If the world wants you, it's gonna keep on coming till it gets you. And who am I that can fix it? Who am I that can change this if the world wants it so badly? Who am I to stop the end of the world if it keeps on coming?
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If the world wants you, it's gonna keep on coming till it gets you. And who am I that can fix it? Who am I that can change this if the world wants it so badly? Who am I to stop the end of the world if it keeps on coming?
I woke up this morning to a blood red sky They're burning on the bridge turning off the lights We're on the run I can see it in your eyes
You’ve been hiding in a fantasy.
[FOUR MONTHS LATER]
Harris County Psychiatric Center, Texas.
Doblaba turno. Elisse tenía un catarro monumental y no hubiese aceptado trabajar siete horas más del tirón de no ser porque necesitaba el dinero. Tampoco era la clase de trabajo que imaginó tener en un futuro, pero en Estados Unidos muchos futuros se habían torcido tras la guerra, muchas carreras universitarias interrumpidas, muchos sueños rotos.
-Lo sé, me gustaría ir, sé que lo prometí pero tengo a mi jefe pegado al culo. Si hubiese rechazado doblar probablemente me hubiese puesto de patitas en la calle. Pero te veré mañana al medio día, lo prometo –sonrió, su espalda completamente recostada contra el respaldo y sus piernas estiradas, no había demasiada faena cuando se avecinaba el horario nocturno, la mayoría de pacientes ya estaban en sus habitaciones, “celdas” para otros, y el horario de visitas acababa en media hora.
Pero la principal se abrió, y la muchacha que pasó el chequeo del guardia de seguridad se acercó a la recepción, llegando cuando Emma colgó la llamada.
-¿En qué puedo ayudarla? –preguntó amablemente.
-Vengo a visitar a una paciente –Thea Simmons ladeó una sonrisa, correspondiendo la simpatía de la recepcionista –Riley Peterson.
-Por supuesto –aunque enarcó las cejas –Deberá rellenar este formulario.
No necesitaba revisar el registro de pacientes, conocía a Riley. Llegó hacia cosa de tres meses, diagnosticada con un trastorno de paranoia y desorden de personalidad, además de un trastorno de impulsividad y agresividad. Era toda una pieza, aunque la mayoría del tiempo era tan inofensiva como una cachorra que ha sido recientemente apartada de su manada, desorientada, ausente. Ese solía ser el principal problema de las enfermedades mentales, en ocasiones se veían personas corrientes, era casi inevitable bajar la guardia.
La joven Simmons siguió al celador por aquellos pasillos que ya se conocía, ignorando los aullidos y lamentos de algunos pacientes, así como los gritos de otros. Era una zona de máxima seguridad, lo peor de lo peor. No es que estuviese de acuerdo con aquello, pero siempre era mejor prevenir que curar, y después de todo, se había decidido por su bien.
-Por si no conoce las normas, recomendamos ningún contacto físico directo con la paciente –recordó el celador cuando tecleó el código que anuló el dispositivo de cierre electrónico momentáneamente, abriéndole la puerta –Y si necesita ayuda, pulse el botón a su derecha en cuanto entre. Acudiremos en seguida.
La muchacha se ahorró comentar al respecto; si, recordaba las normas y lo que debía hacer si se daba el caso de que a su hermana le diese la venada de ahorcarla con sus propias manos, cosa que dudaba sucediese.
Era su hermana mayor, y por supuesto la visitaba con frecuencia. Sin embargo, antes de salir del hospital no dejaba constancia alguna de que había estado allí, un hechizo de confusión con cierto toque de amnesia, para aquellos siempre era la primera vez.
Se cruzó de brazos cuando la puerta se cerró tras ella, y encontró a Riley dónde solía encontrarla, acostada en su cama con las rodillas flexionadas y la mirada perdida en la ventana, que no era más que un único barrote de cristal reforzado. No se rompería, ni aunque la paciente se desviviese por lograrlo. Las autolesiones eran frecuentes en pacientes como ella.
Con cautela se acercó a Riley, sentándose a su lado en la cama. Siempre la misma mirada, siempre esa pizca de humedad en sus ojos, como si no hubiese dejado de llorar en tres meses. Sin embargo no había lágrima alguna rodando por sus mejillas, era un espejismo permamente en el celeste de su mirada.
-Riley –llamó con cuidado –Sé que sabes que estoy aquí. Podrías no ignorarme por unos diez minutos ¿No?
-Creen que estoy loca –murmuró separando apenas los labios Riley, volviendo lentamente la cabeza, como si apartar los ojos de la ventana le supusiese un esfuerzo infernal. –Cada vez que digo que has estado aquí. Eres una bruja muy escurridiza –sonrió, y había cierta demencia en esa sonrisa.
-Te lo he dicho cada vez que he venido a verte –sacó del bolsillo de su chaqueta un bombón de envoltorio dorado, un ferrero, sus favoritos.
Riley lo aceptó, pero sus manos temblaban demasiado cuando intentó desenvolverlo. Tragando saliva lo dejó entre sus piernas y fijó la mirada en sus manos. En la sangre. Goteaba, y su respirar comenzó a alterarse, pero no era una visión en cierto modo que la sorprendiese, le causaba la misma ansiedad de siempre, pero no la atemorizaba como al principio.
Althea intentó adivinar qué estaba alterándola. Se humedeció los labios.
-No es real. Estás viviendo en el pasado Riley, y hasta que no te des cuenta no podrás..
Pero se levantó abruptamente y su movimiento la interrumpió, sellando los labios con fuerza y tensando la mandíbula a la vez.
-Ya vienen –susurró con cautela Riley, sus ojos abiertos de par en par, más despierta que nunca –¿No los oyes? Ya vienen... Iris, tenemos que volver al perímetro seguro.
-Riley –Althea se levantó con lentitud, midiendo cada uno de sus movimientos –No. No oigo nada y no soy ella. No soy Iris, ni soy Chris, ni estás cerca de Fort Hood.
-No, aún hay una oportunidad, no podrán llevarte si no pueden cruzar la linea, he aceptado que quieras morir pero acepta tu que quiera luchar para evitarlo, tenemos que volver –no hablaba alto, murmuraba mientras sus ojos desorbitados buscaban una salida inexistente, en cierto modo algo parecía frustrarla, como si el escenario no se adaptase a lo que su mente veía, estaba aquí y allí.
Se llevó las manos a la cabeza, cerró los ojos y negó reiteradas veces.
-¡Riley, eso ni si quiera sucedió! –alzó levemente la voz Thea, acercándose a ella, sosteniéndola de los brazos. Al diablo con las normas –No pudiste hacer nada porque no estabas allí, no es culpa tuya... Mírame. Mírame. Mírame maldita sea –rugió, atrapando ahora sus mejillas con ambas manos.
Era un suicidio emocional. La perfecta representación de la locura. Ir allí una y otra vez, mirarla y esperar encontrar algo que no fuese demencia en su mirada. La locura de hacer lo mismo esperando resultados distintos.
-Sh.. –la mano de Riley se posó en un suave roce contra la mejilla de su hermana. Una leve sonrisa, una promesa en sus ojos –Estarás bien. Lo evitaremos. Lo prometo... No dejaré que vayas al infierno, no llores. Estoy contigo –arrugó el ceño –¿Por qué estás tan triste?
Thea la soltó, retirándole la mirada y dándose la vuelta para darle la espalda. Inhaló profundamente y no se movió a pesar de presentir como ella si lo hacía.
Culpabilidad. Desde que se quedó sola, desde que el último miembro del consejo de la resistencia murió y aceptó estar bajo la tutela de quién siempre recordaría como un gran maestro, su maestro, la odió. La odió cada segundo de su vida, cada vez que robaba una vida de un sleeper, cada vez que llegaban fechas navideñas, cada vez que se acercaba su cumpleaños. La había odiado durante años por abandonarla, y había comprendido demasiado tarde que no había sido un abandono decidido por concienzuda maldad. El tiempo jamás se rescribió, todo se detuvo, todo dejó de cambiar, excepto para ella.
Comprendió demasiado tarde que su hermana no se iría jamás para no volver, que si algo había salido mal no había sido porque ella así lo había querido. Y cada segundo, cada día que desperdició en alimentar ese odio ahora era tiempo perdido que no podría recuperar, reproches que no podría retirar.
Riley había estado con ella desde siempre, ahora lo veía, cuando contemplaba a su versión del presente de seis años jugar con su propia versión de dos años, como no le sacaba el ojo de encima, como incluso una niña sabía la responsabilidad del cuidar a una hermana pequeña. Y lo hizo siempre, en ese futuro que ahora quizá jamás llegaría, y probablemente en las alternativas de todos los demás.
