—¿En serio? ¿Escondiste el pendrive aquí?
Yelena cerró el vehículo del que se acababan de bajar con la llave que luego guardó en su chaleco. No esperó a que fuera Irina la que se adelantara primero sino que sin mediar palabra se acercó hasta las escaleras que llevaban a la entrada de la casa que tenían delante.
—Yelena —insistió su hermana.
—Fue el único sitio que se me ocurrió, ¿vale? Además, nadie creería que sería tan tonta de guardarlo aquí.
—Pues al parecer sí que lo eres.
La rubia sonrió con desdén y, mirándola a los ojos, tocó el timbre de la misma manera que solía hacer cuando eran niñas: tres golpes cortos seguidos de uno más largo. Nina fue la que se encargó de abrir la puerta.
—Елена? Cariño cuánto tiempo sin saber de ti… —Su voz quebró al reparar en la figura femenina que se encontraba tras su pequeña. Había crecido, sus facciones ya no estaban tan aniñadas como la última vez que recordaba haberla visto y pese a que su pelo rojo llameante ahora se cubría con un tinte negro como el carbón aún seguía sabiendo que la mujer que apoyaba su espalda contra el coche y la miraba con los brazos cruzados no podía ser otra que… —Наташa?
Irina desvió la mirada al escuchar su nombre verdadero y mientras intentaba no responder ninguna bordería su hermana se interpuso en el posible momento incómodo que sabía que se iba a generar para acelerar el proceso.
—Huele que alimenta, mamá, ¿podemos pasar a comer?
Una aún sorprendida Nina asintió sin quitarle la mirada de encima a su hija mayor y de un grito llamó a su marido Vassily para que acudiera hacia donde se encontraban antes de que ella se desfalleciera en el suelo de un plumazo. Nina desapareció de la vista de ambas hermanas y Yelena, que sonreía divertida, esperó hasta que Irina llegara a su altura.
—Qué bien nos lo vamos a pasar, ¿eh?
—De lujo.
(...)
—La familia reunida de nuevo. —Vassily no podía evitar sonreír al abrir la botella de vodka que hacía unos segundos reposaba en el centro de la mesa, alrededor de la cual se sentaban los cuatro. —Como en los viejos tiempos.
Pese a que sus padres se estaban esforzando en que aquello pareciera lo más natural posible Irina se sentía como si estuviera en la casa de unos completos desconocidos. Hacía tanto tiempo que no observaba aquellas paredes que ya casi ni conseguía recordar lo que era tener un hogar. Por su parte, Yelena zampaba tan ricamente, ya que para ella no era tan extraño.
—Ya hace mucho de eso. —Indicó Irina.
—Natasha no te encorves.
—No lo hago. Y deja de llamarme así.
—Sí, sí que lo haces. Te acabará saliendo joroba, hija.
—Haz caso a tu madre.
—¡Ella no es mi madre!
Irina dio un golpe en la mesa con ambas manos y todos quedaron petrificados, sobre todo Yelena. Nina y Vassily compartieron una mirada antes de que hablara la primera.
—Nat…
—Por esto dejé de venir. Ni siquiera sois capaces, después de tanto tiempo, de decirnos la verdad. Fuimos un juego para vosotros dos, ¿no? Un pasatiempo.
—Irina, ¿de qué estás hablando…? —Yelena estaba demasiado confundida.
—No son nuestros verdaderos padres. Y tú y yo tampoco somos hermanas.
—Estás mintiendo.
—¿Y sabes para quién trabajaban? Para los mismos que nos arruinaron la vida. —Irina desvió su atención hacia Nina. —Díselo. —Pidió en un tono normal, luego alzó la voz. —¡Vamos, díselo!
Los ojos de Nina estaban llorosos y su cabeza se había agachado. Nunca hubiera imaginado que aquella conversación terminara llegando pero allí estaban, las dos muchachas a las que había criado durante tanto tiempo como sus propias hijas y a las que sabía que iba a perder finalmente por dejar escondidos los fantasmas del pasado.
—Yo era una Viuda y vuestro pa-...Vassily, entrenador de la Red Room. Nuestra misión era criaros y prepararos para ingresar en la academia sin levantar sospecha, pero eso no quiere decir que no seamos vuestros padres, nosotros os quisimos como si fuerais nuestras y os dimos todo cuanto tuvimos al alcance para que no fracasarais en la selección. Solo queríamos lo mejor para vosotras.
—Fuisteis unos cobardes, incluso después de tantos años seguisteis con este circo mal montado ¿para qué? Ya la misión acabó en cuanto las dos entramos en la Red Room, ¿no? Esta familia es una farsa, no hay nada a lo que aferrarse. Pasemos página.
—Nunca fue una familia, ¿eh? —Vassily dio un trago a su chupito de vodka antes de seguir hablando. —Creo que para ser un par de agentes rusos encubiertos lo hicimos muy bien como padres. Nunca os faltó de nada.
—¿Qué más da? No era real.
—No digas eso. —La rubia de la familia volvió a hablar tras un tiempo en silencio. Estaba visiblemente conmocionada y aunque intentaba que no se le notara estaba fracasando estrepitosamente. —Por favor, no digas eso, era real. Lo era para mí y tú eres mi madre. —Dijo, mirando a Nina —Eras mi verdadera madre. —Las lágrimas incontroladas empezaron a deslizarse por las mejillas rojas de Yelena, que volvía a parecer la niña vulnerable de hacía tantos años. —La mejor parte de mi vida es falsa y ninguno de vosotros tuvisteis el valor de decírmelo. Ni tan siquiera tú, Irina, joder.
Nina alargó su mano para intentar tranquilizarla pero ella se zafó del agarre y se levantó.
—Yelena. —La llamó Irina.
—No.
Salió de allí en dirección al sótano y dio un portazo.