Carta “ficticia” de Suicidio.
Es gracioso darse cuenta lo muerta en vida que te puedes llegar a sentir luego de tener un pick tan grande de felicidad...
Hoy día, la culpa me come. Lo tuve todo al alcance de mi mano, y sin embargo, preferí jugar a la cuerda floja nuevamente pero esta vez contigo... Mantengo tanto remordimiento por haberte comparado con un gilazo tan grande, por haber comparado todas tus actitudes celestiales al lado de un huevón gigante. Qué tonta, el puto gusto de meter problemas donde no hay. El gusto de crear drama donde todo se mantiene sereno, el gusto de verlo persiguiéndote cuando sabes que te ama y que lo haría todo por ti. Tonta. Ahora te toca sufrir. Ahora te toca el desamor. Ahora te toca el castigo.
Y es que si antes me sentí depresiva, ahora me siento completamente vacía. Olvídalo, lo de antes fue NADA en comparación a ahora. Esa sensación de mierda de que te de lo mismo si un camión pasa encima tuyo o si una bala loca llega repentinamente a tu cráneo. Nada, no hay nada ya.
Haber convivido contigo fue un sueño, no recuerdes todas las boludeces que dije. Esas eran ideas tontas del maldito cerebro que busca atención. Querido, te amé, y te sigo amando, y, probablemente, te siga amando.
Es una mierda darte cuenta que tuviste todo, una ciudad preciosa, amigos de verdad, una calidad de vida que no te la ofrece nadie... pero en el intento desesperado de víctima en aprietos, pretendí que todo saldría mal si lo intentábamos una vez más... porque, el ego fue más fuerte esta vez, y creí que, al poner ciertas condiciones, me haría ver como una mujer empoderada y fuerte (las hueas), fue todo lo que quería, ¿no? Well, here it is, fucking bitch.
Lo siento, lo siento por no entender que la relación era preciosa, que nos llevábamos bien, y que los problemas faltaban (no sobraban, cómo creíamos...), lamento haberte puesto en aprietos y lagunas mentales que no tenías idea que existían. Pero qué le voy a hacer, lo hecho está hecho y has tomado una decisión, y yo he tomado la mía. Ahora mi mejor compañía son las pastillas, de esas que necesitas receta y que te “tranquilizan” (y la pongo entre comillas porque en verdad sólo te dejan en un estado mental de cero, de nada absoluta, ni feliz ni triste, la NADA MISMA), de esas que te quitan las ansias y las ganas de hablarte y estar contigo. Pero lo malo, es que eso lo dura un par de horas... luego ¿qué? ¿Alcohol? Sí, funciona para cierto rato, pero luego aburre porque al final siempre estás ahí, presente y latente, en mi inconsciente estás. La marihuana sirvió, pero al fin y al cabo sólo enllentece esos recuerdos de ti, ¿sabes?
No sé como sobrellevar esta pena gigante, no sé como llevar este duelo, no sé como aceptar que lo perdí todo... no sé cómo pedirte una segunda oportunidad sin tener el temor de que me rechaces... No sé como no perder mi dignidad aún cuando sé que lo merezco.
Hoy, no sé si mi suicidio va a ser simbólico o real. No sé si mataré a esta persona que mantiene culpa en su interior o si realmente una sobredosis de pastillas hagan el efecto correspondiente.
Hoy día, no sé que pasará.