Y ser responsable, ser quién ella sola se impuso ser la había llevado a aquello. Si, quizá ella hubiese sufrido, pero lo entera que estaba demostraba que no había sufrido la mitad de lo que Riley había, y ahora solamente era un alma errante condenada a revivir la pérdida de lo único en lo que se había centrado ciegamente al volver al pasado. Perder a alguien duele, perderle dos veces, era insoportable. Y Riley era la personificación de ese dolor incurable.
-Es mi favorito –la voz de Riles hizo que reaccionase, parpadeando, saltando dos lágrimas en el acto. Tragó al verla acostarse en la cama y recoger el ferrero, abriéndolo lentamente con una media sonrisa –¿Me lo has traído tu?
-Si –murmuró con voz ronca Thea, asintiendo también con la cabeza –Es tu favorito. Será nuestro secreto –aclarándose la garganta se pasó la mano por el pelo, echándoselo hacia atrás.
Había sido suficiente por aquél día. Se dirigió a la puerta y pulsó el botón verde, no daba alerta, tan solo anunciaba que estaba preparada para salir.
Era una guerrera, poco le robaba el aire de aquella forma, pero cada vez que salía de aquella entidad se sentía como si hubiese librado una batalla sin descanso durante largos días y largas noches.
Se abrazó estrechando su cazadora y bajó las escaleras de una en una, las temperaturas seguían siendo infernalmente gélidas en Estados Unidos.
El muchacho que estaba descansando su espalda con una pierna flexionada, la suela contra el muro dio una última calada al cigarrillo antes de arrojarlo. Y alzó la voz.
-¿Tienes mucha cara, sabes?
Thea detuvo su caminar de inmediato, girándose lentamente para ver a Chris Hillson dirigiéndose hacia ella. No tenía buen aspecto, de hecho, no había reparado en él no solo porque no estaba centrada en sus poderes de percepción, sino porque parecía un simple vagabundo probando suerte dónde la solidaridad parecía regalarse.
-Ahora no, Hillson –siguió su camino, pero el chico no tardó en alcanzarla y tirar de su brazo, envolviéndolo con fuerza para que le enfrentase. Ella le mostró su más salvaje mirada –Suéltame.
-Sabía que eras tu. Olía tu asquerosa esencia pero no estaba seguro. ¿Como te atreves a venir aquí después de todo lo que has hecho? –parecía una fiera indomable, se leía la furia en su expresión, y su mano no hacía que herir con su fuerza el brazo de la joven.
-Suéltame –Thea consiguió soltarse y dar un paso atrás, su pecho inflándose violentamente.
-Le quitaste todas las fuerzas que le quedaban ¿Sabes? –rió, abriendo los brazos –Tuviste la cara de aparecer aquí y acusarla de abandonarte. La trataste como si fuese una sucia rata que no había hecho nada por ti. ¡Yo estuve allí! Estaba allí cuando te arropaba, cuando mami y papi ya no estaban. La destrozaste –siseó, pero aún sonreía. Bajo los brazos y se encogió de hombros –No he podido demostrarlo pero sé que fuiste tu, tu dominaste al cabrón que intentó matarla, pero no lo consiguió. No ¡Pero si se llevó a mi bebé! –rugió de tal forma que por primera vez, una voz logró que le temblase el pulso –Estaba demasiado cansada para cuando sucedió... Tu les trajiste, tu trajiste a los Soul derechitos a su puerta ¡Y de haber tenido las fuerzas hubiese salvado a Iris y ahora no estaría enferma! ¿Dónde estabas cuando los hellhounds vinieron a por ella? Se lo debías –sollozó, pero no de dolor, de rabia –Se lo debías... Nadie movió un dedo por salvarla.
-Iris... –Thea tragó saliva –Hizo ese trato para garantizar vuestra..
-¡No te atrevas! –gritó, nuevamente –No te atrevas a esconderte detrás de las intenciones de alguien que ya no está aquí. Si, todos hacemos cosas por aquellos que queremos, todos excepto tu –la señaló, tan acusador como era posible –Tu no. Escúchame bien Althea –volvió a acercarse, solo le sacaba medio palmo a la joven, pero lo suficiente para imponerse –Si vuelvo a verte por aquí, o huelo tus sucios poderes.. Te juro por dios que te mataré. Aléjate de ella... Ya tienes lo que querías.
De un empujón la apartó de su camino. Matarla, claro que quería matarla, pero el hilo de esperanza que le mantenía cuerdo le recordaba que cabía la posibilidad de que Riley volviese en si, de que se curase, y todo su apoyo, todo el amor que sentía por ella no serviría de nada si la mataba. No se lo perdonaría jamás. ¿Pero si fuese por él? Ya estaría enterrada.
SACRED BLOOD | SEASON THREE
Yesterday I died, tomorrow's bleeding. Fall into your sunlight. The future's open wide, beyond believing. To know why, hope dies. Losing what was found, a world so hollow. Suspended in a compromise. The silence of this sound, is soon to follow. Somehow, sundown. And finding answers. Is forgetting all of the questions we called home. Passing the graves of the unknown.
CHAPTER - WE'VE BEEN TOGETHER FOR SO LONG Enfrentar sus miedos y frustraciones era algo impensable para Riley Stevens. Nunca había podido hacerlo y no estaba segura de ser capaz de lograrlo ahora. Habían tantas cosas que se habían ido al garete, tantas relaciones, tantas ilusiones y tantas perspectivas que en lo único que podía enfocarse ahora, era en salvar a una de las personas más significativas para ella. Habían pasado meses desde que Iris Drack ofreció su alma a cambio de Christopher Hillson, siendo éste devuelto a la vida con más preguntas que respuestas. Y Chris no era ni por asomo un chico iluso o ignorante, sabía que alguien había pactado por él pero también sabía que no había sido Riley, aunque eso pudiese explicar la distancia incómoda que se había hecho entre ellos los últimos dos meses. Culpa. Todo se resumía a la culpa. Para la joven Stevens nunca había sido fácil dejar marchar, en el sentido metafórico de la ecuación. Y era descomunalmente irónico como alguien que había perdido tanto aún era incapaz de dejar ir el pasado, pues parecía idóneo pasar página. Su madre, su padre, cinco de sus hermanos, sus tíos, sus primos. Ahora, casi dos años más tarde de haber aterrizado en el presente desde el futuro, Riley se preguntaba si había hecho lo correcto. Después de todo, no había cumplido ninguno de sus objetivos, tan solo había conseguido enfadar a un dios, a los soul, y quizá hasta alterar tan gravemente la historia que había firmado sin darse cuenta su sentencia de muerte. Nadie nacía enseñado, eso era cierto. Pero habían límites incluso para ellos los cazadores, límites que vulgarmente hablando se había pasado por el forro de los pantalones y ahora, estaba más perdida que antes de volver atrás. ¿Qué tenía? Si, su familia estaba con vida pero todo apuntaba a que el futuro acabaría siendo el mismo. Iris estaba viva pero tenía fecha de caducidad, Chris estaba allí pero tan atrapado en ese tiempo y sin pertenecer a ningun espacio como ella. Si la historia estaba reescribiéndose, la llegada de su hermana pequeña, Althea, no tenía sentido. Semanas atrás, pavellón de entrenamiento. Fort Hood MB. –Realmente no me reconoces. Riley Stevens frunció el ceño como única contestación, evitando parpadear para no interrumpir el estudio visual que estaba haciéndole a la joven que tenía en frente. ¿Debería reconocerla? Era cierto que había algo extraño en sus ojos, una mirada conocida, pero su sexto sentido no estaba precisamente agudo en cuanto a adivinanzas o pronósticos. No, no la reconocía. –¿Debería? –inquirió finalmente, levantando una mano para sacarse el bendaje. Había estado entrenando un par de horas, sus padres se reunirían con ella en seguida para unirse a la sesión de entrenamiento físico. No esperaba visitas que no estaban programadas. –Creo que si –aventuró la joven de ojos claros y larga melena castaña. Las ondulaciones eran naturales, así como las contadas pecas concentradas alrededor de la nariz y pómulos –Deberías. Soy una de las personas de las que te despediste hace muchos años para mi, no tantos para ti. Para ser sincera, esperaba que en mi búsqueda todo lo que encontrara fuese a alguien que me dijese "Lo siento, nunca volvió a por ti porque murió intentando cambiar el futuro como prometió", pero –Thea Simmons soltó una carcajada y negó con la cabeza –En vez de eso, descubro que estás cómodamente aposentada en una base militar, haciendo amigos y dejando que el tiempo pase olvidando por qué viniste aquí. Todo color de las mejillas de Riley Stevens se esfumó. No, no podía ser. Era imposible. Tragó saliva con importantes dificultades y negó una vez, y dos con la cabeza. –Es imposible –compartió sus pensamientos –No puedes ser tu. Deberías tener.. –¿12 