa con sus manos pesaba entre sus ideales. Que cada palabra que sus belfos extrajeran incrustara cada vértebra del azabache sin compasión, al igual como lo eran siempre sus conversaciones, venenosas.
Y exigiría por ese momento, ahora o nunca.
Un sonido estridente provino desde el fondo de la sala. Alguien tocaba la puerta, y por juzgar cierta particularidad en el toque de ésta, sus facciones tomaron un toque deforme. Un acto automático en él. Y del que no tardó en sorprender su puño con un golpazo justo en dirección enemiga— DEBERÍAS ESTAR CONSIENTE DE QUE NO ERES BIENVENIDO POR IKEBUKURO —puntualizó a la vez que hundía más sus nudillos sobre la madera— ¿O debería sacarte de aquí como a una sanguijuela, uh,escoria?
Heiwajima lo odiaba; Izaya disfrutaba de tal odio superficial del otro. No podía ser más irónicamente repugnante su relación.
La sonrisa torcida que se apoderó de sus facciones sólo demostraba que poco le importaba el ser o no bienvenido. En ocasiones parecía que su instinto de supervivencia no le funcionaba adecuadamente. Por eso no viviría demasiado tiempo. Buscar problemas, poner su existencia en riesgo. Algo estaba mal del todo si no era capaz de actuar conforme la alerta le indicaba.
Cuando menos todavía tenía la prudencia de hacerse a un lado para esquivar grácilmente el puñetazo del rubio, logrando apenas por unos centímetros no ser demolido por la monstruosa fuerza de Shizuo. Si no sacó en ese instante su navaja, amenazante como siempre, sólo fue por el pequeño juego que comenzara esa mañana.
Intentó controlar la emoción que despertaba siempre en él las batallas con el mayor. Estaba ahí con la bandera de la paz desplegada, o cuando menos eso debía demostrar si quería continuar jugando a costa del otro.
Algún día aprendería, pero no era ahora.
—¡Ah! Shizu-chan… —Alargó el nombre ajeno—. Esas no son formas de saludar después de lo ayer. ¿Qué me harás pensar? Pensé que cuando menos tenías algo de hombre decente ¿Será que esperaba mucho de tí?
kintsuxkuroi:
No iba a aceptar que se sintió incómodo cuando Dazai se alejó, sin embargo, fue casi de inmediato que se volteó hacia él para verle de frente y estar un poco más cerca nuevamente.
—¿Cualquier lugar? —Cuestionó interesado en la propuesta, ya que ciertamente gustaba de la idea de tener unas vacaciones junto a su pareja. Era cosa de coordinar con sus presentaciones y podrían viajar algunos días. —Mh… quizás… ir a un onsen.
La respuesta positiva había llegado más rápido de lo que esperaba, quizás por eso mismo sonrió gustoso antes de volver a acurrucarse contra él, besando su pecho, justo sobre el esternón.
--Me agrada como suena eso. ¿Debería buscar uno con onsen privado, quizás? Hay algo ahorrado, podría darme el lujo de acapararte por completo en ese viaje.
xtrichotillomania:
Gruñó, ignorando aquel nuevo tirón en sus cabellos y manteniendo la concentración. No le hizo caso, como era obvio. Siguió, siguió acariciándole con labios y lengua con más ahínco, dando saltos internamente por saber que se acercaba el final y podría dar descanso a su boca, al menos por unos minutos.
Cuando escuchó cómo la respiración de Nathan se aceleraba y empezaba a tornarse irregular, apartó la cabeza, deshaciéndose con un movimiento bravo de la mano que sostenía sus mechones. Sus ojos se toparon con la expresión del mayor, sintiendo cómo su estómago burbujeaba con orgullo y soberbia de hacer que ese chulito se viera tan vulnerable bajo su tacto.
