Secuelas
Un zumbido, un zumbido casi incesante y bastante molesto, eso es lo primero que escuchó el goblin al empezar a recobrar la consciencia. No recordaba nada de lo sucedido, como había acabado en ese sitio, ni dónde estaba, y cuando intentó abrir los ojos, una luz cegadora le impidió ver nada, de hecho, allá donde mirase, le cegaba la misma luz.
- ¿Quién… Cof… ¿Se ha pasado con las luces…? - Dijo, con una voz débil.
- ¡Ah! ¡mi paciente ya ha despertado!
El goblin miró hacia el origen de la voz desconocida, tenía un tono extrañamente alegre, casi demasiado, pero cuando intentó identificar a la persona desconocida, más luz.
- ¿Quieres apagar esas luces?, parece que todo un estadio de Bombalón me esté apuntando…
-Ah, perdona, es cierto, es cierto, muchas veces se me olvida que no todos están acostumbrados a estar rodeados de tan gloriosa luz, al menos tú no intentas romperme los focos… ¡NO COMO OTROS! - gritó la voz desconocida hacia la distancia.
Tras unos segundos, la luz cegadora por fin cesó y el goblin pudo mirar a su alrededor, estaba en una camilla, en una habitación extraña, parecía una clínica, o los restos de una. A su alrededor tenía toda clase de chatarra, desde linternas a bombillas, focos, fluorescentes… Toda clase de iluminación posible brillando de forma incesante, y a su alrededor, motores y más motores que les suministraban energía, eh ahí el origen del zumbido… Ahora que sus ojos se habían acostumbrado a la luz, el goblin por fin pudo identificar a su salvador, parecía un… ¿Zorro con bombillas…?, sí, era un vulpera, había visto unos cuantos en Roanapur. El zorro tenía un pelaje rojizo con franjas negras, e iba vestido con los restos de una bata de laboratorio y tenía relojes colgando de sus orejas, y bombillas adornando todo su ropaje…
- ¿Qué está pasando aquí? ¿Dónde estoy?, y más importante… ¿Qué narices le pasa a tu ropa?
El vulpera, que le miraba con una sonrisa, se miró a sí mismo y dejó escapar un bufido.
- ¿Que qué le pasa a mi ropa?, ¡Vigila esos modales, estás en los dominios del Rey de las Bombillas!, amo y señor de los dominios de la luz en Roanapur.
-Ya, claro… ¿Y cómo he…? Cof, cof, cof…
El goblin no pudo terminar la frase, con un fuerte ataque de tos, se vio obligado a recostarse en la cama de nuevo, un nuevo vistazo a su cuerpo dejó claro que no se encontraba bien, estaba cubierto de quemaduras, y a medida que iba recobrando la consciencia, empezaba a notar el dolor.
-Eh, cuidado, cuidado, aún estás muy débil, amigo mío. Has tenido la suerte de ser encontrado por el Rey de las Bombillas, médico extraordinario, yo me ocuparé de ti – Con una sonrisa, el vulpera enseñó su bata – Has tenido suerte, no muchos sobreviven a este nivel de radiación.
- ¿Radia…? Ah, sí… - Ya lo recordaba todo, todo lo que había pasado en la isla, la catástrofe que acabó con toda su gente- Gracias por… Cof, cof, cof… Rescatarme… Tú, Rey de lo que sea pero no… No creo que me quede mucho…
El Rey parpadeó varias veces y miró al goblin de arriba abajo.
-¿Acaso no te he tratado como es debido?, me he ocupado de las quemaduras, te he colocado en una camilla y llevo inspeccionando tus constantes vitales todo este tiempo.
-La… Radiación no se cura tan fa…Cof… Fácilmente… Aún así, te… Te doy las gracias por salvarme… O intentarlo, je… Cof…
-Intenta no sobre esforzarte, mi querido súbdito, aún tienes que recuperarte, la radiación no es tan mala como parece, créeme, yo vivo rodeado de ella y mírame, ¡fresco como el primer día!
-Ya… Claro… Supongo que solo necesito descansar…- el goblin cada vez encontraba más difícil mantenerse despierto mientras hablaba con el vulpera, cerrando sus ojos.
- ¡Exacto!, un poco de descanso, una buena dosis de luz y estarás como nuevo, confía en mí. A todo esto, ¿Cómo te llamas?
El goblin giró su cabeza hacia el Rey y movió los labios- Yo… Me llamo… Cof… Me llamo…-
El paciente nunca llegó a terminar su frase, pero el vulpera le miraba expectante, como si no fuera consciente de su estado.