años como cuando me dejaste? –siseó la otra. La furia y rencor se leían en su mirada, tan evidentes como el astro rey en una mañana de cielo despejado –¿A punto de cumplir mis trece como cuando Chris te siguió? Hermana. No hay nada imposible y tu deberías saberlo. En fin, para que lo entiendas, vengo de muchos años después. Pero hay cosas que no se olvidan, como las promesas que tu hermana mayor te hizo y nunca cumplió. –No es lo que crees –Riley dio un paso al frente –Iba a volver, pero todo se me fue de las manos. Cambiar el futuro no iba a ser tan fácil como creía, y han pasado cosas... –Ahórratelo –interrumpió su hermana, escondiendo una sonrisa en su mirada –No he necesitado excusas para sobrevivir todos estos años y definitivamente no las necesito ahora. Ni tus disculpas, ni las de tu novio. Con los años he aprendido que no solo el infierno está lleno de buenas intenciones, nuestro mundo también y las buenas intenciones no salvan vidas ni cambian el futuro. Los actos lo hacen, las acciones. Y yo no he venido para quedarme a medio camino como tu. –Te quiero, Althea –los ojos de Riley empañados intentaban darle valor a sus palabras, porque dudaba que fuesen a tener alguno para ella –Te quería cuando me fui y te quiero ahora. Yo no sabía que Chris vendría a buscarme, no sabía que te quedarías sola, yo... Esta vez no fue interrumpida por una reprimenda verbal, sino que fue el golpe seco contra su mejilla de un puño lo que hizo que callase y que además trastabillase apenas pudiendo mantener el equilibrio. Parpadeando destensó la mandíbula para acostumbrarse a la molestia del golpe y al entornar la mirada vio a su hermana más cerca. ¿Acababa de golpearla? ¿Es que había perdido la cabeza? Aparentemente, si, porque volvió a intentarlo y tuvo que moverse para evitarlo. Actualmente. Zona residencial de Fort Hood, Texas. Entró en el apartamento de Zane Sanders -pues era dónde solía quedarse ahora que la dueña había desaparecido y Christopher se encargaba de los cuidados de Thunder- y cerró la puerta tras de si. Dejó las llaves sobre el mueble a la izquierda y avanzó por el estrecho pero acogedor pasillo hacia el salón principal, encontrando un plato de pasta con los cubiertos a la derecha, un vaso y una botella de pepsi de 2L. Sonrió. Como de costumbre, Chris no se olvidaba de ella, aunque llegase a las tantas de la madrugada. El día había sido movidito, había dejado a Skye irse y había ayudado a su tía Elisabeth a trasladar a Alexander a la zona de prisioneros, estaría allí hasta que encontrasen una solución al control mental de Zeon. Antes de volver a casa, había pasado por el apartamento de Iris, recogido algunas cosas de la cocina y la había visto dormir durante unos diez minutos. La echaba de menos. Muchísimo, pero no podía simplemente estar cerca de ella con la actitud que había tenido últimamente. Dejaría que pensara que todo le daba igual y seguiría intentando salvarla por su cuenta, si no pensaba colaborar, entonces no habría asociación ni trabajo en equipo. No podía dejarla morir, no era un "no quería", era un rotundo "no podía". Se dejó caer en la silla frente a su plato y se echó el pelo hacia atrás. Probablemente Chris ya estaría durmiendo, solía quedarse dormido mientras intentaba lo propio con Thunder. El niño era un huracán y aunque agotaba energías, quizá era su legado inmortal lo que hacía tan difícil que conciliase el sueño. Rabiolis con salsa de queso. Buena elección. –Sé que son de tus favoritos –dijo Christopher desde el umbral de uno de los dormitorios. Ajustó la puerta y torció una sonrisa al ver una en los labios de su novia. –Lo eran. En el futuro no teníamos estos manjares ¿Recuerdas? –pinchó unos pocos con el tenedor y los probó, relamiéndose los labios. Si, estaban buenísimos. –Hey. Prometimos no criticar nunca la comida enlatada, era mejor que la sopa de Graham. –¿Intentas quitarme el hambre? –bromeó, o quizá no tanto. –Tal vez –Chris se sentó en la silla contigua a la de Riley y la miró detenidamente –Entras siempre a las tantas de la madrugada, intento esperarte despierto pero sabes que siempre he sido un dormilón. Hoy es mi día de suerte, y nos debemos una conversación. –No esperas ni al segundo plato –murmuró ella, sirviéndose pepsi en el vaso. –Es que no hay segundo. Riley suspiró profundamente y dejó las manos en su regazo antes de girar la cabeza para mirarle. ¿De qué quería hablar? ¿De como había estado esquivándole? Había demasiado que hablar y muy poco que decir, paradójico, pero inescrutable. –¿Aún me quieres? –preguntó él, olvidándose la anestesia y del tacto moral. –¿Como te atreves a preguntarme eso? –contestó ella con el ceño fruncido, mirándole a los ojos. –Has estado evitándome durante.. Semanas, Riley. Creo que estoy en el derecho. –Claro que te quiero –soltó en seguida –Eres mi chico y siempre lo serás. Lo has sido siempre. –¿Entonces qué ha cambiado? –susurró inquisitivo, se leía en su mirada la necesidad de saber qué había ido mal, qué les estaba distanciando –¿He hecho algo malo? Porque si es por no haber ido a esa misión contigo, te di mis razones, alguien tenía que quedarse con Thunder y- –No es eso –interrumpió, humedeciéndose los labios. Se levantó, llevándose el plato –Es complicado. –Imaginaba que lo sería –la siguió él, de cerca –No me evadas otra vez, Stevens. –Ese es el puto problema Chris –dejó bruscamente el plato sobre la encimera de la cocina, no habiéndose roto éste de milagro. Apoyó las manos en el borde y estiró las piernas hacia atrás, como si quisiera destensar la espalda o deshacerse de todos los nudos que pesaban como sacos de carbón –El maldito problema es que te quiero. Y por quererte la cagué ¿Lo entiendes? ¿Sabes como has vuelto? –le miró, humedeciéndose los labios –Dime ¿Lo sabes? –No me lo has dicho directamente pero... Lo he imaginado. Encontraremos la forma de arreglarlo. –¿Y cual es esa forma? –sonrió con pesadez –¿Que yo haga un pacto para evitarlo? Creeme, lo he intentado. No sé dónde se escodan esos cabritos de las encrucijadas pero han pasado de mi culo. Entonces qué, Chris. ¿Como lo hago? Iris va a morir porque fui incapaz de superarte, como siempre soy incapaz de superar cualquier mierda que me ocurra. ¡Por eso estamos aquí! Porque me dije que merecía volver a ver a mis padres, a mis hermanos, a mis tíos... –Volviste porque querías cambiar las cosas –negó él, firme en su postura –Eso me dijiste. –Pues te mentí. No hay nada que cambiar, sea lo que sea que tenga que pasar pasará y intentarlo solo ha hecho que todo vaya a peor. Iris no tiene dónde volver, nosotros no tenemos dónde volver, mi tío se ha encariñado de Noah y ese no era el maldito plan. Zane ha perdido a su único amor por salvarme, por cruzar todas las dimensiones que hayan para ayudarnos y nada de esto habría pasado si no hubiese sido tan estúpidamente emocional como para aferrarme a alguien que ni si quiera es quién yo quería. Es otra, Chris, es otra y no solo he fastidiado nuestro futuro, sino que además he jodido el suyo de tal forma que ya no hay futuro o pasado al que volver. La linea temporal sigue siendo la misma y nada ha cambiado, ni si quiera con nosotros aquí porque mi hermana pequeña, esa que dejé a tu cuidado cuando vine está aquí, con la misma edad que yo o quizá hasta un par de años más, odiándome por haberla abandonado y dispuesta a hacer cualquier cosa para acabar lo que yo ni si quiera empecé. ¿Y me preguntas qué me pasa? –Todo eso lo sé –habló Chris cuando el nudo en su garganta se lo permitió –Todo eso lo se, Riles. Pero lo que no entiendo es qué tiene que ver conmigo. Tu te marchaste y me hiciste jurar que no te seguiría, pero maldita sea, habían pasado meses, casi un año y te necesitaba. Dejé a tu hermana a cargo del consejo, mi intención era venir a buscarte y llevarte a casa. ¿Es eso? ¿Me culpas por dejarla sola? –No –negó, girándose y guardando la bebida en la nevera –No hagas eso. –Porque no es culpa mia Riley –siguió él –La dejé en buenas manos, tenía tanto derecho a ser feliz como tu. Y lo único que me hace feliz eres tu ¿Entiendes eso? –¡No sé como hacerlo! –gritó, girándose para enfrentarle –¡No lo sé Chris! No sé como mirarte a los ojos sabiendo que por mi egoísmo de tenerte Iris irá al puto infierno. No puedo hacerlo. No puedo sentarme a cenar contigo disfrutando de lo nuestro, de lo que quizá merezcamos cuando a ella le quedan meses contados. Te miro y oigo el tic tac en mi cabeza, cuando te doy un