Dicen que el amor es ciego, al igual que complicado; y yo, por eso te odio, pero también te quiero.
Te odio, porque enfrentaste mis miedos, dejando obsoleta mi barrera de hierro.
Te odio, porque me hiciste quererte, te volviste indispensable y ya no puedo vivir sin tenerte.
Te odio, porque no borraste mi número aunque te lo rogué: marcaste cuando te estaba olvidando, joder…
Te odio, porque cuando necesité un abrazo, siempre busque el tuyo.
Te odio, porque ya no encuentro belleza en otro lado que no sean tus ojos.
Te odio, porque quiero ver esos ojitos brillando, aun cuando no soy el motivo.
Te odio, porque cuando besas mis labios, me dejas sin aire y sólo sale un suspiro…
Te odio, porque estaba feliz con mi silencio, pero tu sonrisa golpeó en mis adentros desenvolviendo unos versos.
Te odio, porque ahora tú eres mi poesía, estúpida persona pagana.
Te odio, porque cuando creí que en mí ya todo estaba muerto, rompiste mi burbuja y te fuiste sin decir: “Lo siento”.
Te odio y te lo digo mil veces: sólo me miras con una sonrisa burlona al responderme: “También te amo, aunque te duela creerme”.
Te odio. Te odio. Te odio… porque quererte es más necesario que quererme. Pero… también te quiero.
— Manuel Ignacio —Karena.























