"Una mirada a lo que vendrá".
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PUT YOUR BEARD IN MY MOUTH
d e v o n

Kiana Khansmith
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Mike Driver

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"I'm Dorothy Gale from Kansas"
Cosimo Galluzzi
DEAR READER

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Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ
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Claire Keane

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@vianagallery
"Una mirada a lo que vendrá".
MAS VALE QUE HAGAS RUIDO
Una colección atemporal de citas de visionarios que han sido catalizadores para el cambio a través de las edades y en todo el mundo
Más vale que hagas ruido. Reúne las palabras de activistas sociales, revolucionarios, artistas, escritores, músicos, filósofos, políticos y más: individuos que lucharon por la justicia, incitándonos a todos a hacer lo mismo. Personajes familiares - Thomas Paine a Bertrand Russell, Seneca a Gloria Steinem, Harvey Milk a Ai Weiwei, James Baldwin a Margaret Mead - se unen a un coro de voces que han dejado sus propias marcas indelebles en el legado de protesta y progreso.
"Cuando se escriba la historia de nuestros tiempos, ¿seremos recordados como la generación que nos dio la espalda en un momento de crisis mundial o se registrará que hicimos lo correcto?" Nelson Mandela hizo esa pregunta, y este libro positivo y reforzador nos insta a prestar atención a la llamada.
http://es.phaidon.com/store/general-non-fiction/you-had-better-make-some-noise-9780714876733/
Nigel Cooke
Una mirada en profundidad al trabajo y la carrera de este fascinante artista, que está teniendo un profundo impacto en la pintura contemporánea
Nigel Cooke es conocido por sus pinturas complejas, que temáticamente exploran el punto de encuentro entre el trabajo creativo, la conciencia, la historia del arte, la cultura del consumidor y la naturaleza. Principalmente centrado en paisajes urbanos a gran escala meticulosamente pintados, que él llama "espacios teatrales híbridos", el trabajo de Cooke emplea estilos dispares, a menudo integrando trompe l'oeil rocas y árboles en miniatura con fondos de edificios grafiti, para crear escenas que transmiten oscuridad y narraciones macabras. Esta encuesta de la carrera de Cooke hasta la fecha explora el estilo, el enfoque y el impacto del artista en el arte contemporáneo e incluye sus últimos trabajos, que se completan poco antes de su publicación.
PHAIDON
http://es.phaidon.com/store/art/nigel-cooke-9780714870915/
FUTURO
Pronto publicaremos un detallado perfil de nuestros artistas así como la fecha del primer evento con el que queremos presentar sus nuevos trabajos en nuestra galería.
VIANA GALLERY + EXPOSICIONES
EL VERBO INALÁMBRICO
Para Lipovetsky y Serroy, autores de La estetización del mundo, hemos llegado a la era de lo que denominan transestética. Es decir, una cuarta edad de estetización del mundo: la artistización ritual, la estetización aristocrática, la estetización moderna y, por último y hasta ahora, la era transestética.
DESGARRAR EL VELO Y PERCIBIR LA NATURALEZA HOLOGRÁFICA Y EMINENTEMENTE ILUSORIA DE LA REALIDAD .
La imaginación es un órgano de percepción, nos dice la filosofía neoplatónica, uno que sintoniza los mundos invisibles, uno mayormente desconocido para nosotros. A diferencia del pensamiento racional científico, donde la imaginación es concebida como un proceso mental de fantasía y falsedad –meras elucubraciones en la mente de un sujeto—, para los seguidores de Platón y Pitágoras la imaginación es aquello que permite percibir lo que está detrás del velo –dokas-- del mundo físico de los objetos, una realidad superior de la cual la naturaleza es una representación. Y es que, para la escuela platónica, el mundo está hecho de imágenes más que de átomos—la imaginación, como uno de esos poderosos microscopios para observar partículas subatómicas, es capaz de percibir las imágenes primordiales que constituyen el mundo.
Esta nueva era está inmersa en la creación-producción-comercialización-comunicación de los bienes materiales que constituyen los grandes mercados: es decir, el capitalismo puro. El capitalismo artístico (y que nadie entienda que los dos autores franceses o yo mismo lo comentamos en un sentido peyorativo, sino desde una realidad asentada) crea también sus propios mercados, estilos, tendencias, modas, siguiendo el mismo ritmo que la industria de cualquier producto manufacturable. El único fin es el comercial. «Lo que triunfa ahora es el arte para el mercado», señalan Lipovetsky y Serroy.
