No pintaba bien el clima para salir a caminar, probablemente las calle seguirían con charcos de la torrencial lluvia de la noche anterior. Aunque sin mentir, mi sueño resultó matarme temporalmente, literalmente. Esa pesadilla, mejor llamarle así, me dejó pensando todo el día en cómo podría mi mente procesar tal escenario. Con una sombra triste llevé a cabo todas mis responsabilidades, sin embargo, me pesaba cada vez más el cuerpo y sólo quería meterme a la cama. Me sentí molesta durante toda la tarde, rebobinando episodios de mi sueño-pesadilla vívido. Morir no es un hecho que me impaciente o me llevé mi existencia disertando sobre el sentido de estar aquí en este mundo o de lo que habrá después del final inminente, me inquieta sí, pensar en el dolor. Soñé que era miembro de una congregación o secta que rendía culto a un dios, no sabría establecer si cristianismo, budismo, islamismo o satanismo, en fin, tenía un vestuario parecido al de las monjas, pero equipada con armas. Continuaba en otro escenario, huyendo con mi grupo de monjas histéricas mientras éramos atacadas por un clan enemigo. Mi muslo izquierdo fue alcanzado por una bala, sintiendo un ardor real abrazando mi miembro inferior, la sangre se deslizaba rápidamente sobre mí, caí de inmediato. Me pesaba la vida, el dolor era mínimo, hasta que revisé la herida. Desperté.
Sigue estando frío. En la suma de todas las cosas buenas de estar en el aquí y ahora, te tengo a ti. Pero resulta que nada parece ser para siempre, en la fluida realidad cada quien toma el tren de su vida y soy la estación.












