Por qué cada vez estoy más convencida de que debo terminar con mi novio?
tumblr dot com
YOU ARE THE REASON
we're not kids anymore.
Show & Tell

Discoholic 🪩

Love Begins
Misplaced Lens Cap
AnasAbdin
No title available
🪼
Mike Driver
Sade Olutola

PR's Tumblrdome
No title available

Origami Around

blake kathryn

izzy's playlists!
i don't do bad sauce passes

titsay
taylor price
seen from Malaysia

seen from United States
seen from United States

seen from France

seen from Türkiye

seen from United Kingdom
seen from Malaysia

seen from Malaysia

seen from T1

seen from Singapore
seen from United Kingdom
seen from United Kingdom
seen from United States

seen from Malaysia
seen from Türkiye

seen from Malaysia
seen from Switzerland
seen from Costa Rica
seen from Germany
seen from Singapore
@universosinfinus
Por qué cada vez estoy más convencida de que debo terminar con mi novio?
Tal vez hayan transcurrido varias noches desde la última vez que supe de ti. Pero cada noche, sin excepción, tu nombre se sienta a mi lado cuando todo queda en silencio. Es el último suspiro de mi mente, la última huella de ti que llevo conmigo antes de cruzar el umbral hacia la inconsciencia, hacia esa serena y reconfortante simulación de la muerte.
Esta noche no te extraño, pero si extraño sentir nostalgia por lo que tuvimos. Recuerdas tus manos acariciando mi rostro bajo la luz de la luna mientras estaba recostada sobre tu pecho en tu carro? Recuerdas cuando me dijiste que nunca habías querido ser padre hasta que me conociste y te hice replantearte la vida? Recuerdas los fines de semana que pasábamos desnudos en un cuarto juntos? Recuerdas amarme incondicionalmente? Yo ya no te extraño, pero si extraño sentir lo que me hacías sentir.
Estoy cansada. Fue una semana sublime y agotadora al mismo tiempo. Ahora solo deseo echarme en mi camita, desaparecer un rato para el resto del mundo y quedarme únicamente conmigo. Perderme entre películas, alguna serie cualquiera, el silencio, la oscuridad y la soledad tranquila de mi habitación… como si ahí dentro el tiempo dejara de existir y todo por fin pudiera sentirse en calma.
26/05/26
Abrí mis ojos y estabas ahí nuevamente… a mi lado. Hay una sensación tan femenina y sublime en despertar junto a un cuerpo masculino bien formado, abrazarlo apenas despiertas y sentir todavía el calor vivo de su piel. Las ganas de arañarte me consumían, me descontrolaban por completo; yo solo quería poseerte, fundirme en ti y desaparecer en la fantasía de que dos cuerpos pudieran dejar de ser dos y convertirse en una sola existencia, completa e indivisible, en una sensación jamás conocida por nadie.
Eras un hombre de campo, de esos hombres fuertes, rústicos, poco cultos, inmaduros, nada corteses, incapaces de actuar como caballeros. Una bestia, en resumen. Pero cómo me gustabas… físicamente eras mi absoluta adoración, mi debilidad más grande, y justamente ahí estaba mi perdición.
15/05/26
Hoy me siento algo melancólica, no sé exactamente por qué razón, solo quiero esta sola y arreglar mi vida por milésima vez. Necesito sacar urgentemente 30 hora al día mínimo para poder pensar sobre todo y acomodar las cosas en mi cabeza, porque solo así puedo funcionar bien en el mundo real.
Qué aprendí de todo esto… o mejor dicho, ¿había realmente algo que aprender? Tal vez algunas personas no llegan a nuestra vida para enseñarnos nada, sino únicamente para incendiarnos un rato y marcharse mientras aún olemos a humo. Quizá el error fue intentar convertir en lección algo que simplemente debía vivirse con la intensidad con la que arden las cosas destinadas a morir rápido.
Quiero escribirlo todo antes de que el tiempo venga a deformarlo. Antes de que mi memoria suavice tus defectos o convierta mi deseo en nostalgia barata. No voy a defenderte, pero tampoco voy a condenarte. Quiero narrarte como se narran los accidentes inevitables: describiendo los hechos con la frialdad de un juez y la honestidad de alguien que sobrevivió al impacto.
