Bueno el bar no abrirá el día de hoy
Creo que New York es la ciudad de los ex-glee club -Bromeo- Estoy muy bien no me puedo quejar, ¿que tal tu?
Algo cansado, en verdad. Pero fuera de eso, muy muy bien.

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Bueno el bar no abrirá el día de hoy
Creo que New York es la ciudad de los ex-glee club -Bromeo- Estoy muy bien no me puedo quejar, ¿que tal tu?
Algo cansado, en verdad. Pero fuera de eso, muy muy bien.
Bueno el bar no abrirá el día de hoy
Sam, si ya me encuentro explorando las oportunidades de New York. Me alegra volverte a ver
Qué sorpresa. No me malinterpretes, es un gusto volver a verte pero es como si todos mis conocidos de la escuela estuviesen en Nueva York. Bueno, casi todos. ¿Cómo has estado?
— Hola, ¿puedo tomar tu orden?
Se había dedicado a mirar a su alrededor, distrayendo su atención con los demás clientes que llenaban el lugar y, en esos momentos, de nuevo se vio incapaz de no comparar New York con Ohio. — Gracias. — Balbuceo al ver la bebida frente a ella. La tomo entre sus manos, sintiendo el calor que el vaso desprendía en las palmas. La rubia centro su atención en su amigo, observando sus movimientos con total diversión. Quizás él había sido una de las pocas personas que en realidad había extrañado. — Estoy viviendo con mi madre. Ya sabes, creo que el divorcio la motivo para mudarnos al fin. Y no, no trabajo, sólo estudio por el momento. Quizás después decida conseguir un empleo, pero no ahora. — Sonrió. — No hay demasiadas cosas nuevas desde que te vi hace unos días… ¿Te digo un secreto? No esperaba volver a verte tan pronto. —
— Ni yo. — Confesó él. — Nueva York es un lugar enorme, era casi imposible encontrarme contigo nuevamente de casualidad y es que, ni si quiera me diste tu número. Comienzo a sospechar que no tenías intensión de verme de nuevo. — bromeó él, dándole otro sorbo a su vaso, tragando con calma el refrescante jugo.
— Hola, ¿puedo tomar tu orden?
Mi mente quedó en Rosewood, lo siento —Se disculpó algo avergonzada por su equivocación, tantos nervios de la universidad y de la nueva ciudad habían dejado su cabeza en cualquier parte. ¿Sabes? Solo dame lo que sea caliente, lo que quieras. —Contestó algo frustrada soltando una leve sonrisa al final para no parecer tan histérica.
— Claro. — Soltó una leve risa, iba a pedirle un mokaccino esperando a que le gustase. Terminó de digitar y le miró nuevamente sonriendo. — ¿Cuál es tu nombre? Serían... 2.95. — Dijo con el vaso en la mano a la espera del nombre de la castaña para escribirlo en el mismo.
Bueno el bar no abrirá el día de hoy
Parece que tengo un viernes completamente libre para hacer lo que quiera
¡Joe! ¿Tú también vives aquí?
— Hola, ¿puedo tomar tu orden?
“No creo en el destino”, quiso decir, pero prefirió guardar silencio, creyendo firmemente que aquello era una simple coincidencia. Tardo unos cuantos segundos, pero al fin pudo tomar el control sobre sí misma nuevamente. — Eso significa que debes ser muy popular entre las chicas, ¿no? Y no te preocupes, estaré preparada por sí eso llega a pasar. — Prometió, asintiendo una vez. Acto seguido, sintió como su expresión se volvía a alterar un poco después de escucharlo. — Oh no. No puedo dejar que hagas eso. ¿Vas a usar tú dinero y gastar tu tiempo libre en mí? No es justo. — Sus labios pronunciaron eso, pero la sonrisa que se esforzaba por ocultar decía otra cosa. Al final, terminó por ceder. — Esta bien… pero yo invitaré la siguiente.— Y, sin agregar más, giro su grácil cuerpo con delicadeza y ocupó lugar en una de las mesas al fondo.
No fueron más de cinco minutos los que Sam hizo esperar a Quinn, no quería tampoco hacerle esperar demasiado. Tomó el café que descansaba en el mesón y caminó rápidamente hacia la esbelta figura de la rubia que yacía sentada sobre una de las sillas del local. Dejó el vaso en la mesa una vez estaba frente a esta y se sentó en frente de Quinn, mirandole con una sonrisa. También traía un jugo natural de frambuesa para él, su favorito. Sacó la pajilla del sobre y la metió en su vaso, tomandolo para darle una probada, relamiendo sus labios después. — ¿Qué hay de nuevo? ¿Sólo estudias o también estás trabajando? ¿Dónde estás viviendo? Lo siento, creo que son muchas preguntas.