La era transestética mezcla diseño-star system, creación-entretenimientos, cultura-show business, arte-comunicación, vanguardia-moda. Ambos autores dan por finiquitado (no por muerto, todo lo contrario, sino por reproducido hasta el infinito) el mundo del espectáculo, sustituido por el hiperespectáculo: la única «cultura», la democrática, es la diversión sin fin, sin pensamiento ni conocimiento. Profesionales artesanos respetables (peluqueros, cocineros, joyeros, etc.) adquieren el título de artistas, equiparándose con arquitectos, pintores, escritores...
Cuando hablamos de imaginación en la modernidad debemos pensar en Einstein, quien siempre priorizó la importancia de la imaginación en su labor descubriendo la teoría de la relatividad y la geometría del espacio-tiempo. Su deseo más ferviente era develar los secretos del universo –lo que también llamó, metafóricamente, "la mente de dios". Buena parte de la física y la matemática moderna participan de esta cosmología platónica, impulso –un continuum-- histórico por descubrir qué es aquello que ordena el mundo visible: la estructura o código que in-forma la realidad.
Lipovetsky y Serroy hablan de artistización de las actividades económicas. Las marcas se han apoderado del arte, o al menos de parte de él, y han absorbido su legitimación. El capitalismo (a diferencia de otras épocas) ha deglutido el arte, en muchos casos con la permisividad y complicidad de los propios protagonistas. Los ensayistas no lo ven ni bien ni mal, ni lo critican ni se complacen, sólo dan testimonio de un hecho inapelable. Yo también lo creo así.
Con el capitalismo artístico no hay obras desinteresadas
El nuevo homo aestheticus que está creciendo y desarrollándose en medio de este nuevo mundo es, fundamentalmente, un voyeur, un mirón, un consumidor, un turista de su propia vida. El arte y la cultura han renunciado a las grandes misiones de carácter pedagógico-político-espiritual, conducentes a la mejora de la libertad del individuo, para ocuparse de pequeñas intermediaciones embellecedoras de los productos del entretenimiento, el consumo y la diversión. Lipovetsky y Serroy enfrentan dos caminos del arte: el que se ha dejado vencer por el mercado a cambio de favores económicos y el que resiste numantinamente sabiendo que, tarde o temprano, será pasado a degüello.
Hipermercados culturales
El capitalismo artístico utiliza al arte como cómplice de sus fines. Arte no como mera mercancía. Alguien puede decir, en descargo de estas industrias, que siempre lo fue. Es cierto, pero en un tanto por ciento menor, no en su totalidad, como en este tiempo. Lo importante ahora son las ventas, la especulación, la imagen a través de la publicidad y las promociones. Todo es un producto y todo debe gestionarse como una lucrativa empresa: museos, bibliotecas, teatros, instituciones culturales. Explotarlos hasta el desgaste sólo con la función de la rentabilidad.
Todas las estructuras culturales, no sólo artísticas, ya son hipermercados. Sus directores, aunque desarrollen ejemplarmente su función cultural, si no obtienen resultados comerciales y financieros, están perdidos. Los visitantes, por ejemplo, a pesar de la perjudicial masificación, nunca son suficientes y, entonces, es cuando se cuelan las marcas «mecenas», que exigen no sólo beneficios económicos, sino también prestigio. Antes los mecenas reclamaban reputación-respeto-calidad.
Aunque pueda parecer un poco disparatado, la otra figura moderna que debemos evocar cuando pensamos en la imaginación humana en el último siglo es Philip K. Dick, el gran novelista de ciencia ficción que ha encontrado la fama póstumamente vía numerosos blockbusters de Hollywood. Cuando pensamos en imaginación inmediatamente pensamos en escritores y, específicamente, en escritores de ciencia ficción –Verne, H. G. Wells, Arthur C. Clarke, Dick. Pensamos que son mentes tan lúcidas e inquietas que en su afán de imaginar –de modelar el futuro con la visión presente— logran anticipar el porvenir, o que su poder de cincelar mundos es tal que logran influir en la psique colectiva hasta el punto de prácticamente crear –a través de una diseminación memética— estadios futuros. ¿Pero acaso no es posible que estos mundos imaginados sean en algunos casos simplemente atisbos perceptuales de realidades ya existentes, una especie de transmisión de la mente colectiva de la humanidad o del mismo universo?