Eras tosco. Se notaba. Había una diferencia brutal entre hablar contigo y hablar con alguien educado entre libros y universidades. Yo te preparaba el desayuno, el almuerzo, acomodaba el caos para que tu presencia pareciera hogar, y tú apenas eras capaz de levantar un plato de la mesa. Permanecías hundido en la esquina de mi cama, pegado a ese videojuego en tu celular, mientras yo orbitaba alrededor tuyo como una mujer jugando a ser pareja de alguien que ni siquiera sabía ejercer la cortesía mínima. Sí, fui yo quien te escondió dos días en su habitación. Pero aun así esperaba un gesto, una mínima intención de ayudarme, esa “voluntad de ser acomedido” que diría mi madre. Nunca llegó. Primera herida disfrazada de advertencia.
Y sin embargo… tenías algo hipnótico.
Había en ti una masculinidad salvaje, no esa fabricada en gimnasios ni en discursos de internet, sino una fuerza real, útil, primitiva. Sabías resolver. Tus manos parecían hechas para sobrevivir al mundo. Eras un hombre de tierra y esfuerzo; alguien que seguramente podría construir una casa con clavos oxidados y silencio. Mientras otros hablaban demasiado, tú hacías. Y yo, tan acostumbrada a hombres que solo sabían teorizar la vida, terminé fascinada por alguien que simplemente sabía vivirla.
Pero luego aparecía el niño.
Ese niño ridículo e inseguro que me decía que no quería besarme frente a sus amigos porque “qué iban a pensar”. Y no, no voy a detenerme a analizar si el pudor era válido o si así te criaron en tu pueblo. No me interesa. A mí me parecía miserable esconder el afecto como si quererme fuera motivo de vergüenza. Segunda advertencia.
Aunque también eras noble. Y eso duele admitirlo.
Nunca intentaste sacar provecho de mí. Pudiste hacerlo. Sabías perfectamente que yo tenía más dinero, más estabilidad, más oportunidades que tú. Y aun así me invitabas comidas con una dignidad silenciosa que hoy escasea. Pagaste el hotel con orgullo, agradecido, sin esa mezquindad tan común en quienes sienten resentimiento hacia quien está mejor posicionado. No eras tacaño. No eras aprovechado. Y en estos tiempos, encontrar a alguien que no quiera devorarte el bolsillo o el alma ya parece un milagro.
Pero también fuiste el hombre que me dejó caminar sola en la madrugada, bajo la oscuridad helada, porque te dio pereza levantarte de la cama para acompañarme a regresar al trabajo. Y qué gesto tan pequeño, tan simple, tan revelador fue ese. Porque a veces el amor no se mide en grandes sacrificios, sino en quién está dispuesto a perder sueño por ti. Tú no lo estabas. Tercera advertencia.
Y podría seguir.
Podría justificar cada una de tus carencias diciendo que veníamos de mundos distintos. Que tú creciste sobreviviendo y yo creciendo entre expectativas académicas y aspiraciones altas. Podría excusarte diciendo que simplemente amábamos distinto. Pero no tengo por qué hacerlo. Tú y yo jamás pertenecimos al mismo sitio. Apenas fuimos un cruce extraño entre deseo y curiosidad. Un accidente humano. Un “qué hubiera pasado si…” con fecha de caducidad desde el inicio.
Y ahora sí. La verdad.
¿Puedo ser cruel? Supongo que sí. Este lugar es mío y la honestidad también debería serlo.
La razón principal por la que me quedé fue el sexo.
Es extraño escribirlo. Incluso ahora, releo esa frase y siento que me desconozco un poco. ¿Cómo terminé aquí? ¿Cómo terminó una mujer como yo rogándole atención a un hombre que jamás prometió nada? Pero eso pertenece a otra historia.
Lo cierto es que tú arrancaste de raíz el luto que llevaba cargando por quien hasta entonces creía el amor de mi vida. Fuiste anestesia. Fuiste terapia física. Fuiste magia vulgar y efectiva. Desde la primera vez que nuestros cuerpos se encontraron, dejé de llorar por otro hombre. Así de inmediato. Así de brutal.
Y maldita sea.
Ese cuerpo tuyo, trabajado no por vanidad sino por necesidad, terminó destruyéndome la dignidad. No eras un hombre construido para ser admirado; eras un hombre construido para cargar peso, romperse la espalda trabajando y aun así seguir de pie. Y yo caí rendida apenas te vi.
Después entendí el verdadero problema: no era solamente tu cuerpo, sino la forma en que me hacías sentir dentro del mío. El hambre que despertabas. La manera tan absurda en que lograbas volverme alguien más instintiva, más animal, menos racional. Ahí supe que estaba perdida.