Perfecto
Finalmente, optó por girar, quedando frente a él. — Muchas cosas pueden pasar en un año… — Dio un pequeño paso hacia adelante, un poco más cerca. — Y mírate, creo que también estas más alto. — Aseguró y la suave risa que escapo de sus labios no pudo ser contenida. — Gracias, creo. Sí estaba en Yale, pero hubo un ligero cambio de planes… Ahora estudio en Columbia y sí, vivo aquí también. ¿Tú… también te mudaste? —
No se intimidó ni movió por la cercanía que Quinn tomó, pero si se puso algo nervioso, tragando saliva en consecuencia a esto. — Así es... estoy a muy poco de comenzar mis clases en la NYU, pero por el minuto me mantengo ocupado con una que otra cosa. Vivo con Kurt, Rachel y toda la tropa. Bueno, ya sabes, Santana y Blaine. Es como vivir en un eterno capítulo de Friends. — Se encogió de hombros.
— Hola, ¿puedo tomar tu orden?
Iba a protestar, pero las palabras quedaron flotando en sus labios. Confundida, elevó su mirada al escuchar su nombre y, sin poder creerlo todavía, entornó sus ojos. — ¿Sam? — Sus labios se abrieron, pero no dijo nada en realidad, solo para volver a cerrarse segundos después. — Pero tú… ¿Qué? ¿Trabajas aquí? — Bien, quizás no era la pregunta más inteligente, pues era un tanto obvia la respuesta, pero aquello parecía un tanto irreal. Nadie podía culparla por no pensar claramente en esos momentos.
— Dos veces en una semana, debe ser el destino. — Bromeó y asintió. —Así es. Trabajo aquí a medio tiempo y también de modelo, por lo que no te sorprendas si un día vas caminando por la calle y ves un afiche gigante conmigo en el, semidesnudo. — Notó la sorpresa en los cautivadores ojos ajenos, pero la omitió. — Déjame pagar por tu café. Es lo menos que puedo hacer. Ve a sentarte y te lo llevaré a la mesa, usaré mi hora de colación. — Le sonrió con afabilidad y dejó el vaso con todo escrito para que el café fuese preparado a un lado de la caja, escribiendo un par de cosas más en esta última para terminar con su turno.
Perfecto
Conocía aquella voz. En realidad, era un poco difícil olvidarla alguna vez. Elevó su mirada con lentitud y no pudo evitar regalarle una suave sonrisa al chico que se reflejaba a sus espaldas. Juraría que su corazón se aceleró un poco, quizás le ponía más feliz de lo que quería admitir ver a un rostro conocido. — Parece que no soy la única que no ha cambiado… Hola, Sam. —
— No es como si hubiese pasado tanto tiempo... sólo te has graduado un año antes que yo. ¿Qué es lo mucho que podría cambiar? Bueno, si te das cuenta, tengo algo más de bello facial. — Rió y miró de reojo a la chica. — Guau, estás... guau. ¿Qué haces en Nueva York? Pensé que estabas en Yale.
— Hola, ¿puedo tomar tu orden?
— Un capuchino de vainilla con un toque de canela. Que sea mediano, por favor. — Recitó su pedido habitual con un poco de aburrimiento y su vista aún fija en el teléfono celular. — Y que sea rápido, si no te molesta. —
El chico se encontraba mirando la caja registradora, concentrado por la amplia fila en el local. — Claro, aunque la canela deberás añadirla tú. En la barra hay diferentes cosas que le puedes agregar como chocolate, canela o endulzantes. — Dijo el chico, concentrado mientras digitaba el pedido. — Serían... 2.95. — Dijo él y levantó la mirada para encontrarse con los rubios cabellos ordenados de su compañera de secundaria. — ¡Quinn! — Exclamó
Perfecto
—Diferente ciudad, misma Quinn.
— Hola, ¿puedo tomar tu orden?
—Katherine ¿Y él tuyo?— se dibujo una lee sonrisa a este pero después abrió su bolso, desde que se volvió humana había tenido que dejar de usar la compulsión y comenzar a pagar sus cosas. Sacó su cartera donde saco el dinero pero tomo una servilleta y con un plumón que tenía escribió su número antes de entregárselo.
Había comenzado a escribir el nombre de la chica, pero solo alcanzó a escribir "Kathe" cuando escuchó la pregunta que ella le hacía y con algo de nerviosismo subió la vista hacia la morena, sonriendole con un toque de inocencia. — Sam — Contestó mientras terminaba de escribir el nombre de la chica en el vaso. Lo dejó a un lado y casi enseguida el café se comenzó a preparar a manos de uno de los compañeros del rubio. Recibió el dinero y notó al tomarlo que no solo había dinero ahí, si no que una servilleta. Curioso le dio una ojeada rápida al meter el dinero a la caja y vio un número telefónico. Debía tomar cartas en el asunto, la chica había tomado la iniciativa, ¡una chica guapa le había dado su número sin que él se lo hubiese pedido! Quería sonreír lo más grande que podía, pero intentó controlarse y relamió sus labios. "Cálmate" pensó. Guardó el número de la chica a vista y paciencia de esta en su bolsillo y sacó la recién impresa boleta para entregarla. — Gracias por comprar en Starbucks. — Le dijo con un tono muy peculiar y con un toque de picardía que le añadía la mirada fija en sus ojos y la media sonrisa.