- ¿Y bien?, es de mala educación no responder a tu rey, ¿sabes? - Pero no obtuvo respuesta. - Oye… ¿Me oyes?, ¿acaso estás sordo? ¡He dicho que me respondas! ¡OYE! -
Por mucho que Shyro gritase, nunca recibió respuesta alguna del goblin postrado ante él, juraría que ni tan siquiera respiraba, pero eso era imposible, ¡Le había sanado!, seguro que… Solo necesitaba descansar, sí, le dejaría descansar y volvería…
- ¿A quién… ¿Le gritas…? – Dijo una voz, una voz familiar, una voz que sonaba cercana y a la vez estaba muy lejos, como una mezcla de muchas voces distintas hablando al mismo tiempo.
- ¿Quién…? ¿Quién anda ahí? - Shyro se dio la vuelta y miró a su alrededor, la sala estaba totalmente vacía, en ella solo estaban su paciente y él.
- ¿Ya nos has olvidado…?, vaya vaya… Que desconsiderado por tu parte…
Esa extraña voz volvía a hacerse notar desde su espalda, pero por mucho que se girase, seguía estando solo, era como tener a alguien hablándote desde la nuca, como sí mirando por el rabillo del ojo fuera a descubrir el origen de aquella misteriosa voz, pero… No se atrevía a mirar, pues ya se acordaba de quién era.
-Ah… Eres tú… ¿Qué haces en mis dominios, oscuridad?
- ¿No nos has escuchado…?, te preguntamos a quién le estaba gritando... – La voz sonaba casi melodiosa, pero había algo en ella, algo perturbador…
- ¿Es qué no lo ves?, le estaba hablando a este goblin que se niega a responder, ¡después de salvarle la vida!, maleducado…
- ¿Goblin…? ¿Qué… Goblin? - Preguntó la voz, confusa.
- ¿Cómo que qué goblin?, ¡el que está descansando en la camilla!- Shyro respondió, airado, apuntando con su zarpa hacia la camilla que tenía delante.
- Nosotros no vemos ningún goblin… Ni ninguna camilla… Lo único que hemos visto era a ti gritándole a una pared… Por eso sentimos curiosidad por preguntar…
Parpadeando, el vulpera miró a su paciente, confuso, estaba a hí delante, ¡Podía verlo!, las voces intentaban engañarle otra vez…
- ¿Crees que te mentimos…?, curioso… Casi parecería que… No ves lo que tienes delante, es claramente una pared…Oh… Es cierto… Tú NO puedes ver lo que tienes delante… ¿Recuerdas? – Dijo la voz con tono burlesco.
Durante un segundo, Shyro dejó de respirar, como si recordase algo, algo que estaba desesperado por reprimir, pero agitó la cabeza y volvió la mirada a su paciente.
- ¿De qué estás hablando? ¡Claro que veo!, ¡está ahí delante, mírale!
-Si no nos crees… Alarga tu mano… Tócale… Y verás…
-Tocarle, tocarle… Vaya cosas más raras me pides, pero solo por callarte la boca yo…
El sacerdote había alargado la mano, y cuando fue a tocar al goblin, al le paró, una barrerra invisible que le impedía avanzar. El rey puso ambas zarpas en esta barrera invisible e intentó hacer que retrocediera, pero era imposible, era…
-Entonces es cierto… No te acordabas… No te acordabas de la oscuridad… De tu ceguera… Del regalo que esos científicos te dieron.
-Mí… Ceguera…
Mirando hacia abajo, a sus zarpas, Shyro por fin se acordó, estaba ahí, pero… No podía verlas… La oscuridad empezó a rodear su alrededor, cubriendo los motores, las luces, la camilla, sus manos… Hasta que no quedó nada… Estaba totalmente solo, en la oscuridad, y por muchas fuentes de luz que encontrase, nunca podría penetrar una oscuridad así.
-Mi ceguera… Je… Es verdad, me había olvidado…
No estaba tratando a ningún paciente, no había salvado ninguna vida, se encontraba en su refugio, él solo.
- ¿Aún sigues fantaseando qué salvas vidas…? Iluso…
- ¡Silencio! ¡Los salvé! ¡Salvé a los que pude!, y me separé de ti, ahora estás en mis dominios, oscuridad y no pued…
- ¡¿QUE LOS SALVASTE?!- La voz resonó en su cabeza como un huracán, una fuerza tan sobrecogedora que el vulpera se encogió de miedo.
