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@unatulpa
Porqué lloro cada vez que pienso en mi suicidio?
Ilya Batrakov
by Richard Nadler
Richard Nadler (b.1987 in Penzberg, Germany), ArchiTextures, Digital illustration
a black cat holiday by charles robinson
Drawings of my cat Darkly
Custom Pet Commissions are available to help fund Darkly's surgery :) TY!
Daryl Dixon is Asexual (headcanon)
-twd anon
Daryl Dixon from The Walking Dead is asexual!
requested by: twd anon
canonity: headcanon
Anaïs Nin
Fr tho 😂😂
En realidad soy esta
Ed Van der Elsken. Vali with Cigarette on Bench in Rain. 1950
MENTIROSA
Soy una mujer de cincuenta años, y no hay nada que odie más que me digan mentirosa. Lo detesto. No hay palabra que me arda más que esa.
No me interesa la verdad; me importa la palabra. Que quien habla sostenga lo que dice. Y me odio por eso, porque esta manía mía —esta obsesión con la palabra empeñada— me ha traído problemas desde que recuerdo.
De niña me hervía la sangre cuando un adulto me lo decía: “MENTIROSA”. Esa mueca en la boca, esa sílaba que muerde. Desde entonces cargo con la necesidad de aclararlo todo, hasta lo más mínimo. Siento un nudo en la garganta, el impulso de gritar: ¿Por qué no me creen?
Hace años dejé de hablar con mi familia. Debí hacerlo en cuanto cumplí dieciocho; me habría ahorrado tanta rabia, tanta locura. No estaría aquí, en este departamento húmedo que huele a cigarros, a ropa sucia y comida callejera. O al menos eso pienso.
A veces me gusta imaginar que me quisieron, que me creyeron. Tal vez todo habría sido distinto. Pero ahora vivo en la costa y ellos… solo Dios sabrá dónde estén. No me interesa. Bueno, sí: solo me interesa si están muertos. Muertos, como esa niña a la que llamaban mentirosa.
Crecí con mis abuelos. Siempre tuve problemas de ira. Decían que era por mi padre, que consumía drogas cuando estuvo con mi madre. El primer recuerdo que tengo de él es encendiendo un cigarro de marihuana en la estufa eléctrica. El segundo, mi madre en el suelo mientras él la pateaba y yo no podía respirar.
Nunca he sido una buena persona, pero todos me felicitaban por haber estudiado taquimecanografía y volverme secretaria. “Te abandonaron, y no te embarazaste ni usaste drogas”, decían, como si eso bastara para hacerme digna.
Pero nadie me felicitaría si contara que mi jefe se masturbaba mientras yo le servía el café. O si supieran que una vez le clavé un lápiz a un hombre que me quiso tocar en la calle. Cada vez que me quedo callada, escucho dentro de mí la palabra: MENTIROSA.
Tenía nueve años la primera vez que me tocaron. Me mandaban sola a la escuela; todavía tenía algo de inocencia. Supongo. He conocido niños que a esa edad ya no se creen de nadie, pero yo… yo era diferente. Fue mi vecino. Me dijo que si contaba algo, me mataría. Y le creí. Le debí haber dicho a todos, para que me matara y nadie me volviera a llamar mentirosa.
Crecí sin padres, en una casa ajena, con una abuela que me repetía que no era su hija. No fue cruel, solo distante. Cuando mi madre volvió, yo ya tenía doce o trece años. No soportaba estar en su casa: su esposo invitaba amigos a ver películas porno en su cuarto. Ponían a mi medio hermano a mirar, y yo… sentía asco. Asco de ellos, de mi madre, de su silencio.
Nunca la quise. Dejé de querer a mi abuela. Y a mí… nunca me supe querer.
Siempre me sentí ajena a mi cuerpo, como si viviera dentro de una cáscara que no me pertenece. Fui bonita en mis veinte, atractiva en mis treinta, invisible en mis cuarenta. Y en mis cincuenta me estoy muriendo. De cáncer. Pero nadie lo sabe. ¿A quién se lo voy a contar? El vecino, quizá, ese que a veces me deja fruta o pregunta por sus paquetes. Pobre pendejo: lo único que le dejan es el recibo de la luz. No quiero su lástima. Ni la de nadie.
Nunca me casé. Nunca viví con ningún hombre. Siempre me repugnaron. Verlos, escucharlos respirar, me llena de rabia. Las mujeres me gustaron alguna vez, pero no las castigaría haciéndolas convivir conmigo.
A veces pienso que, si hubiera sabido cerrar la boca, podría haber sacado provecho de los hombres. Pero no puedo. Mi cerebro me impide mentir en lo que siento. Y eso es lo único que me voy a llevar cuando muera: la satisfacción de haber dicho lo que quise.
Excepto aquella vez. Tenía dieciséis. Vivía con mi madre y su esposo. Él me mostraba videos porno cuando ella salía. Le conté, y no me creyó.
Intenté apuñalar a ese gordo de mierda. Mi madre se atravesó y me quitó el cuchillo. No dijo nada cuando él me golpeó en la cara.
Después de eso volví con mis abuelos. Nunca fui tonta: supe aprovechar las pocas oportunidades que tuve. Y aun así prefiero un lugar lleno de humillaciones a uno donde me llamen mentirosa.
Recordarlo me hace llorar de coraje. Las lágrimas me queman los ojos. Si tuviera a mi madre frente a mí, la abofetearía. Le jalaría el cabello.
No soy una buena persona. No soy una buena mujer. No soy una buena hija. No soy nada.
¿No lo prefieren ustedes también? Ser nada. Flotar dentro del cascarón, vivir sin peso, sin nombre, sin culpa. Mejor eso que ser la hija que limpia el culo de su madre anciana, abandonada, miserable. La hija mentirosa.
Yo, al menos, prefiero no ser nada.
No soy mía
No me siento mía
Ni cuando como, ni cuando duermo
ni cuando lloro, ni cuando cojo.
Qué soy yo si ni yo misma me conozco
soy un despojo de lo que se llama humanidad
Ni soy una estudiante, ni una trabajadora ni
En la busqueda de mi verdad me he perdido incontables veces
En esa misma busqueda sigo el camino pero no hay ni cruces ni atajos ni caminos principales.
No hay piso ni hay vista, solo estoy yo flotando en mi misma
Es así como se sienten todos? Es así como tu y ella y el y y y
Por qué todos se ven como lo hacen?
yo me siento como una invitada en mi propio cuerpo
como una invitada indeseada, y mi única verdad es qué no sé sí es el cuerpo el que no me quiere o soy yo la que no puede o somos ambos los que estamos cansados.
Qué soy, me pregunto. No sé quién o qué soy. ¿Por qué no puedo ser como los otros? ¿Ellos piensan lo mismo que yo? ¿También están rodeados de pensamientos como los míos, todos los días? ¿También están vacíos?
No sé.
Déjame gritar. No puedo respirar. No sé qué siento.
Necesito que me digas qué soy. Dime quién soy. Dime qué hacer. Dime qué sentir.
¿Tengo que seguir, aunque no quiera? Dime que no, para tener el permiso de cortarme el cuello.
Qué patética soy. Deberías matarme. Hazlo, yo sí te doy permiso. Sácame.
una_tulpa