—Claro. Sólo espero que tu gusto por el bar no sea demasiado inconveniente… ¿O me llamarán a las 4 de la mañana para que vaya por ti porque te quedaste dormido sobre la barra? Espero no tener que llevarte sobre mi hombro de vuelta al apartamento,— a pesar de estar consciente del cambio de respuesta en el castaño, decide seguir la mentira en pos de fomentar un poco más la charla, de averiguar un poco más de aquél con el que compartirá el mismo espacio durante quién sabe cuánto tiempo. No había especificado con quién quería compartir apartamento, pero encontraba que la elección que habían hecho para ella no le desagradaba ni un poco. No es ciega, ni tiene un pelo de tonta, como para no apreciar las masculinas facciones, y a un Don Juan en potencia; cualidad que podría ser problemática si fuera un poco más… conservadora. Afortunadamente, no es el caso. Se inclina ligeramente hacia delante, sus dedos posándose con ligereza sobre el brazo de su acompañante, momentáneo roce mientras su voz desciende en además secretivo: —Espero que no te moleste que me haya quedado con el mejor cuarto,— inicia, su cabeza ladeándose ligeramente, orbes oscuros abiertos con toda intención de lucir mínimamente apenada. Claro que eso del “mejor” cuarto es cuestión de percepción. En su opinión lo es: con la luz, el ropero más grande y la más alejada de la sala. —Pero si eres buen roomie, quizá te invite a tomar una siesta o ver televisión. Ya sabes, depende de ti,— la voz de la libanesa trae consigo una nota entretenida, diversión que es obvia mientras pronuncia las palabras con un tono que peca de sugestivo, naturaleza que no puede acallar ni aunque intente. Apoya uno de sus codos sobre sus piernas, para poder posar sus barbilla sobre la palma de su mano, mientras que los curiosos orbes marrones de Adeline se pasean por la presencia de su compañero. —Es una afirmación muy atrevida de tu parte, William… Pero dime, ¿qué haces para divertirte, hm? Recuerdo estar esperando por un poco de ayuda para dejar la monotonía de lado, ¿alguna sugerencia?—
“¿Apenas nos conocemos y ya me crees un mal compañero? Por supuesto que no te llamarían a las cuatro de la mañana para recogerme. Yo, personalmente, me aseguraría de que también estés ahí conmigo bebiendo.” Cambia las cartas sobre la mesa, soltando una pequeña risa traviesa ante su propia proposición. Siente el repentino roce de la morena y su cuerpo se tensa, teniendo una serie de pensamientos fugaces ante el simple comentario. Claro que no le molestaba en lo absoluto, pues a como iban las cosas, estaba casi seguro de que uno de los dos cuartos en el apartamento terminaría siendo una bodega. Por supuesto, no revelaría tales planes de una vez por todas, pues aún trataba de dar una primera impresión que no implicara solo sexo, ya que eventualmente, eso le traería problemas como lo había hecho en otras ocasiones. “No veo por qué eso pueda ser un problema.” Puntualiza con una suave sonrisa y bebe un sorbo más de la botella. No obstante, se sorprende cuando ella misma revela los pensamientos que cruzan su propia cabeza en ese momento. “¿En serio te arriesgarías de esa forma?” Alza ambas cejas. “Digo, me cuesta dormir a veces y no suelo ser un fanático de prestar tanta atención a la televisión.” Se encoge de hombros. “Eso sí, te aseguro que sería una buena compañía.” El doble sentido que rondaba entre sus palabras era algo que le encantaba. Saber que no estaba tratando con una mente inocente le parecía aún más divertido, desde ya comenzando amar sus próximos meses en aquel edificio. “Existen muchas formas de divertirse, Adeline. A veces la compañía es el mejor secreto. Si llevas más de dos días sola en este lugar, más vale que no te estés acostumbrando a estar encerrada dentro de estas cuatro paredes. Ven.” Pide de último, tirando de su brazo y llevándola hasta el borde de la terraza, colocándose por detrás de ella a propósito, a una escasa distancia para ser exactos. “Hay toda una ciudad por descubrir allá afuera. El clima es perfecto para hacer lo que queramos.” Habla por encima de su hombro, muy cerca del oído. “Así que tú mandas. Cierra los ojos, señala algún sitio al azar y ahí es a donde iremos esta noche. ¿Qué dices?”