beso me siento la basura más apestosa que pueda haber porque ¡No lo merezco! Mi felizidad a cambio de la vida de alguien, eso no hay quién se lo trague. Joder, Chris. ¿Es que tengo que perder algo para tener lo que quiero? –sollozó a tiempo que bajaba la mirada para esconder su expresión que fácilmente demostraba el dolor torácico causado por la opresión de todas esas emociones contra su corazón. El muchacho arrugó el ceño, le partía en dos verla así. Avanzó hacia ella y buscó con las manos atrapar su rostro, obligándola a que alzase la mirada y le viese. –Iris te quiere, Riley. Tu no se lo pediste, no le pediste que vendiese su alma por ti. ¿Tu te sientes una basura? Piensa en cómo me siento yo. Soy directamente la razón por la que va a ir derechita al infierno y podría retorcerme en remordimientos y culpa, pero los dos sabemos que eso nunca ha cambiado nada. ¿Quieres saber lo que si hará que cambien las cosas? Que ella se haya sacrificado para que estemos así. Te quiero, Riles –susurró –Y si hay algo que sé, es que merecemos esto. Nos merecemos el uno al otro porque hemos aguantado lo insostenible y luchado codo con codo contra lo impensable. Sobrevivimos más de lo que cualquiera hubiese pronosticado y te merezco. Te merezco por todas las veces que estuve ahí por ti, por mi santa paciencia hasta que te diste cuenta de que te quería. Por ser el amigo que quería ser algo más, esperé mucho tiempo y no voy a volver a esperar ahora. Y definitivamente tu me mereces, lo que no merecíamos era no tener esto. Nos merecemos –secó con las yemas de los pulgares las lágrimas que soltaban los ojos de su chica resbalando por sus mejillas y se inclinó para besar sus labios, encogiendo su expresión en una de dolor. Dejó que Riley se abrazase a él apoyando la frente contra su pecho y que llorase lo que necesitase. –Todo saldrá bien pequeña. La salvaremos. Te lo prometo. SACRED BLOOD | SEASON THREE
Black Eyed Brother – Part two Riley acariciaba las yemas de los dedos de su mano derecha con los de la otra, quizá estuviese sentada en esa bendita silla, pero por dentro se sentía como si necesitase salir corriendo. Sabía que no tenían ningún derecho a irrumpir así en el trabajo de Elisabeth, por algo no era la científica a cargo del hospital; tenía asuntos personales que atender, pero también sabía que no se negaría a ayudar a Alexander. Era como de la familia. En cuanto a Skye, en cuanto llegaron, la doctora Stevens le proporcionó uno de esos frascos azules. Solo debía beberlo para que su herida, que por pocos centímetros no fue mortal, sanase completamente para dejar solo una cicatriz. Aún así, sus ropas tenían sangre y eso era lo que miraba a veces Riley. También estudiaba a Zero, aislado de ellas a un lado de la enorme sala del laboratorio, siempre tan callado. Por fin, la doctora Elisabeth se acercó a los que esperaban impacientes por noticias. –Hey –saludó al llegar, suspirando y echándose la melena hacia atrás. –Is he ok? –preguntó Riley a la vez que se incorporaba. La de cabellos rubios tampoco tardó por incorporándose, ignorando el entumecimiento de sus piernas. Instintivamente se sostuvo la zona donde se había herido, en seguida recordando que no había rastro alguno más que la marca en su piel. Skye se mordió la lengua, para no hablar y aguardar una respuesta, mientras sentía la presencia de Zero que también se había acercado a ellas. –Any news? –inquirió el hombre, con un tono neutro, mientras observaba a la doctora. –He's just fine. He's got a rib broken and probably a bad headache when he wakes up, but there's no track on supernatural issues or side effects. –Great, because... –Riles se humedeció los labios, inspirando profundamente –He was freaking Zeon. And then, when batman kicked his ass –señaló a Zero sin verle –He fell asleep and I swear to god his blood was black. And it was like a freaking nuclear bomb. It crashed all windows and stuff like that. –Well –Elisabeth arrugó el ceño –We know Alex has demon blood. And we knew Zeon would eventually try to get him back. He owns him, or at least he thinks he does. Alex is not ill, he's not dying, he's being claimed. –So we need to find a way to block his mind or something. Great, extra worky for the empty witchy –ironizó repitiendo la burla de Zeon. –Well, good luck with that –el hombre tomó el brazo de Skye, tirando de ella. Aunque justo lo que esperó como reacción, sucedió. La muchacha se soltó de manera seca, mirándolo como si estuviera completamente loco. –What are you doing? –inquirió, frunciendo el ceño. –We’re leaving –articuló Zero tras mirar momentáneamente a las Stevens. Skye soltó el comienzo de una risa, incrédula y se humedeció los labios cuando negó un par de veces. –No, in any case, you –hizo incapié en aquella palabra– are leaving. –He was going to kill you –farfulló el hombre cuando avanzó un paso hacia ella. –Yeah, and you save me, us, thank you. Hi five –contestó ella rápidamente fingiendo una sonrisa. –Hi fi…? –el entrecejo de Zero se frunció–. Look, I’m just trying to help you. And what they’re saying is that a demon wants him. He was goind to kill you because you’re in the way of his plans. They don’t even know how to help him and if –volvió a mirar momentáneamente a las mujeres– they can help him. –I should have drained all his blood when I had the chance –murmuró Elisabeth a su sobrina al escuchar la discusión entre Zero y la joven Conover. Riley alzó las cejas de tal forma que parecía estar de acuerdo, y después se volvió hacia su tía, para poder verla mejor. –Can I say something without you get mad? –entrecerró solo un ojo, cautelosa. Al verla asentir, suspiró –You look like crap. You're dying again. Lizzie rodó los ojos. –Focus, Riley. We need a plan now. If Zeon can control Alex mind crossing all the protection in this place, we're in trouble. I don't like this, but we need to lock him in jail, a protected against demons jail, until we find out how to block his mind from Zeon's chi. La joven asintió, estaba de acuerdo, pero al final arrugó el ceño. –Chi? –It's not a scientific word, I had to try out of my context. -Well you failed –le palmeó el brazo. La discusión entre la muchacha y el hombre estaba muy lejos de terminar, sin embargo, Skye parecía no tener deseos de pelear en ese momento. O si peleaba quería pelear por Alexander. Aspiró aire e intentó llenarse de paciencia o autocontrol. –Zero –lo miró con seriedad– tell me, was there anything that you wouldn’t have done for your family? Cause even if I don’t even know your real name, or who you were or who you are... or what the hell is going through your mind 100% of the time, I know that answer. And the answer is no. There’s anything that you wouldn’t have done for her. –That’s true –contestó entredientes el aludido– but look at me. Does it look like it worked? Los ojos de Skye se humedecieron tenuemente y negó. –Please... just stop –aspiró aire una vez más–. You’re free to go, cause this is my life and I’m the one making choices, not you. I appreciate it, all of it, but just... it’s my call, you know? –Yeah. I know –el hombre asintió. Skye también lo hizo, luchando con las lágrimas, esperando que el hombre se girara y se fuera por la puerta. Pero en cambio, simplemente ladeó el rostro, acercándose a las Stevens. –Do you have any idea what to do? Anything... we –miró de reojo a la joven Conover– could do? –No –negó Elisabeth, adelantándose a su sobrina –Acabais de llegar. Aún no tenéis autorización para el 90% de los edificios de la base, y mucho menos para trasladar a alguien a prisión. Llamaré a Jack, es un comandante de fiar, la mano derecha de mi hermano, sabrá ser sigiloso y sutil. Hasta que encontremos el modo de bloquear a Zeon, es importante que Alex esté aislado. No soy una experta, pero esa clase de trucos demoníacos se crecen con las emociones. Y conociendo a Alex, se sentirá culpable hasta la médula después de lo que ha pasado –buscó la mirada de Skye –Encontraremos la forma de solucionarlo. –Si –asintió Riles –Tienes mi palabra. No es la primera vez que sucede algo así, solo es.. un tanto más complica.. Wow –sostuvo a su tia antes de que pareciese desplomarse –Told you. –Es culpa tuya. Llevas demasiado perfume. Riley arrugó el ceño y se olió. Hizo un puchero. –Es el favorito de Chris. Zero se aproximó, reaccionando también a la desestabilizad de la mujer. –¿Necesitas ayuda? –preguntó, mirándola por un momento. La mirada de Skye estaba perdida en