Cuento muy corto sobre la canción de Noah Kahan Orbiter y una frase que pense en base a ello
No siempre fue creadora - pero desde que su corazón comenzó a latir fue amante y eso la motivó a convertirse en todo aquello que es secundario.
El mundo que la rodeaba era vasto. Las personas que lo habitaban eran numerosas. Pero el hambre que ella sentía era más extenso que todo ello junto.
Un día, de pequeña, tan extraña a su existencia todavía, tan desacostumbrada a su hambre natural, vio el espejo arriba de su cabeza. Oscuro y sin fin. Apenas notó las perlas esparcidas simulando una sonrisa amable. Ella no era ese tipo de persona. A ella le importaba el ojo. La mirada es lo que refleja la honestidad. Era grande, no en tamaño pero en impacto. Era brillante, no por su luz pero por su maravilla.
Una idea inamovible surgió en ella. Su vacío se saciaría cuando conociera todo acerca de aquella Divinidad. Algo tan bello y profundo debió ser hecho por un ser omnipotente, no había duda.
No sabe cómo empezó o por dónde, lo único seguro es que observó. A lo lejos -porque aprendió que era distante- posaba su mirada y la veía por horas. Notó cuando surgía desde la tierra y cuando se marchaba, de nuevo del suelo. Tal vez empezó por esa idea.
Caminaba pero nunca la alcanzaba. Cavaba pero nunca la encontraba. Subía cuando ella se elevaba pero nunca estaba a la altura. Era imposible. A veces se preguntaba si realmente existía la Divinidad.
Mas aparecía cada vez que el gran fuego dormía.
No le rogó a ningún ser superior por su encuentro. La Divinidad merecía esfuerzo. Y eso es lo que hizo. Exploró, conoció y continuó sin importar los obstáculos, los fallidos, la impaciencia y el hambre.
Inventó un sistema con símbolos con reglas. Adquirió conocimiento sobre el más allá. Fabricó un atuendo que la protegería. Construyó un refugió que la llevaría.
Finalmente, viajó. Este ser, que ahora poseía nombre, se ubicaba más lejos de lo que su imaginación lo habría permitido. Se rodeaba de aire que ella desconocía. Y lo más notable, era más voluminoso.
La inmensidad que poseía, sin embargo, llenaba justo como esperaba su corazón.
Ella en su gran esplendor brillaba, aunque no por cuenta propia. Ocupaba tan poco de ese espacio oscuro y de igual manera tanto en la vida de la amante.
Ahí mismo donde se ubicaba la amante, rodeada de la falta de existencia. Nada sujetándola de su hogar, pero ella manteniéndola cerca. Se sentía pequeña pero no insignificante.
No estiró el brazo para acariciarla. Sus ojos ya ofrecían todo el amor que un ser tan ordinario era capaz.
Ahora, lo único que podía pensar era.
Todo lo que he hecho, todo lo que he recorrido, ha sido para conocerte en tu mayor esplendor. En donde perteneces, quien realmente eres. No voy a pedir nada a cambio, pues lo que me generás ya es maravilloso. Pero no puedo partir sin antes confesar que buscarte y encontrarte, y más importante amarte, ha sido mayormente para mí. Ya ves, mis conocimientos no han ido tan lejos para saber si escuchas o hablas, no se si mi llegada a causado algo en ti. De corazón pido disculpas si mis razones son egoístas, pero debía saber si mi infinito hambre sería llenado si te encontraba.
El oscuro vacío tanto interno como externo no contestó. A la amante no le importó, ella pronunció a la Divinidad de igual manera porque allí finalmente entendió:
Mi alma debería ser la tuya, mi Luna.