Sin detener la mano que había estado masturbándole, utilizó la contraria para apoyarse en el colchón y así echarse hacia delante, clavando los dientes en el cuello de Nathan. Como de costumbre, no fue delicado en sus besos ni mordidas, atacando toda la piel a su paso sin piedad. Sin embargo, también sabía que eso incendiaba el interior del mayor. Poco tiempo más bastó hasta que al lado de su oreja sonaron los roncos gemidos, los gruñidos jadeosos, y que las caderas que embestían contra su mano manchada, acabaron balanceándose paulatinamente.
Y de nuevo se distraía, aunque ya demasiado tarde para controlar su reacción, al contrario, esa expresión familiar en el rostro del muchachito sólo aumentó la tensión en su bajo vientre, obligándolo a morderse los labios, haciendo el intento por no apartar la mirada del rostro ajeno.
Aunque el gusto no le duró mucho, mas fue remplazado por el agradable calor de la piel ajena demasiado cerca de la propia. Sensación que interrumpió la mordida en su cuello que lo obligó a gruñir bajo antes de que sus jadeos se volvieran más y más forzados. No tardando demasiado en manchar la mano de Damien.
Respirar le costaba trabajo después de aquello, su pecho subía y bajaba con pesadez, sin contar que el bochorno de su rostro se extendía hasta el cuello y pecho. Con sus pocas fuerzas, curioso e imprudente, buscó la mirada del jovencito.
--¿Podrías no morder tan fuerte la próxima vez?
⌜ @winged-bunnies ⌟
Con pasos erráticos, se detuvo al fin frente a la puerta de la habitación principal. Levantó su brazo derecho con vacilación, no estaba segura si valía la pena importunar a su mamá con un asunto que podría solucionarse si lo ignoraba por un tiempo más, pero necesitaba respuestas, y más importante aún, necesitaba apoyo. De ese modo, se armó de valor y tocó suavemente la puerta de madera.
─Mamá Michiru… ─La llamó y aguardó pacientemente una respuesta.
La suave voz que irrumpió el silencio de la habitación la hizo detener lo que se encontraba haciendo sólo para voltear hacia la puerta y observar a la pequeña que con inseguridad la llamaba.
-¡Ah! Hotaru. Pasa, pasa. No te quedes ahí.
Dejó con cuidado el peine sobre el tocador para así darle toda su atención a Hotaru.
--¿Ocurre algo?
gxla:
El olor del caucho quemado contra el pavimento inundó su nariz, trayéndole recuerdos de antaño, todos ellos borrosos y difusos. Sus ojos se fijaron en el espejo retrovisor, observando cómo el edificio que había sido su prisión se hacía más y más pequeño en el horizonte. Una curiosa desolación arrasó en su interior al momento de saberse liberado. La promesa a la que se había aferrado para no perder totalmente la razón se había cumplido finalmente. Silencioso, se estiró para alcanzar la ropa del asiento trasero, contemplando las prendas en sus manos.
Las voces en su cabeza estaban inusualmente calladas, pero agitadas. Un enjambre de abejas asesinas llenando su cabeza de zumbidos y veneno. Se quitó la parte superior del uniforme anaranjado, arrugando la tela húmeda de sudor y sangre para meterla bajo su asiento. Se puso la sudadera opaca y deslavada, quizá un poco pequeña, pero cualquier cosa era mejor que las ropas que lo señalaban como un criminal.
–¿Te digo algo gracioso? –preguntó, rompiendo con su silencio, mirando el perfil de David, admirando lo que esos años habían hecho con su rostro. –Si no hubieras aparecido, yo mismo habría encontrado la manera de salir para buscarte y matarte después. –rió, aunque sonó como un resoplido más que como una risa en sí. –Pero no te preocupes. Ya no pienso eso. No ahora.
La tensión en su cuerpo se hacía evidente en la forma en que sostenía el volante. Hasta ese momento en que la adrenalina comenzaba a abandonarlo poco a poco era completamente consciente del grave error que había cometido. Solía pensar más las cosas, considerar pros y contras, eso lo había llevado a tomar esa decisión.
