Verano: ¿eso vendría siendo todo?
Recién ayer me di cuenta: está amaneciendo más tarde y oscureciendo más temprano. La naturaleza está anunciando un nuevo cambio de estación. Y hoy, para sorpresa de toda la zona central, tocó un día sureño, otoñal. Incluso con algunas gotas que se han dignado a caer desde las nubes, pomposas e inmóviles.
En las casas, en las tiendas, en las calles, las familias andan preocupadas de las listas escolares y de los uniformes de los niños. Y un amigo me asegura que el calor que nos abrasó durante estos dos meses, ya aflojó.
Ojalá.
Pero más que el clima, lo que me sorprende es la rapidez con que pasó este tiempo. Cuando asumí que me quedaría en Talagante trabajando estos dos meses pensé que sería el infierno mismo. Y además, que se me haría eterno. Pero no fue así.
Ahora escribo esto con camisa manga larga, sweater y una chaqueta, escuchando el disco “i,i” de Bon Iver en mi oficina. Mientras un aire frío y húmedo entra por la ventana e inunda mis pulmones. Y una lluvia tímida suaviza las calles, los pastos, los árboles.
Miro por la ventana: la plaza, el tren, la municipalidad. Las personas con las que he compartido este tiempo y los lugares por los cuales he caminado este verano. Ya mañana es mi último día aquí. Estoy en actitud de despedida, de adiós. El sábado ya estaré de vacaciones. Y luego, desde marzo, cambiaré de realidad.
Por más que lo observo me cuesta creerlo: el calendario dice que la próxima semana comienza marzo. Y a mí, de puro incrédulo, me dan ganas de mirar al verano a los ojos muy seriamente y preguntarle: ¿de verdad, eso sería todo?
Escrito por: Fernando Osorio redactor de Silvestre & Coqueta.











