Canal para llorar la pena del mundo
Para que el mundo llore su pena entera
Porque ya no aguanto más noches escuchando a esa guagua gritar tanto dolor, sin encontrar consuelo, sin entender nada todavia.
Quisiera ser un canal, aunque a veces siento que ya lo soy, que incluso quizás mi pena contagió a esa guagua, y que incluso a mi me contagiaron tantos bombardeos, tantas muertes solitarias.
Que de alguna forma salga la mierda acumulada, que nos tiene tan podridos, tan dañados, tanto que ya ni sabemos qué estamos haciendo mal para sentirnos tan mal.
Quisiera ser un canal para que el mundo llore su pena entera, y de paso olvidarme de mi propio dolor. De las veces que fui niña abusada, extrañando a mi mamá, olvidando el rostro de mi papá. Quisiera olvidarme de todo eso, dejar que se vaya en un río más grande, donde mis lágrimas solo sean una coincidencia, una evidencia de que alguna vez fui fuente de vida.
De nuevo lo escucho de lejos, el llanto de esa niña, grita con tanta fuerza que me inspira. Al principio me irritaba, me quitaba el sueño. Pero ahora existe en la parte de atrás de mi cabeza, y le pido que grite más fuerte y que me haga gritar como ella, que me contagie su dolor y así ambas podamos liberarnos desde nuestras cuerdas vocales forzadas por una cascada visceral.
El mundo está bañado en sangre seca de infinitas muertes con un funeral pendiente. Si alguna de esas almas puede escucharnos, quiero que sepa que lloramos por ella, que estas velas son por ella, que se vaya tranquila y busque un lugar mejor que este globo de cemento con olor a petróleo. Que cada tormento se quede en el río gigante de lágrimas, y te disuelvas ligera en el éter, y que en el camino de retorno a-quién-sabe-donde te encuentres algo en el bolsillo que te haga sentir que alguna vez, aunque sea una sola vez, fuiste amada.
Y aunque quisiera irme contigo y transformarme en la nada, me queda tiempo viva, solo que estoy cansada de vivir una vida de mentira. Veo a diario cientos de ojos cansados, perdidos, que dejaron de intentar encontrarse con ojos como los suyos. Ya nadie cree en el amor, ni el amor mismo cree en si mismo. Hoy en día no hay nada más real que el dolor y la soledad. Por eso quiero llorar con alguien. Por eso quiero creer que de tantos corazones sin hogar, hay algo que todos compartimos. A veces se siente como una espada atravesada, otrás como si hubieran puesto un saco de cien kilos sobre el pecho. A veces comienza con un hormigueo y termina con un terremoto. Y por fuera, todo es silencio. Aguantar lo más que podamos, que nadie nos vea luchar con nosotros mismos. Despertarte de madrugada, cumplir tu deber social, llevar el pan a la casa, caer exhausto a la cama. Una y otra vez. Aguanta lo más que puedas, ya pronto te vas a morir y podrás descansar. La vida pasa tan rápido que asusta no poder recordar ni la historia de uno mismo. De tanto aguantar solo siento el peso en la espalda y las heridas en las manos, y a veces pienso que soy tan joven. Si así es la vida siempre por favor alguien cuenteme el secreto para sobrevivirla. Porque ya no aguanto más, quiero olvidarme de mi, de mi edad, de quien soy, y llorar la pena del mundo, porque es una razón más importante. Y es verdad que somos un canal. Si no me cree pregúntese cómo se siente ahora mismo, si le doy verguenza o si me entiende, si lo irrito o si quiere llorar también. De cualquier forma nos contagiamos. Les prometo que una vez que se toca el corazon de alguien, el corazon de uno mismo se ablanda un poco.
Quisiera abrir un círculo y abrir el estanque. Desde ahora, cuando abra este círculo, quien esté dentro será tocado por el dolor del mundo, convirtiéndose en canal para que llore su pena, para que se ablande, para que el río gigante de lágrimas crezca y atraviese todos los continentes, y que vuelva a brotar la vida al otro lado del mundo. Y que vuelva a brotar la vida en la periferia y en los corazones sin hogar. Este círculo es para quienes están acostumbrados a llorar en silencio, para quienes olvidaron cómo llorar, para quienes lo intentan con todas sus fuerzas y aún así hay una muralla que lo impide. Y aunque no haya ningún ser humano llorando en este circulo, este es un canal abierto para el mundo, para la tierra, para los muertos que buscan luto y para las vidas que quieran nacer más blandas. Llorar es un acto de valentía, de honra al dolor. Llorar hoy en día es una muestra de respeto por tanta abominación. Y cuando no hay más remedio para el alma, el llanto la ablanda, la deja quieta, en silencio, contemplando el vacío.