ㅤ ㅤㅤㅤ ㅤㅤ ㅤㅤㅤ ㅤ you’re a stranger when i come home.
ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ13022020.
Praha, Česká Republika.
Žižkov, Městská část Praha 3.
50°05′00″N 14°25′00″E.
Dos extraños, una mesa, dos sillas, las luces tenues encendidas.
La estancia permanece en silencio absoluto, siendo este interrumpido únicamente por el roce metálico de los cubiertos contra la porcelana de los platos. No se miran, no se hablan. Es como si temieran encontrarse el uno al otro. Uno toce, el otro toma la servilleta de tela y se limpia las comisuras.
Nadie dice nada.
Cada uno se mueve individualmente, sin recurrir ni pensar en el otro. La frialdad exorbitante y la tensión podrían prácticarme cortarse con tijeras como si de un retazo de tela se tratase. Él había abandonado todo lazo afectivo desde hacía mucho tiempo, y ella había comenzado a hacer lo mismo.
Ahora sólo eran robots, moviéndose sistemáticamente.
Ninguno piensa, a ninguno le interesa saber del día del otro o de cómo se encuentra anímicamente. La indiferencia se volvió su arma, su asesina silenciosa que poco a poco marchitó el amor que alguna vez juraron tenerse. Ahora eran solo dos robots, dos extraños. Independientes, pero al mismo tiempo parasitarios el uno con el otro.
Una de las sillas se corre. Él se retira primero.
Pasa al lado de la que alguna vez fue su mujer, a quien juró amar, a quién denominó "el amor de su vida". Pero ahora ni siquiera la mira. No la toca. No la besa. No la ve. Como dos termitas, han establecido una relación no permanente ni obligatoria de la que ambas partes salen beneficiadas. Al menos en un aspecto más superficial, pues en el fondo todo lo que hacen es matarse cada día un poco más.
Cuando llegas a casa, te conviertes en un extraño.
La casa ya no es hogar, es solo un techo sobre su cabeza que evita que pase frío a la interperie, pero no evita que sus almas se rompan en pedazos ante la inminente rapidez con que dejan de convertirse en amantes para ser solo dos extraños con recuerdos en común.