Una doctora. Una mujer llena de planes y ambición. Enganchada a alguien que jamás iba a pertenecerle realmente.
Y aun así no me avergüenza.
Porque en el fondo siempre supe la verdad: yo no quería salvarte, ni construir una vida contigo. Lo que deseaba era esa versión salvaje de ti. Esa bestia indomable que me hacía olvidar quién era cada vez que me tocaba.
No sé por qué tu recuerdo decidió volver justo ahora. Compartí casi cinco años contigo, sostenidos entre pantallas y breves encuentros reales, y aun así dejaste una huella más profunda de lo que quise admitir. Me sorprende haber podido soltarte sin demasiado dolor; o quizá no fue falta de dolor, sino una forma torpe de anestesiarlo. En ese entonces creí entender por qué me iba, hoy todo se ha vuelto niebla.
En estas últimas semanas tu memoria me ha encontrado como una deuda pendiente. Me ha hecho sentir miserable, revisar mis decisiones como quien toca una herida para comprobar si aún duele. Y duele. Porque ni tú ni yo éramos malos. Éramos dos personas buenas, queriéndonos de una manera sana, nos gustábamos de verdad, con esa rara química serena que no siempre se encuentra. Pero el amor, entendí tarde, no siempre basta frente al tamaño del mundo.
Yo tenía otras hambres. Aspiraciones más altas, metas que me llamaban con una voz imposible de ignorar. Y por alguna razón no puedo culparme por haber elegido mi profesión, porque siento que ella también soy yo. ¿Quién sembró en mí esa idea de que lo más importante en la vida es lo académico, lo profesional? ¿Fue mi padre? Tal vez sí. Pero tampoco puedo culparlo. Porque la verdad es que amo la medicina. Amo el rutinario acto de sentarme a estudiar durante horas, mientras afuera ocurren miles de cosas posibles. Amo aprender, comprender, acercarme a lo complejo. Aunque a veces me pregunto si realmente amo el conocimiento, o si amo competir, o si en el fondo me enseñé a creer que solo valgo cuando logro algo.
No lo sé.
Lo que sí sé es que, en nombre de ese camino, he dejado atrás al amor de mi vida, a personas maravillosas, y estoy a punto de alejarme también de mi familia para seguir persiguiendo una promesa en otro lugar.
¿Y qué busco al final? ¿Me sentiré vacía cuando por fin alcance esa subespecialidad soñada? Tal vez. Aunque, de hecho, ya hay algo vacío en mí ahora.
Me siento como una máquina defectuosa que no sabe detenerse: avanza, cumple, produce... mientras llora por dentro. Y quizá ese sea el verdadero fallo: haberme convencido de que para llegar lejos debía dejar de sentir.
Tú no eres lo que perdí, yo no soy lo que perdiste. Pero el mundo sigue girando y nosotros tenemos que seguir. Así que nos tomamos de la mano para no caer, y reímos cuando podemos, mientras por dentro seguimos llamando a otros nombre
¿Y qué tanto te dolió? Volví a mi tumblr era ...
aquí
Llorar… siento la necesidad de llorar demasiado seguido últimamente. Sobrentiendo las cosas, las agrando en mi cabeza, y mientras tanto intento sostener un equilibrio frágil entre el dolor que llevo dentro y la obligación de aparentar una vida sana, feliz y plena. Quizá esa sea la razón por la que estoy aquí, escribiendo tan seguido.
Sí, la joven introspectiva que conociste y de la que alguna vez te enamoraste sigue aquí. Fue tu ausencia quien la trajo de vuelta. Porque cuando la vida se llena de luz, de ruido y de colores, las palabras me abandonan; pero la tristeza, la soledad y la incertidumbre siempre encuentran la forma de sentarse a mi lado y dictarme lo que siento.
Te extraño. Te amo. Aún te amo. Y me arrepiento de haberte dejado ir. Aunque también sé que, en términos materiales, quizá fue la decisión más sensata. Pero en otra vida… en otra vida soy de las mujeres que eligen el amor por encima de la comodidad, y allí somos felices juntos. Sí, felices para siempre.
En esta vida, en cambio, mi felicidad parece depender de encontrar el equilibrio entre el éxito que proyecto hacia afuera y la devastación silenciosa que habita dentro de mí.
A mis amores del pasado:
Hay algo dentro de mí que insiste en recordarme que ustedes fueron los amores más profundos que he sentido en mi vida. Sebas, Mauri… con ustedes, y solo con ustedes, conocí lo que realmente significa sentirse acompañada por un vínculo que iba mucho más allá de lo físico; era como si nuestras almas se hubieran reconocido y entrelazado.
