Te encierras, te acostumbras tanto a ti que te cuesta estar con otros.
Te encierras en tu propia creación, no entra luz, ni aire, no entra nadie.
En tu concepto de caja mental, no te desespera la sensación de ahogarte, estás solo y recostado. No hay una puerta, porque no tienes pensado salir. Ya te acostumbraste.












