“Antes de mudarme a Seúl junto a mi familia, me amisté con una chica muy peculiar en uno de mis escapes hacia la playa. Me gustaba ir a tomar aire fresco y mojarme los pies, especialmente durante las estaciones en las que estaba más vacía---y recuerdo que mi mamá se desvivía regañándome porque regresaba a casa toda empapada y cubierta en arena. Una tarde de, ¿creo que fue sábado? Estaba tan molesta que arrojé una roca a la marea, pero mi vista pobre me falló y acabé dándole en la espalda a una niña de mi edad, de cabello largo y negro, y facciones como... No sé como ponerlo, puras, tal vez. ¿Nunca has conocido a alguien que desprende un aire de ángel? Así era ella, y se llamaba Eunhye. Eunhye-yah se molestó muchísimo conmigo como era de esperar, pero rápidamente nos arreglamos y acordamos pasar nuestras tardes juntas a partir de entonces. Fue la única amiga real que tuve estando allá, y aunque nuestro tiempo juntas fue breve y fugaz, fue bien aprovechado. Siempre me pregunto si habrá cumplido su sueño de vivir en América... O si todavía estará atorada en Ulsan junto a su desgraciada familia.”