Pero ahora sólo pensaba en lo terriblemente jodido que estaba. Bueno, no podía ser distinto tratándose de Marcus.
Las palabras que podrían sonar como una amenaza le causaron un escalofrío que lejos se encontró de ser desagradable. Incluso un remedo de sonrisa cruzó sus facciones. Un gesto que se forzaba por no ser más amplio. Necesitaba controlarse por lo que restaba de ese viaje.
Además, no le iba a celebrar sus comentarios estúpidos.
--No me hubiera extrañado... aunque tampoco me preocupa --Desvió apenas un par de segundos la mirada de la autopista, para enfocarse en el otro, el semblante serio--. Así que mejor ve desechando esas tonterías.
Marcus parecía haberse vuelto impertinente en esos años y había que corregirlo.
kintsuxkuroi:
Bajo cualquier otra circunstancia, Chuuya habría comenzado a reclamar contra Dazai al no tener ninguna intención de obedecerle, sin embargo, en esta ocasión sintió como un fuerte escalofrío le recorría ante sus palabras, guiando casi de inmediato una de sus manos hacia la propia entrepierna. Siempre terminaba por hacer lo que el más alto demandaba, pero esta vez aceptó sin cuestionarlo y comenzó a masturbarse a un ritmo similar al que Dazai llevaba.
—Ngh… sigue… —Sentía un leve cosquilleo en su vientre bajo que impidió que continuase besándole como había estado haciendo, al necesitar un poco de aire y dejar escapar todos aquellos gemidos que anunciaban el pronto orgasmo.
—Dazai, yo… —No pudo continuar hablando al sentir por fin como el placer le golpeaba con fuerza y le hacía estremecer entre espasmos que contraían su cuerpo, provocando que su interior se contrajese alrededor de Dazai a la vez que su mano y vientre se manchaba de su esencia.
Desde ese momento estaría seguro de lo mucho que disfrutaba escuchar los jadeos y gemidos de Chuuya. Su respiración pesada que entrecortaba las palabras con las cuales le pedía mantener el ritmo, algo que ajeno a su costumbre, obedeció sin dudar, aquel ritmo que mantenían, la forma en que sus cuerpos se amoldaban, y los sonidos que dejaban escapar los labios del pelirrojo era simplemente delicioso.
Escuchar su nombre salir de aquella forma con la voz quebrada de Chuuya le tensó por completo. La sola idea de escucharlo de nuevo lo hizo consciente que, desde ese momento, la necesidad por el otro sería innegable.
La placentera tensión del cuerpo ajeno alrededor de su miembro lo hizo vaciarse en el interior ajeno cuando alcanzó el orgasmo, haciendo que sus fuerzas flaquearan, razón por la cual salió del interior de Chuuya, ayudándolo a bajar, no sin cierta dificultad a causa de la pesadez provocada por la intensidad de las sensaciones.
El peso de su propio cuerpo comenzó a vencerlo poco a poco haciéndolo quedar sentado.
Había sido más fuerte de lo que creía y, como si no fuera suficiente, podía sentir perfectamente el aroma de Chuuya inundar la habitación.
☀ el 9. Give me some sin with the kanekis.
Es verano y una terrible ola de calor azota la ciudad. Envíame ☀ (o si lo prefieres un número) para ver en qué situación están nuestros personajes.
9. Para intentar contrarrestar el calor, nuestros personajes juegan con hielo (a lo mejor, en lugar de aliviar el calor, solo suben más la temperatura)
No había empezado con esa intensión en mente, por supuesto que no. Había algo en Kaneki que siempre lo llevaba a ir con un cuidado que rallaba en lo excesivo; quizás simplemente la diferencia de experiencias entre ambos, o el cuidado que había mostrado el otro con él hacia tiempo.
Sólo que hacía demasiado calor, insoportable en ese reducido espacio sin aire acondicionado y la bolsa de hielos de la que se hiciera la tarde pasada resultaba demasiado tentadora.
