Estoy en la mitad de miles de personas. Un sintetizador que crece y reverbera se siente hasta lo más profundo de mi pecho, como cuando a los 15 me estallaba los oídos con el volumen al máximo en mis audífonos.
No sé si lo que siento en la cara son lágrimas o la lluvia que suele caer del cielo bogotano en cualquier día de marzo. Llevo un mes con 28 años y, al fin, luego de muchos, estoy aquí, presente.
La línea “it drives you crazy getting old” es un eco en mi mente. No solo porque la escucho en el coro de esta multitud, sino porque lo ha sido desde esa noche en octubre, o abril, o en algún momento de 2013.
Estaba haciendo frío, de ese que te cala en los huesos. No solía comer nada. Esperaba poder entrar en el canon de belleza de Tumblr, mi refugio. No dejaba de pensar cómo una nena, más o menos de mi edad, que nunca me conoció y probablemente nunca lo haría, estaba a kilómetros de distancia y aun así me podía entender mejor que yo misma.
Nunca nos comunicamos, ni verbal ni físicamente, pero creo que eso es la música, ¿no?
Ribs suena a toda mi vida. Suena a años de experiencia. Pero igualmente suena a que no sé nada; a que tengo 15 y no sé qué va a pasar. A que estoy asustada. A que no tengo las palabras para describir lo perdida que estoy, para describir lo que sea que está pasando aquí. Ribs suena a que no sé qué pasa, y a que alguien, por allá, al otro lado del mundo, tampoco entiende, pero me acompaña en esto.
No sé qué es lovers spit o a qué se refiere Lorde cuando dice “we can talk it good”, pero sé perfectamente lo que significa “this dream isn’t feeling sweet”. He tenido 15, he tenido 19, 21 y 27. Contra todo pronóstico, estoy aquí. Y aún me siento asustada cuando me doy cuenta de que estoy envejeciendo.
Esto está dedicado a una amiga cercana. Crecimos juntas. Nos hemos peleado y reconciliado. He tenido buzzcut season en loop. He llorado con Liability. He sido feliz con California y no he conectado muy bien con Hammer. Y como toda amiga cercana, le quiero dar las gracias por tantas facetas.
El sintetizador, o la voz, o los coros: todos están en mi corazón. Se alojan en mi pecho y no sé si las costillas me aguanten los años de experiencia que guardamos entre Ella y yo. Aunque estoy segura de que las dos entendemos que esto no nos hace menos ingenuas: solo nos acerca más.