Han chocado sus órbitas Venus y Marte creando en la explosión de sus polvos estelares, una estela capaz de eclipsar al resto de estrellas fugaces.
Todo queda sin aire, cuando lo que roba el aliento son besos fulminantes, ante los que desnuda de voluntad se esconde la ruborizada luna tras la niebla circundante.
Ojos que observan el devenir de dos mundos lejanos acercándose,que al encontrarse se estremecen con la fuerza de un millón de volcanes.
Aguas profundas emergiendo a la superficie convirtiéndose en mares, con las que inundadas quedan cada rincón de sus montañas, llanuras y valles.
Danza infinita en cuya fragancia su flor más perfumada y frágil germina poesía, ante la fogosidad de quien sabe hacer del amor su arte…
Priscila Alcívar