- TÚ no salvaste a nadie… Esos goblin… Esos goblin nos juntaron, nos torturaron, nos hicieron más fuertes, y cuando tuviste la oportunidad… Los mataste, a todos, a todos los que te encontraste en tu camino, aunque ahora lo niegues…
- ¡Eso es mentira! ¡Yo no soy un asesino, no he matado a nadie…!
- ¿Acaso has olvidado eso también?, una pena… Disfrutabas mucho haciéndolo, en el fondo… Quizás necesitas volver a nuestro hogar… Eso te ayudará a recordarnos…
- Nuestro… ¿Hogar...?.- preguntó Shyro, en un hilillo de voz.
-Sí… Nuestro hogar… El sitio donde nos conocimos, ese lugar alejado de cualquier distracción, de cualquier cosa que nos molestase… Sin ruidos molestos, sin luces cegadoras…
A pesar de que mantenía los generadores y los relojes funcionando constantemente, Shyro pudo notar como el sonido empezaba a desvanecerse a medida que la voz le susurraba. Cada sonido, cada ruido, por pequeño qe fuera, se fue desvaneciendo hasta que solo escuchaba a ala voz…
-No… No…. N-no… Otra vez no… Ahí dentro no… Por favor…
-¿No…? Pero si es tu hogar… Donde perteneces… Una jaula…
-¡NO!, yo… La luz me protege, yo… No quiero volver ahí… No puedo… ¡NO…!
Por mucho que intentase volver a la realidad, las sombras le rodeaban, unos zarcillos de oscuridad que agarraban sus extremidades y tiraban de él hacia abajo, todo cada vez estaba más oscuro, y a medida que descendía, dejó de escuchar incluso su prpia voz, hasta que no quedó nada de él.
-¡AAAAH!-
Shyro se alzó gritando, sobresaltado, y miró a su alrededor. Estaba en su caravana, un vertedero de luces, relojes, y sonidos zumbantes que mantenía en constante funcionamiento (para suplicio de sus vecinos). Miró hacía abajo y observó sus zarpas recubiertas de un pelaje blanco, estaba en casa, en la caravana Sabtet. Todo había sido un sueño…
Con un suspiro, el vulpera se llevó las manos a los ojos para frotarse y notó algo húmedo… ¿Lágrimas…? Había estado llorando en sueños.
-Je… Solo… Solo era un sueño, solo necesito relajarme… Hacerme un té, quizás dar una pequeña vuelta por la caravana.
De un salto, Shyro se levantó de la cama, su cuerpo había sido forjado gracias a la influencia de la Forja de las Estrellas, por lo que ahora estaba cubierto por un pelaje blanco, pero las cicatrices de un antiguo tatuaje aún marcaban su cuerpo desnudo, unas marcas que podía haber borrado, pero que escogió no hacerlo. Se colocó sus radiantes ropajes y se dispuso a salir cuando…
- ¿Estás seguro de que fue un sueño…? ¿Estás seguro de que te has librado de nosotros? Sigues mintiéndote a ti mismo, Shyro, solo estamos esperando, Shyro, esperando un momento de flaqueza… Esperando a una pequeña grieta en su absurda máscara… Y cuando ocurra, volverás a ser lo que eras… Un monstruo, un engendro… Un asesino…
Estaba volviendo a ocurrir, a medida que la voz resonaba en su cabeza, todo a su alrededor empezaba a oscurecerse hasta que no era capaz de ver nada, todo sonido se veía ahogado hasta que solo escuchaba el latido de su propio corazón. La oscuridad volvía a tragarle, volvía a estar en aquel lugar, en aquella sala horrible, volvía a estar solo, solo...
-No… No…
Shyro calló al suelo, acurrucándose con su propia cola mientras la oscuridad volvía a consumirle.
-¡SHYRO!
¿Qué…?
-¡SHYRO! ¿TE ENCUENTRAS BIEN?
¿Y esa voz…?
-¡SHYRO!
La oscuridad empezó a retroceder a medida que el vulpera se centraba en esa voz cada vez más cercana, hasta que pudo ver la puerta de su caravana, la cual estaba siendo aporreada.
- ¡Shyro! ¿Estás bien? ¡Te hemos escuchado gritar!
Era una voz familiar… Un amigo… Estaban preocupados por él… Sí, es verdad…
- ¡S-sí! ¡Todo bien! ¡Por un momento pensé que había perdido mi palo-bombilla!
Alzándose de nuevo, Shyro abrió la puerta de su caravana y salió al exterior para calmar las preocupaciones de sus compañeros de caravana.












