Todo lo que hacemos en la vida lo hacemos por nosotros mismos. Eso sí, existe una notable diferencia entre el “egoísmo egocéntrico”, el “egoísmo consciente” y el “egoísmo altruista”.
la palabra “egoísmo” procede del latín “ego”, que significa “yo”. Lo cierto es que ser egoístas no es bueno ni malo; es necesario. Necesitamos pensar en nosotros mismos para sobrevivir física y emocionalmente. Por más que nos cueste de reconocer, todo lo que hacemos en la vida lo hacemos por nosotros mismos.
“Un egoísta es aquel que se empeña en hablarte de sí mismo cuando tú te estás muriendo de ganas de hablarle de ti.”
- Jean Cocteau
El egoísmo egocéntrico es el que nos mueve a orientar nuestro comportamiento a saciar únicamente nuestro propio interés. Este tipo de egoísmo, el que se basa principalmente en las palabras “yo”, “mío” y “mi”; es el que nos lleva a no darnos cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor y pensar solamente en la satisfacción propia dejando a un lado los deberes fraternos.
Este egoísmo egocéntrico es la raíz desde la que vamos construyendo una personalidad victimista y reactiva, quejándonos y culpando siempre a algo o alguien externo a nosotros cada vez que las cosas no salen como esperábamos. Y demuestra una sensación de vacío e insatisfacción, que nos lleva a buscar la aceptación tanto de nosotros mismos como de otros las 24 horas al día convirtiendo ese egoísmo en vanidad. Irónicamente, cuanto más egocéntrica es nuestra visión del mundo, más tachamos de egoístas a los demás.
“Nadie ni nada pueden hacerte feliz. Sólo tú puedes hacerte feliz a ti mismo.”
- Gerardo Schmedling
El egoísmo consciente es aquel que nos permite resolver nuestros conflictos internos por medio del autoconocimiento. Se podría decir que este es un tipo de egoísmo “no tan malo”, pues se enfoca en el bienestar de la persona, la satisfacción de saber que lo que esta haciendo esta correcto y que la persona sigue manteniendo su esencia. Por que una vez perdida la esencia, de que sirve? La esencia es el lugar en el que residen la felicidad, la paz interior y el amor, tres cualidades de nuestra auténtica naturaleza, las cuales no tienen ninguna causa externa, se encuentra también nuestra vocación, nuestro talento y, en definitiva, el inmenso potencial que todos podemos desplegar al servicio de una vida útil, creativa y con sentido. También estamos en contacto con nuestra esencia cuando somos capaces de elegir nuestros pensamientos, actitudes y comportamientos, cosechando resultados emocionales satisfactorios de forma voluntaria, cuando dejamos de preocuparnos por falsas interpretaciones de la realidad, cuando tomamos como una manera de aprender las cosas que nos suceden (en especial si son malas) y cuando confiamos en nosotros mismos y en la vida.
“ Por medio de este egoísmo consciente sanamos nuestra autoestima y fortalecemos la confianza en nosotros mismos.” - Borja Vilaseca
Por último está el egoísmo altruista, en el que disponemos de todo lo que necesitamos para sentirnos completos, llenos y plenos por nosotros mismos. El altruismo no es un acto moral. No lo hacemos porque tengamos que hacerlo. Y no tiene nada que ver con la caridad. Tampoco lo hacemos para ser buenas personas. Somos altruistas simplemente porque hacer el bien nos hace sentir bien.
Saber diferenciar entre estos tres tipos de egoísmo es clave para disfrutar más de nuestras relaciones, de saber llevar nuestra vida de una forma sana y para poder ser personas auténticas manteniendo un equilibrio entre el yo y los demás; de esta manera lograremos ser felices con lo que tenemos sin enfocarnos en lo exterior.