De hecho, si quería decir algo a su favor, era que justo había comenzado apoyando el hielo en la mejilla ajena. De cómo había llegado hasta la nuca de Ken y de ahí bajar por la delgada espalda.
Inconscientemente terminó por relamerse los labios antes de acercarse para seguir aquel camino donde se erizaba la piel por el contraste de la temperatura.
–¿Se siente ya más fresco?
Lo dudaba, pues más allá de sus dedos entumecidos por sostener el hielo, el resto de su cuerpo se encontraba abochornado.
@xtrichotillomania
Los dedos puestos sobre los hombros de Shiro pronto se convirtieron en garras, apretando y aflojando con impaciencia con cada círculo que el cubito (o lo que quedaba de él) delineaba sobre su piel sensible; su estómago también temblaba cuando las gotitas de agua se deslizaban por él hasta perderse en el filo de sus pantalones que, si bien eran cortos, ya empezaban a sobrarle debido al calor. Y es que la bochornosa temperatura de su cuerpo ahora no se debía sólo al clima.
Sus caderas no pararon de ondular porque le llamara la atención, sino por un nuevo respingo, esta vez provocado por la lengua cálida de Shiro directamente sobre su pezón. El calor de esa boca arrancó un jadeo tembloroso desde lo hondo de su garganta y le volvió a clavar los dedos en los hombros, dejándose arrastrar para acortar las distancias de ambas caderas. No sabría decir si fue de manera inconsciente por la neblina que se apoderaba de su mente o fue premeditado, pero aprovechando la postura, su rodilla se incrustó (con delicadeza, obviamente) más entre las piernas del mayor, apretando levemente la entrepierna de este.
Otro sonido libidinoso abandonó sus labios antes de deslizar las manos por el cuello de Shiro hasta ahuecarle la mandíbula, dejando que sus dedos se enredaran en los cabellos albinos, acariciándole la cabeza y las orejas.
Le instó a que su boca abandonara su pecho y pasara a prestarle atención a sus labios, juntándolos ambos en un beso quizá demasiado parsimonioso teniendo en cuenta la excitación que poco a poco había ido creciendo en sus respectivos cuerpos, pero así era Ken, suave y dulce. Al menos, al principio.
El jadeo de Ken, tan cerca de su oído envió un escalofrío por toda so columna, impulsándolo a lamer con mayor ahínco, deleitándose con el sabor salado de la piel ajena, Escalofrío que se repitió al sentir la rodilla del otro sobre su entrepierna, haciéndolo soltar un ronco gemido. El pelinegro no era el único que se sentía ansioso.
Por esa razón no dudó en ceder a su queda petición, devorando sus labios en cuanto tuvo la oportunidad. Su lengua buscó a su compañera, dejando que se sumiera en suaves movimientos, roces que le arrancaban pequeños gemidos que se perdían dentro de la boca ajena, besando de vez en cuando los labios de manera superficial sólo para calmar cualquier deseo que se desbordara antes de volver a embestir la boca ajena.
Sus manos, por otra parte, se dirigieron hasta sus caderas, comenzando a deslizar la ropa que cubría el cuerpo debajo de él. Movimientos parsimoniosos que buscaban mantener la calma del momento a pesar de la necesidad que tenía por el cuerpo de Kaneki. De recorrerlo en toda su extensión, provocarlo, acariciarlo, besarlo y lamerlo con toda la dedicación que le fuera posible.
Todo lo que pudiera obtener de Ken lo recibiría gustoso.
Buscó recostarlo por completo, sólo para tener mayor libertad de explorar aquel cuerpo a su gusto. Depositó un último beso sobre los labios ajenos, suave y fugaz, antes de comenzar el descenso hasta que su boca se encontró cerca de su ombligo, el que pasó de largo, dejando un trazo de saliva hasta encontrarse con su pelvis. El bochorno le llegó de golpe en ese momento.