Duele saber que los dejé ir, cada uno por razones distintas, por caminos que en su momento parecieron necesarios. Pero ¿saben algo? Un pequeño espacio de mi corazón les pertenece para siempre, como un santuario silencioso que guardo y guardaré hasta el final de mis días, por respeto… y por amor.
Incluso si del otro lado no existe el mismo recuerdo, ni el mismo cuidado, ni el mismo sentir.
Ayer discutimos. No importa por qué, sé que esa razón se desvanecerá como tantas otras, pero lo que sentí no. Eso se quedó, fijo, como una marca que no sabe borrarse.
Ayer entendí, o creí entender, que nunca ibas a ser mi refugio. Que hay tempestades en ti que no ceden, que tu mal genio es un idioma que no voy a aprender a suavizar. Y en medio de todo eso, algo más hondo se quebró: la idea de que alguien podría amarme mejor.
Sentí el peso de una soledad más cruel que la ausencia: la de estar contigo y aun así no ser acompañada.
Y entonces lo supe, me lo dije para sobrevivir: que no me haces bien, que estoy sola en este mundo, y que nadie vendrá a rescatarme de este silencio que duele.
Te digo algo? Estás aferrándote a una historia que no te corresponde, a un supuesto amor que no es para ti, inventando un futuro que nunca tuvo que suceder, y ahora estás sintiendo como todo eso te golpea fuertemente.
23/04/27
Hoy no me siento bien, es una mezcla problemática en mi cabeza entre mis finanzas y el supuesto amor de mi vida. No, no es que me falte dinero, al contrario, creo que para mi edad está bastante bien, solo que suelo compararme y pensar constantemente que pude haber ahorrado más dinero, que tal vez las cosas pudieron salir mejor.
No puedo evitar sentir que estoy ilusionado a un hombre que me ama profundamente cuando yo por el contrario solo siento que me brinda todo lo que un buen hombre puede darme. Pero mi corazón, si bien ya no está enganchado a aquel amor que llevaba tatuado en mi mente, siente que no volverá a amar con la intensidad que alguna vez amó, siente que si llegara a volver a quemarse desde dentro, no sería por aquel hombre que llevó a mi costado al lado. Y decirlo, incluso en silencio, pesa… lo siento tanto.
Ya no siento lo mismo... desde aquella noche en la que me colgaste la videollamada solo porque oíste que estaba hablando por teléfono con alguien más (mi madre), algo dentro mío se retorció, por alguna razón sentí miedo, repulsión. Nuevamente volví a sentirme sola en este mundo. Una voz dentro mio me dijo con certeza "no vas a ser tú".
Fuiste como mi primera mascota… y llegaste justo cuando más lo necesitaba. Desde el primer día de mi SERUMS, en este lugar nuevo, estuviste ahí, como si supieras que no estaba bien, como si entendieras que necesitaba compañía. Me diste una seguridad que nadie más podía darme; me cuidabas sin que yo te lo pidiera, te quedabas a mi lado, incluso cuando llegaban personas que me daban miedo… y me protegías.
Me gustaba venir por ti, por verte, por compartir contigo… comer juntos, caminar, sentir que no estaba sola. Y ahora, todo eso se volvió un recuerdo que pesa demasiado.
Desde que desapareciste, salir de la posta ya no es lo mismo… en realidad, nada lo es. Me dijeron tantas cosas: que te mataron, que te fuiste con alguien más, otros prefirieron no decirme nada… pero ninguna respuesta llena este vacío. Y en el fondo, algo en mí sabe que la respuesta más probable es la que más duele: que no estás bien, que algo te hicieron.
Me rompe el alma pensar en tus últimos momentos… en si tuviste miedo, en si pensaste en mí, en si de alguna forma supiste cuánto te amaba.
Ahora todo se siente más solitario, más pesado… venir aquí es solo trabajo y nada más. Y aunque intento seguir, hay una parte de mí que se quedó esperándote, como siempre, en el mismo lugar.
Te amo mucho, Bobby… y aunque no soy creyente, hoy daría lo que fuera porque exista algún lugar, en esta o en otra vida, donde pueda volver a encontrarte. Perdóname… por no haber podido protegerte, por no haber estado en ese momento, por no haberte dado el final que merecías.