— Hola, ¿puedo tomar tu orden?
— Carter miró a Sam arqueando las cejas y negó con la cabeza ¿Cómo es que contratan gente tan poco eficiente aquí?, pensó. Giró los ojos y pensó decirle al muchacho que se apresurara ya que no tenía todo el tiempo del mundo, aunque sabía que era mentira. Se cruzó de brazos y miró al rubio para apurarlo — Mira, Sam no tengo todo el tiempo, así que por favor, ¿Podrías hacerlo más rápido? Tengo que ir al trabajo — miró la hora en su reloj de muñeca —
Asintió nervioso pero no habló, concentrado en lo que hacía, puesto que la cosa se ponía complicada. Oprimió el botón para que saliera la leche y esta salió por donde antes salía el café, pero algo andaba mal, ¿cómo detenía el chorro? Oprimió un botón al azar y dos chorros más salieron puesto que la máquina era triple, comenzando a rebalsarse sobre el mesón, cayendo al piso, agrandándose el charco alcanzando los pies de Sam, quien alarmado y desesperado intentaba apretar algún botón que le ayudase, pero de la maquina no había más respuestas que "bips" y vapor hirviendo saliendo del costado de la maquina esporádicamente con el cual sabía no debía entrar en contacto o se quemaría. Miró al cliente algo calmado, no quería que se diera cuenta del desastre que se estaba haciendo. —Lo siento es mi primera vez con la maquina.— Le dijo al castaño, mientras el charco en su lado del mostrador crecía y crecía.
Esta ciudad esta algo aburrida.
Rosewood era un poco mas divertido —Bufo—.
Sam estaba sentado en una banca tocando uno que otro acorde en su guitarra acústica cuando escuchó el comentario de una chica no muy lejos de él, levantando la mirada. — ¿Aburrida? Entonces creo que no has ido a los lugares correctos, Nueva York es genial. — Comentó mirándola con una sonrisa afable.
— Hola, ¿puedo tomar tu orden?
Se quedo mirando los tamaños que había —Alto y que sea rápido— No podía estar en un lugar público mucho tiempo corriendo el riesgo que un original pudiera aparecer, aunque dudaba que entrarán ahí pero podrían detectarla mucho más fácil ahora que era humana. Se quedo mirando como abría bastante los ojos a lo que se extrañó, pero después se fijo en lo grande que tenía su boca, aunque después de todo no era feo, era guapo.
— Está bien... Disculpa, ¿Cuál es tu nombre?— Dijo tomando un vaso alto y escribiendo las letras indicadas en los casilleros indicados. La dejó a un lado para que el café fuese preparado y siguió en la caja. — Serían... 2.35 — Levantó la mirada esperando el dinero.
— Hola, ¿puedo tomar tu orden?
¿”Es que” qué? —arqueó las cejas— Vamos, dime ¿Sam? No le diré a Gossip Girl —rió mientras sacaba el dinero de su bolsillo— Ahí tienes.
— ¿Sam? — Preguntó dudoso de haber dicho su nombre, pero luego lo recordó; lo traía en la camiseta.Se sintió algo estúpido pero lo omitió. — Está bien, ¿Cuál es tu nombre? O bueno, olvídalo. Eres el único en la tienda, algo rar, en verdad. — Preguntó mientras recibía el dinero y lo dejaba en la caja registradora, tomando un vaso después para hacer el Capuccino. Comenzaba la parte complicada para el rubio. Miró confundido la maquina y puso el vaso donde siempre había visto que se ponía. Si bien Sam no era inútil, la maquina le superaba. Relamió sus labios debido al nerviosismo. Presionó un botón y enseguida salió un breve chorro de café, haciendo que Sam se sintiera algo orgulloso de si mismo sin motivo aparente.
— Hola, ¿puedo tomar tu orden?
Te haré caso e iré por el caliente —Respondió soltando una leve risa. Mediano y de chocolate por favor. —Contestó acomodando su blusa.
Asintió y comenzó a escribir, aunque se detuvo al darse cuenta de que no concordaba. — ¿Qué es lo que querrás entonces? Si es caliente, no puede ser Frapuccino ya que aquel trae hielo. ¿Podría ofrecerte un... Mokaccino. entonces?