algún sitio, estaba más allá de ese lugar, sus pensamientos se habían ido lejos, sin que pudiera evitarlo. Quiso golpearse a sí misma, las emociones no hacían más que volverla torpe, pensaba y actuaba mejor cuando no había sentimientos involucrados. –¿Puedo verlo? –inquirió Skye, reaccionando de repente– Antes de… se lo lleven –agregó, en voz un poco más baja. Nadie contestó verbalmente en un principio, pero Elisabeth si lo hizo asintiendo con la cabeza. –Claro. Está en la pequeña habitación al final del laboratorio –indicó. No había peligro alguno, le había administrado sedantes al joven, así que de tomar Zeon control de él nuevamente, no podría despertar. Era seguro. La vio marcharse y entonces sonrió con cierto sarcasmo a Zero. –Si tengo que ser algo seré tu robin, no tu damisela en apuros. Estoy perfectamente. –No, no lo estás, y ese actitud de negación constante solo hará que te agotes y que me agotes a mi –la abrazó de lado. –Eres tan dramática. –Eres mi tía. Y he visto el futuro, es fácil. ¿La palmas? Nos machacan. Así que si, necesita ayuda. –¿Qué va a hacer? ¿Darme un beso sanador? –ironizó Elisabeth. El hombre simplemente enarcó ligeramente las cejas al oírla y formó una pequeña sonrisa sarcástica en sus labios. Recordó un poco por qué no se interesaba por las personas en general, no porque se tomara a mal aquellos comentarios. Aunque la paciencia y el trato con las personas estaba algo oxidado para Zero. –No, pero puedo dejarte inconsciente por un momento, como al chico, y sería un alivio para todos –contestó con cierta acidez él, aunque bromeaba. O no. En su expresión era difícil saberlo. Skye entró a la habitación con cuidado, como si el menor ruido que hiciera fuera a despertar a su hermano. Aunque se preocupaba más porque algo más despertara en vez de Alexander. Entró con lentitud, observándolo y contuvo las ganas de gritarle o golpearlo. No lo culpaba, pero tenía demasiadas sensaciones y todo era demasiado para su control. Sin embargo solo se sentó en el borde de la cama, presionando fuertemente el colchón con sus manos, perdiendo su mirada en el suelo. Elisabeth miró intensamente a Zero y dio un paso para probablemente reaccionar verbalmente pero saliendo victoriosa, se le daban bien las palabras. Pero Riley intervino. –Okay, grumpy Seal –la muchacha puso la mano contra su pecho para alejarle –Enough hurting words you two. We're on the same side, remember? Same Team. You better point your sexual atraction somewhere else. –Oh, come on, there's no sexual atraction –dijo asqueada Lizzie –He's not my "tipo" –acabó en español. –Well, I think he's everyone's "tipo" so don't go pretending you're not hot –después la empujó –Go check your petri stuff and save the world. –Aren't you on my side? I'm family –se quejó, sin embargo, alejándose. Riley se volvió hacia Zero e hizo una mueca. –She's dying. She's mad at the world, protons, proteins. Anions.. You know. Pissed off. She's a good woman, I swear. –TELL HIM TO NOT TOUCH MY PETRI STUFF. –Gooot it! –gritó en un cántico Riley, y se aclaró la garganta –Really, she's good. Zero mantuvo la mirada en la doctora, que se alejaba, completamente descolocado por toda la palabrería y su actitud en general. Mujeres. –And crazy –añadió él, cuando posó sus ojos claros en la joven que tenía al lado. Luego se aclaró la garganta, inaudiblemente, cruzándose de brazos y retomando algo de seriedad. –She’s dying? –preguntó por mera curiosidad, no porque fuera de su incumbencia. –Yep –contestó la aludida, cruzándose de brazos y volviéndose para ver también a su tía sacar unas muestras de una incubadora, preparándolas para examinarlas en el microscopio –She got infected by some.. new virus. The umbrella kind of virus. The S4, the bad guys created it and tested it on her. It's not contagious, but it's been killing her slowly since.. I don't know. Four months or so. It's crazy because she can create all kind of stuff, really good stuff. The blue bottles, bracelets with some kind of a-polar non-polar force that protects who carries it from all kind of hard moves. But there she is, unable to save herself. She won't stand too long –torció los labios en una mueca. –Who is a motherfucker protein? Who is it? Oh you are a motherfucker protein –hablabla Elisabeth a la placa que examinaba –And I haaate you. –Sorry, kid –murmuró Zero con sinceridad, volviendo a observar en dirección de la doctora. Sin embargo, antes de poder decir algo más, la figura de Skye apareció por el corredor, aunque simplemente al verla supo que algo no iba bien. Bueno, algo más. –Hey bl… –comenzó, incluso estirando su brazo para detenerla pero ella lo esquivó. –Leave me alone –dijo rápidamente la de cabello rubio y esquivó al hombre y la muchacha, alejándose aún sin saber donde ir, pero necesitaba salir de allí. Zero suspiró, con molestia y negó una vez. –Just great –se dijo más bien a sí mismo y volvió a mirar a Riley– You know? This is one of the times where I hate being right –admitió. –Don't worry –murmuró Riley a Zero, apretándole el brazo en un gesto de apoyo –This is a friend situation. I'll go after her. You.. Stay with crazy doctah there –indicó a su tía –Would you? –se alejó unos pasos –I'm going for a while Einstein! Behave. –Einstein. That was a bad joke –murmuró Lizz al escucharla. El ritmo del andar de Skye era bastante rápido, aún así, la joven Stevens pudo alcanzarla, teniendo que correr un pequeño tramo para lograrlo. –Hey, hey. Hold on there blonde. You need to breathe –se adelantó, hasta interponerse en su camino –In and out, okay? Look at me –estiró las manos y las dejó sobre sus hombros –It's gonna be ok, Skye. You have my word. La mirada que le devolvió Skye no era una precisamente amigable, pero aún así no intentó soltarse, al menos no aún. –I just… can’t deal with all this right now –soltó entredientes, sin alzar la voz que se le dificultaba articular debido al nudo en su garganta–. Not right now. I need to get some air, and I need to be alone for a while. I haven’t been this surrounded by people in... I don’t know. All the thing with my brother, and the fact that a demon talks about my mother like she was his sweetheart and tells me I have powers... –tensionó su mendíbula y negó– I really need some time on my own. So could you, please, let me go? I don’t want to punch you in the face again –intentó sonreír, pero no lo logró. Riley escuchó atentamente cada palabra de la hermana de Alexander. Cuando la muchacha acabó, la morena de ojos azules suspiró, pero no la soltó. –Yes.. Actually, I could let you go because I really understand what is like to need a time on your own. But that's the main point in this shitty situation, don't you see? You had enough time on your own girl. A lifetime on your own. And I get it, you're not used to people caring about you, or talking too much when all you want is to walk away but I am not letting you go. Okay, I may let you go to the toilet but the thing is.. –suspiró profundamente –The truth is.. sitting alone near the fire place won't help you at all. You know what's really helpful? A hug. A pirates of the caribbean marathon. Or to hit people –admitió, asintiendo –I told you the best of friends are those you can punch on the face when you need to. I know it's too much to take, and that you're scared to hell and back. But you're not alone anymore and you need to understand that. El mentón de Skye tembló y sus ojos azules se aguaron ligeramente mucho antes de que ella pudiera impedirlo, a medida que las palabras llegaban a sus oídos. No entendía como podía mostrarse de aquella manera con ella si realmente no la conocía. Conocía a su hermano, pero Skye no, y él tampoco a ella. Sabía que tantas emociones para él habían sido parte del detonante por el cual aquel demonio avanzó en su mente, y por un momento pensó que quizás hubiera sido mejor para Alexander si ella se hubiera quedado donde estaba. –I’m sorry, Riles –tragó saliva y alzó sus manos para sostener las de ella y así obligarla a que la soltara, sin ejercer fuerza o lastimarla. Había apreciado cada cosa que le había dicho y quizás por esa razón retrocedió un paso y antes de que volviera a detenerla se apresuró para alejarse. Estaba abrumada, dolida, enojada y demasiado asustada para admitirlo. SACRED BLOOD | SEASON THREE
Chapter – Black eyed brother
Había acudido allí por el SOS de Alexander, pero no imaginaba que la razón de tanto problema iba a ser precisamente aquello.
