Gante, un sueño estudiantil
Caminar por sus callejones, entrar a sus iglesias, beber cerca de los ríos Scheldt y Lys. Gante es un sueño de ciudad. En paisaje similar a Brujas, pero una atmósfera universitaria envuelta en un campus salida de un cuento. No sólo una parada obligada si se visita Bélgica, sino en todo el Viejo Continente.
Vista del Graslei de noche. Estudiantes, turistas, de todo en esta zona de la ciudad. Foto: Pablo Escobedo.
¿Cómo llegar?
Gante se encuentra al norte de Bélgica, en la región flamenca del país europeo. Lo más recomendable es tomar el tiempo para visitar varias partes de la nación, cuando menos Gante, Brujas y Bruselas. A Bélgica desde México se puede llegar vía varias aerolíneas, entre estas, Iberia o KLM con precios desde los 889 dólares, según el sitio de viajes Kayak.com.
Ya en Bélgica, el uso de trenes es básico. El país es pequeño por lo que también se puede rentar un auto y recorrer las carreteras de ciudad a ciudad.
¿Qué hacer?
Gante es una localidad que por si sola deslumbra a quien la visita. En la Edad Media fue una de las urbes más ricas y pobladas de Europa, lo cual se percibe en sus construcciones y desarrollo en puentes, iglesias y corredores de entonces.
Al igual que Strøget, en Copenhague o la Florida, en Buenos Aires, Gante cuenta con una parte peatonal la cual está rodeada de edificios medievales. La arquitectura se mantiene intacta y caminar por la Graslei permite percibir esto de forma completa. En esa zona, en la cual se puede observar el puente Sint-Michielsbrug y diferentes edificios que forman parte de la historia de la ciudad, se reúnen los universitarios a pasar la tarde y mejor aún, salir por la noche en fines de semana.
Graslei, al mediodía. Un lugar de reunión. Foto: Pablo Escobedo.
El puente Sint-Michielsbrug, en el centro de la ciudad. Foto: Pablo Escobedo.
A lo largo del centro de la ciudad se puede observar el trabajo del arquitecto Louis Roelandt, quien desde 1812 y hasta 1869 se encargó de varias obras en la urbe, como el Aula Magna de la Universidad, teatros e iglesias.
Cuando se habla de museos, uno de los más característicos de Gante es el Stedelijk Museum voor Actuele Kunst, también conocido como SMAK, en el que se encuentran obras de Francis Bacon, Panamarenko y Andy Warhol.
En cuestión de vida noctura, la zona de bares del centro presenta diferentes ambientes. La música electrónica juega un papel importante en la ciudad, pues de aquí son originarias agrupaciones como Soulwax o The Subs.
¿Por qué es una ciudad de estudiantes? Gante cuenta con una población de 243,000 habitantes, de los cuales, 32,000, más del 10%, estudian en la Universidad local, rankeada dentro de las mejores 200 a nivel mundial. Por eso, la vida tiene un aire juvenil, en comparación de su arquitectura medieval.
Un dato interesante. Tallin, en Estonia, metrópoli de la que ya hablamos en este blog, es ciudad hermana de Gante.
¿Qué comer… y beber?
Los chocolates belgas son famosos por su sabor. Definitivamente vale la pena detenerse a comer alguna de las diferentes variedades en las tiendas que se encuentran en el centro de la ciudad. Además, el mastel, parecido a un bagel, también es opción.
En cuanto a las cervezas, la diversidad que puedes encontrar en Gante, y en general en Bélgica, es asombrosa. Desde las más básicas, como la Jupiler, hasta una de las favoritas allá, la Duvel, los sabores, olores y presentaciones de las bebidas, son otra atracción a destacar.
¿Dónde quedarse?
La mejor ubicación es en el centro de la ciudad y se pueden encontrar cuartos en hoteles desde 98 dólares por noche, de acuerdo a Hotels.com. Rentar un auto, sobretodo para salir a otras localidades cercanas es una opción. Dentro de la ciudad, hay transporte público.
La calle del departamento en el que tuve oportunidad de quedarme. Una maravilla. Foto: Pablo Escobedo.
Conclusión
Gante es una ciudad que contrasta de manera única el ambiente medieval con la juventud de su gente. Es una metrópoli que rompe esquemas y digna de una fama única y mejor aún, de tu visita.
Este post se lo dedico a mis amigos Hendrik, Elke, Eveline y a todos los que conocí por mi aventura en Bélgica.
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