Estaba acostumbrada a las bombas informativas, es decir, sus vidas eran un sin parar de acontecimientos importantes que podían desencadenar -y seguramente lo hiciesen- en tragedias apocalípticas, por lo que recuperarse del shock de saber que la mujer que dormía en el dormitorio contiguo al de Alex era Skye Landon Conover, no fue tan difícil. Ella lo llevaba bien, con whisky en mano podía lidiar con cualquier cosa, el que no parecía llevarlo bien, era él.
-Alex –llamó con cuidado Riley, buscando la mirada del aludido. Parecía estar en las nubes –¿Te importaría volver al planeta tierra?
-¿Qué? –Alex parpadeó, enfocándose en la muchacha. Se aclaró la garganta y se llevó otra cucharada de cereales a la boca, masticando –Lo siento –dijo con la boca llena, pero consiguiendo hacerse entender –Todavía estoy flipando.
-No es para menos. Tu hermana está para tomar pan y mojar –se inclinó hacia la izquierda para poder ver hacia la habitación. La puerta estaba entreabierta y podía adivinar la silueta de la joven de cabellos rubios, que dormía por primera vez en mucho tiempo en una cama decente.
-La cuestión no es si mi hermana es o no una modelo, céntrate. ¿Crees que te he llamado para que flipes conmigo? Necesito tu ayuda. Se ha criado en una jungla, y ahora está en la civilización y sé lo abrumador que puede llegar a ser. Cuando yo volví de Pandora pude adaptarme porque cuando me marché, tenía doce años. Todo estaba borroso pero los recuerdos seguían allí, ella.. Solo era una niña cuando llegó a esa dimensión. Para ella, todo es desconocido.
-De acuerdo –Riley levantó las manos, quizá a la defensiva, para que se calmase –Lo entiendo. Será como esa película de George de la Jungla ¿Pero qué puedo hacer yo que no puedas hacer tu? -Bueno –frunció el ceño –Tu... Eres una mujer.
-Muy agudo, Sherlock –enarcó las cejas. Vio a Alex hacer lo mismo y separó los labios al caer en la cuenta de qué estaba tramando –Ah no. –se levantó del taburete y rodeó la mesa –De eso nada.
-¿Por qué? –él también se incorporó, olvidando su desayuno –No te estoy pidiendo que le pongas una porno o que la lleves de compras. Solo te pido que... La ayudes un poco. Que le prestes algo de ropa, charles con ella... Necesita sentirse cómoda y necesita saber que puede confiar en lo que la rodea, además de mi. Y tu eres muy social.
-Yo soy social –rió, señalándole insistentemente –Tu te has tragado una seta alucinógena.
-Riley –Alex apoyó las manos en el filo de la mesa, –estamos en guerra. Puede que Fort Hood sea un lugar seguro pero ambos sabemos que nada garantiza que siga así por mucho tiempo. Las cosas se pondrán feas, y necesito que esté preparada cuando venga el peligro. Que pueda sentirse cómoda defendiendo y que no flipe en colores cuando sostenga un bazoka.
-Hasta yo flipo en colores con los bazokas –se frotó la frente, suspirando. Resignada –Está bien. -Gracias –negó –Te deberé un favor enorme.
El sueño ligero de la muchacha que descansaba en el cómodo colchón se interrumpió, como ya lo había hecho muchas veces. Era como si su cuerpo, sus sentidos, sus instintos la sacudieran para rescatarla de la inconciencia, como si toda la tranquilidad, todo el silencio y la quietud fueran más que señales de que algo más venía. Algo malo. Así era siempre.
Sin embargo, a diferencia de las veces anteriores en las que se forzó a dormir de nuevo, pudo oír voces fuera de la habitación, lo que hizo que Skye se sentara rápidamente casi sobresaltada. El pulso se disparó con facilidad, las imágenes en su mente se desataron como cascadas, recordándole sus sueños, o más bien pesadillas. Pero no articuló sonido, se limitó a respirar y se puso de pie, tardando unos segundos antes de salir del cuarto.
A diferencia del día anterior, la piel morena de la joven rescatada de la dimensión salvaje estaba limpia, así como la camiseta de mangas cortas que llevaba, que su hermano amablemente le había ofrecido, así como un pantalón de gimnasia que también le quedaba grande pero al menos no estaban cubiertos de tierra y sangre.
La rubia se sostuvo el pantalón para que no se cayera y tras echarse el cabello hacia atrás observó a Alexander hablar con una muchacha.
–¿Pasó algo? –preguntó, posándose en el umbral de la puerta.
Las miradas de Alex y Riley se posaron en la rubia que acababa de aparecer en escena. Riley solamente negó con la cabeza, pero Alex hizo más. Se acercó para garantizarle seguridad.
–No. No pasa nada, ella solo es... Es una amiga –miró de reojo a la joven Stevens –Es la sobrina de la amable y chiflada científica que te sacó sangre anoche. La he llamado porque.. He pensado que ella podría dejarte algo de ropa más... De tu talla –sonrió, echándole un vistazo de pies a cabeza y cuando volvió a encontrar sus ojos, los suyos eran interrogantes –¿Estás bien? ¿Has dormido bien?
–Definitivamente voy a tener mucho trabajo con esta chica –susurró Riley al lobo que seguía tirado en la alfombra.
Sheiko solía ser un animal alerta y peligroso, su único trabajo era proteger a los suyos. Pero desde que su dueño había perdido su alma, faltaba esa chispa salvaje en él. Ahora solo se veía como un cachorro demasiado grande, completamente inofensivo. Estiró las orejas en punta al oir a la chica y se dejó caer hacia un lado, para estirarse con las patas completamente extendidas.
–Te he preparado desayuno –Alex tomó la mano de su hermana y tiró suavemente de ella –¿Te apetece comer algo? Debes tener hambre.
Los ojos azules de la joven Landon-Conover se mantuvieron en la figura femenina que había no muy lejos, era la segunda que veía en aquel lugar, pero a diferencia de la mujer ella parecía tener alrededor de su edad. La afirmación de su hermano de que era una amiga la tranquilizó bastante, aún así estaba algo tensa.
–Bastante –contestó Skye a su pregunta, mientras de dejaba guiar por Alex a la mesa.
Se sentó en una de las sillas, cruzándose de brazos de manera instintiva deslizando su mirada entonces al animal desparramado en el suelo, enarcando ambas cejas. Ese lobo parecía ser civilizado también. Luego volvió a mirar a la muchacha que tenía delante, estudiando un poco sus facciones, en especial su piel pálida cubierta de pecas y lo azul que eran sus ojos, así también como el cabello oscuro, curiosa.
–No tiraste mis botas, ¿no? –preguntó luego al ladear su rostro para mirar a su hermano, curvando sus pies descalzos para posarlos en el borde de la silla cuando alzó sus piernas sobre ésta.
–No –negó inmediatamente el jovencito, echándole los cereales en el cuenco con leche y acercándoselo. También la cuchara –Eran tus favoritos cuando eras pequeña –sus ojos brillaron por la melancolía, y Riley se aclaró la garganta.
–¿Botas? –preguntó con curiosidad, sonriendo.
–Esas –Alex señaló las botas viejas que estaban en la repisa de la ventana. ¿
A eso llamaba botas? Pero si era.. Eran... Esa pobre chica tenía que tener los pies destrozados.
–Claro. Esas. Skye –llamó, tomando exceso de confianza y echó los brazos sobre la mesa, mirándola con amabilidad y sin pretender incomodarla –¿Qué te parece si cuando acabes de desayunar, vamos a mi apartamento, te presto algo cómodo y vamos al edificio de entrenamiento? Estoy segura de que necesitas descargarte y yo estoy algo oxidada. Puedo ponerte al día sobre algunos temas mientras nos damos una paliza mutua...
–Nada de peleas –cortó Alex, mirando a su amiga incrédulo. Le susurró –¿Esa es tu manera de hacerla sentirse cómoda?
–Tonterías. Como se nota que no conoces a tu hermana –Riles le revolvió el pelo –Se le ve en la cara y en esos fuertes brazos que necesita dar tundas de vez en cuando. Lo pasaremos bien.
“Y te destrozará”, pensó Alex. Aunque quizá fuese un buen escarmiento. Sonrió para si y esperó paciente a que su hermana le dijese qué le parecían los cereales.
La joven Landon-Conover había tardado bastante en alzar la cuchara llena de cereales y leche, pero finalmente lo hizo y la llevó a su boca. Hizo una mueca y dejó el utensilio dentro, tragando el bocado y negando varias veces. ¿Eran sus favoritos? Sabían demasiado dulces, probablemente su gusto estaba prácticamente dañado. Sin embargo no comentó nada al respecto, había comido cosas peores, y volvió a sostener la cuchara aunque esquivó los cereales solo alzando el líquido blanco.
–Me agrada el plan de la pelea –contestó Skye, humedeciéndose los labios o más bien asegurándose que no estuvieran sucios, y observó a su hermano intentando tranquilizarlo–, de hecho creo que me sentiría bastante cómoda haciendo algo físico más que… hablar y escuchar. Digamos que no tenía muchos temas de qué hablar con Zero y cualquier extraño que encontrara no era muy conversador hasta que le rompía el cuello antes de que rompiera el mío –se encogió apenas de hombros observando entonces a Riley–. ¿Tienes nombre? –preguntó.
La muchacha sonrio a quién acababa de preguntarle su nombre, incluso enseñó los dientes, y habló tras ellos pronunciando apenas en voz baja a Alexander.
–Le rompía el cuello a la gente.. Qué simpática.
Después, se aclaró la garganta y se sirvió un poco más de Whisky.
–Riley. Pero mis amigos me llaman Riles.
–Lo que intenta decir es.. –Alex excusó a su amiga por explicarse fatal –Que puedes considerarte su amiga y llamarla Riles.
–Eso –la de ojos claros sonrió y se llenó la boca con un gran cucharón.
Las cejas de la muchacha de cabellos rubios se alzaron mientras observaba a ambos jóvenes hablar y la cierta tensión que incluso ella siendo básicamente una bruta podía percibir. Después de toda estaba hecha a fuerza de instintos, y en ese momento le comunicaban que algo estaba tenso.
–Bien, Riles –dijo entonces Skye, curvando las comisuras de sus labios en una sonrisa.
Por un momento no dijo nada más, aunque observó a quienes estaban cerca, notaba la mirada de Alexander en ella casi todo el tiempo, y entendía, porque ella también lo observaba bastante, como si fuera a desaparecer al no mirarlo. Volvió a utilizar la cuchara para beber la leche aunque lo vio bastante ridículo, alzaba más bien poco y tenía que hacer equilibrio. ¿Por qué tantas complicaciones?
–¿Es ella una de las… chicas de las que íbamos a hablar? –preguntó la rubia, mirando a su hermano, sin poder olvidar lo que le había dicho aunque probablemente no entendía realmente el sentido de trasfondo.
Alexander cerró los ojos y apoyó los codos en la mesa, para justo después dejar caer la cabeza contra sus manos. No, ese tema no.
–Con que una de las chicas eh.. –Riles siguió comiendo, bastante cómoda en ese ambiente ahora -No sabía que sentías algo por mi, Big man.
–No tiene gracia Riles. Al menos yo no mezclo el alcohol con la leche y los cereales. No sé como no estás vomitando ya.
–Es que es ver tu cara y sentir mariposas sanadoras en el estómago –rió la joven, echando la cabeza hacia atrás y llevándose un dedo a los labios para impedir que se le fuera un pequeño aro de los cereales. Notó la patada de Alex bajo la mesa y decidió comportarse, o eso intentaba, pero controlar las carcajadas era realmente difícil. –Bien Skye –Riles se puso en pie –No tienes que disimular, odias este desayuno y las dos queremos a tu hermano por intentarlo –rodeó la mesa para esperar a que se levantase –Vamos a entrenar antes de que Alex siga poniéndose colorado y le confundan con un tomatero.
El entrecejo de Skye se frunció con evidente extrañeza, pero de nuevo, sabía que el 99% de lo que ocurría allí escapaba a su entender. No iba a perder la cabeza intentando saber qué sucedía, ya aprendería a vivir con ello. Sin embargo carraspeó de manera audible al ponerse de pie y se acercó a Alexander, posándole una mano en el hombro.
–Lo siento. Es que no estoy acostumbrada a esto –movió su cabeza indicándole los cereales, o más bien todo el ritual en general–. Pero… gracias –agradeció, imaginando que eso eran señal de educación aunque de verdad apreciaba los gestos de su hermano.
Luego se volteó, volviendo a sostenerse los pantalones que prácticamente se estaba pisando.
–Vamos –dijo y asintió una vez, dispuesta a seguir su guía. - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
Edificio de entrenamiento y estrategia. Fort Hood military base
Riles acababa de pasarse el bendaje de la mano izquierda, y cuando finalizó le echó un buen vistazo a su compañera de combate. Definitivamente esa ropa deportiva se veía mucho mejor en ella. Ajustada, de su talla. Parecía mentira lo mucho que podía cambiar a una persona la ropa que llevaba.
–Quizá sea la primera vez que haces algo así, pero es sencillo. No hay reglas. Allí afuera no las hay, así que no quiero que te cortes, ni que te relajes. Da lo mejor de ti y enséñame de qué estas hecha ¿De acuerdo? –le sonrió.
No eran las únicas en aquél gimnasio, pero si tenían aquél katami para ellas dos solas. Riley estaba segura de que en cuestión de minutos, tendrían público. Las peleas entre mujeres eran el pasatiempo favorito de los babosos de la base.
kye le devolvió la sonrisa, de lado, mientras se echaba todo el cabello hacia atrás tras enroscarlo un poco. Había notado que su compañera de entrenamiento se había recogido su pelo oscuro, y se preguntó si realmente así sería mejor.
Aún así, se desenfocó de los detalles y comenzó a mentalizarse para la pelea, aunque entendía que era solo por diversión. Su primera vez tirando golpes solo por pasatiempo, pero como había dicho, se sentía más cómoda con aquello. No se sentía demasiado cómoda con las ropas ajustadas, aunque sus jeans desgastados lo eran, no se pegaban como aquella tela a su figura, al igual que la camiseta sin mangas.
Una vez más se obligó a concentrarse y asintió.
–De acuerdo –contestó a Riles, y frunció sus labios.
Aguardó a que la muchacha se colocara en posición de defensa, tampoco iba a utilizar la distracción como comienzo cuando era que no debía luchar por su vida, y en ese momento lanzó el primer golpe hacia delante con su puño derecho.
Riley tuvo tiempo para enarcar las cejas antes de verse obligada a retroceder para esquivar el golpe. No se había andado con rodeos, no. Pero eso le gustaba.
Esperaba que no fuese tan rápida como Althea, su hermana, porque no quería volver a pasar por esa humillación. O quizá era simplemente masoquista. Avanzó el paso que había retrocedido para devolverle el golpe, amagando simplemente con atacar hacia su rostro, para poder hacerlo después con el puño izquierdo hacia su estómago.
Uno que fue interceptado cuando la joven Landon-Conover colocó su brazo, llevándose el impacto pero en un sitio donde no la desestabilizaría. Tan pronto como lo detuvo, tras flexionar sus rodillas, llevó su puño libre al costado de la muchacha impactándolo de manera seca.
Skye aprovechó el momento para darle un pequeño empujón al buscar separarse y dio dos trotes ligeros hacia atrás, colocando sus antebrazos delante de su rostro, resguardándose de un ataque, inclinándose para cuidar su estómago también. No esperó a que ella avanzara, sino que tras un leve giro alzó su pierna izquierda para lanzarla en su dirección a la altura de su cabeza.
Si bien el golpe en su costado la había desestabilizado ligeramente, Riley recuperó en seguida su postura defensiva y haberlo hecho garantizó que pudiese detener el próximo golpe de su atacante. Atrapó su tobillo con la mano izquierda e hizo una ligera pero suficiente fuerza hacia la dirección de su mismo brazo para desestabilizarla, aprovechando que se mantenía en poco equilibrio. Y entonces pudo levantar ella misma su pierna derecha para impactarla contra el estómago de la rubia. Era rápida, y sabía lo que se hacía. Si Alex le preguntase, por ahora le diría que no se preocupase en exceso, porque su hermana parecía saber cuidar de si misma.
Skye se encogió un poco al recibir el golpe que le hizo soltar el aire repentinamente pero sus comisuras se alzaron en una sonrisa bastante animada. Sacó provecho al hecho de que la joven Stevens sostenía aún su tobillo y tras impulsarse con su otro pie, echó su pierna hacia delante, obligándola a retroceder o más bien empujándola. Al no lograr que aquello la soltara, impacientándose a estar sujeta en contra de su voluntad, la muchacha flexionó su pierna capturada, así acercándose al cuerpo femenino y giró su torso cuando alzó su codo para golpear uno de sus pómulos. Siempre había preferido disparar su arma más que ceñirse a una pelea cuerpo a cuerpo, pero sabía que su puntería era tan buena como los reflejos de su cuerpo.
-Wo –soltó Riley justo después de haber trastabillado torpemente hacia su propia derecha. Se pasó el dorso de la mano por el pómulo y se miró después la misma, adivinando algo de sangre. Alzó las cejas, observó a su adversaria –That was intense. But girl.. –alzó nuevamente ambos brazos, a la defensiva –Shit's about to get real.
Avanzó hacia ella, aparentemente con intenciones de atacar, pero esperó a que Skye lanzase el golpe para agacharse, salvando su rostro esta vez y después golpear de forma seca su estómago. Barrió sus piernas a la altura de los gemelos, haciéndola caer.
Al caer sobre la superficie dura, la de cabello rubio soltó un pequeño quejido, aunque no tanto de dolor sino más bien de molestia, de manera espontánea. No tardó en curvarse sobre ella misma, aún con la falta de aire ante el certero golpe en su estómago, y tras doblar sus piernas las estiró con brusquedad, a la altura del suelo, acabando por desestabilizar a Riley también.
Skye se aseguró de que cayera y aspirando aire lentamente, procurando no sostenerse el abdomen, se giró, incorporándose apenas para poder colocarse sobre la muchacha. Posó sus piernas sobre los brazos femeninos, imposibilitándola a que se moviera y sus manos las echó hacia atrás para sostenerle las piernas.
–I can’t breathe, I grant you that –murmuró en un hilo de voz, sintiendo la zona de su estómago aún acalambrada y sonrió un poco al observarla desde arriba.
La caída también había causado una evidente molestia en la espalda de Riley, pero todo lo que demostró fue una socarrona sonrisa.
–You know? –preguntó, aunque intentase moverse para librarse de sus estratégicos y firmes agarres –I think we're gonna be good friends.
Un instante después de borrar la sonrisa, Riley se impulsó aún y si corría riesgo de partirse la espalda para alcanzar a golpear la frente de Skye con la suya. Necesitó hacerlo dos veces para conseguir que la rubia cediese en su fuerza, y entonces pudo librarse de ella con un seco empujón. Se incorporó ágilmente, levantándose sin ayuda de las manos al impulsarse y estuvo en posición defensiva otra vez.
–Tell you what. No matter how good you actually are at this, I don't know why, whenever it comes the time your enemy is not your training partner, you're the one screwed. I think it's a life law or something.
Esperó hasta que Skye se incorporara, abandonó la charla y volvió a la carga, intentando devolverle el golpe en el pómulo.
La atacada se movió, para esquivar el golpe, sin lograrlo debido al ligero mareo que los golpes en su frente le habían dejado por lo que su rostro se ladeó con la fuerza del impacto.
–Tell me about it –respondió Skye, moviendo su mandíbula para estirar la piel de su rostro y batallar con el dolor en mandíbula.
No había alcanzado a moverse completamente por lo que su labio inferior había sido la víctima. Su lengua se posó sobre el pequeño corte saboreando el gusto metálico y una vez más sonrió, aunque de manera contenida.
Una sonrisa que no avecinó los dos golpes seguidos que lanzó con sus puños, ganando espacio al avanzar, sabiendo que ella los detendría la sostuvo de los hombros con ambas manos para alzar una rodilla y golpear su abdomen.
Aquél golpe dolió más de lo que había adivinado cuando lo vio venir, demasiado tarde para evadirlo de todas formas, así que quedándose sin aire por unos instantes, tuvo que pensar deprisa como contratacar. Dejó ambas manos sobre los brazos de Skye y tiró de ella para después empujarla contra una de las paredes de la habitación cerrada. Ganó distancia dando un paso hacia atrás, soltándola, solo para llevar el puño hacia delante. Se habían dejado de niñeces, eso seguro. Podía ser un entrenamiento, pero los golpes no hacían cosquillas.
Al verse empujada contra la pared no tuvo tiempo a salir de aquel encierro antes de que el puño de Riley llegara a una de sus mejillas y no pudo hacer más que dejar que su rostro cediera ante el golpe. Ésta vez el quejido que dejó salir entre sus labios fue verdaderamente de dolor, aunque la molestia también hacía su aparición, que hizo que se guardara una maldición que no tendría sentido soltarla.
Skye se impulsó de la pared con ambas manos, echándose sobre su atacante una vez más cuando le lanzó un golpe a la altura del rostro, pero en seguida impactar su pie en una de las piernas para desestabilizarla y entonces alzar su pie nuevamente para golpear su costado, a la zona de sus costillas y volvió a repetir cuando su puño fue en dirección al rostro repleto de pecas.
El último golpe giró a Riles suficiente ángulo para que no pudiese ver a su adversaria, pero pudo estirar los brazos a tiempo y apoyar las manos en el suelo para evitar caer rendida completamente. Cerró con fuerza los ojos e hinchó sus mejillas antes de soplar, escupir la sangre que le daba un sabor metálico y acabó apoyando solamente una mano para poder sostenerse la zona de las costillas con la otra.
–Alright.. –dijo, arrodillándose e irguiendo la espalda, soltando un quejido –I'm so gonna kick your ass –intentó levantarse, pero el tirón doloroso en su costado hizo que renunciase al intento. Levantó un dedo –But not now.
La joven Landon la observó desde su posición, con su respiración acelerada, aunque al ver que ella no tenía intenciones de levantarse, si bien sin confiarse del todo, suspiró de manera audible y asintió. Se pasó el dorso de su mano por el labio, que sentía húmedo y se limpió el hilo de sangre o más bien lo dispersó por su piel ligeramente.
–Time out, huh? –dijo Skye, aún respirando de manera audible.
Retrocedió unos pasos, asegurándose que de ser un acto lo que la muchacha tenía en mente, no alcanzaría para tumbarla a ella también. Se acarició también el pómulo, donde no tardaría en quedar una linda marca de diferentes tonalidades.
–You ok? –quiso saber, sin acercarse, dejando que su espalda se posara en la superficie fría de la pared para descansar un poco.
–Yeah, I'm great. It's not like my rib's broken or something.
Haciendo un mayor esfuerzo, Riley consiguió levantarse y fue tan erguida como pudo hasta la misma pared en la que Skye se había apoyado, encontrando el poder acomodar la espalda contra ella sumamente aliviador. Inspiró por la nariz y se pasó la mano por la boca, sin mucha delicadeza, limpiando la sangre. Giró la cabeza, viéndola.
–What about you? Hey –estiró un brazo, señalándola –Nothing personal, I really like you. The kind of friends you can fight with are the best kind.
–Really? –Skye la observó al ladear su rostro también.
De más estaba aclarar que no sabía acerca de amistades, o probablemente acerca de cualquier relación humana que pudiera considerarse ordinaria allí y no la compleja y extraña que mantenía con Zero. Aún así, el trato con su hermano parecía darse natural, sin obligarla a esforzarse. Quizás no recordaba cada detalle, pero sí sabía simplemente que confiaba en él.
–Then I could get some of those friends –murmuró al oír su comentario–, and for what is worth, I like you too. You got a good arm.... and good legs –asintió, frunciendo los labios para sonreír pero deteniéndose ante el dolor del corte.
–By the way, that was fun, thank you –Skye sonrió de manera fugaz.
SACRED BLOOD | SEASON THREE
Will you ever forget, child?
Lancaster legacy
We should go to sleep now, You should stay the night I'll be up to watch the world around us live and die Lying on the grass now, dancing for the stars Maybe one will look on down and tell us who we are