Ningún otro escritor ha tenido una precisión tan temible como Dick para imaginar la evolución de la tecnología así como los trances de su asimilación, principalmente el lugar de la empatía y aquello esencialmente humano en un ecosistema cada vez más maquinal y alienante. La fertilidad de la imaginación de Dick ha hecho que su visión distópica sea el estándar de oro del cine de ciencia ficción (películas como Total Recall, Minority Report, A Scanner Darkly, Blade Runner e innumerables más que, si bien no se basan directamente en sus cuentos o novelas, tienen una influencia indiscutible). Dick, sin embargo, no sólo creó una serie de imágenes perturbadoras y fascinantes del futuro –una especie de lado oscuro del progreso y el sueño americano-- ; articuló consistentemente una metafísica que representa un hito en la historia de la filosofía en lo que se refiere al cuestionamiento de qué es la realidad.
Desde la década de los 50, Dick percibió el aspecto oscuro y paranoico de la Aldea Global de McLuhan. El animismo que la humanidad primitiva proyectaba en la naturaleza para él renacía en nuestro ambiente tecnológico, donde ominosas fuerzas espirituales se fusionaban con los instrumentos del capitalismo tardío...
Dick interactuó con la lógica mutante del capitalismo y el simulacro tecnológico antes de que Baudrillard supiera distinguir un megabyte de una baguette, llegando a la conclusión de que sólo una relación antagónica con la realidad --incluso hasta el punto de la locura-- es sana. En un mundo de transmisiones cristalinas, Dick sintonizó la estática entre los canales, le subió el volumen y escuchó los mensajes ocultos. Su escepticismo constituye una ferviente metafísica. Estaba obsesionado con la noción gnóstica de un demiurgo, un dios falso que obscurecía el mundo verdadero con la ilusión del tiempo-espacio.
El anterior fragmento del ensayo Saint Phil, de Erik Davis, nos introduce a la multidimensionalidad dickeana que es a la vez una aguda crítica de la sociedad tecnócrata consumista y un fervor metafísico, un reverso de la realidad o un aguijón en el velo.
Es posible que la noósfera contuviera patrones de pensamiento en la forma de una energía muy débil hasta que desarrollamos transmisiones de radio; punto en el que el nivel de energía de la noósfera se disparo y tomó vida propia. Ya no fungía sólo como repositorio pasivo de información humana (los “asientos de conocimiento” en los que creían los antiguos sumerios), sino, debido a la increíble carga de señales electrónicas y el material rico en información ahí dentro, le dimos poder para cruzar un vasto umbral; hemos, por así decirlo, resucitado lo que Filón y otros antiguos llamaron el Logos. La información, entonces, ha tomado vida, con una mente colectiva independiente de nuestros cerebros, si esta teoría está en lo correcto.
Aquí Dick sugiere que la información que novela, que inserta en una estructura dramática, proviene de un substrato más profundo, como un río subterráneo que nos conecta con un océano cósmico. Tanto de los sueños como de transmisiones descargadas directamente de la mente colectiva de la humanidad (la noósfera o capa pensante planetaria) o de la mente universal, posiblemente a través de algo como una resonancia mórfica (un concepto que fue desarrollado por Sheldrake después de que Dick formulara esta hipótesis sobre el origen de la información). Sabemos que la visión articulada en la película The Matrix (incluso utilizando esa misma palabra: ontological matrix) fue expuesta por Dick desde los '70 y es sin duda el más claro antecedente para la visión de un universo-simulación computarizado que ha estado en la imaginaria popular desde los años '90 (aunque el antecedente de Dick son los filósofos gnósticos con el concepto de stereoma, el dokos griego y el maya del hinduismo). En el ensayo citado, Dick explica la síntesis que hace para formular su propio concepto de una realidad ilusoria programada por una inteligencia cibernética que puede o no equipararse con Dios. Es como sí sólo con nuestras nuevas tecnologías para representar y simular la realidad podemos empezar a entender los intersticios y el mismo sistema operativo de la ilusión (cómo se teje invisiblemente alrededor de nosotros en un ecosistema de información):
Puedes ver a partir de la descripción de Jameson que estamos hablando de algo similar al Maya aquí, pero algo también muy similar a un holograma. Tengo la nítida sensación de que Carl Jung estaba en lo correcto sobre nuestros inconscientes, que éstos forman una única entidad o, como lo llamaba, un “inconsciente colectivo”. En ese caso, esta entidad mental colectiva, consistiendo de literalmente miles de millones de “estaciones”, que reciben y transmiten, conformaría una vasta red de comunicación e información, muy parecida al concepto de Teilhard de Chardin de la noósfera. Esta es la noósfera, tan real como la ionosfera y la biosfera; es una capa en la atmósfera de la Tierra compuesta de proyecciones holográficas e informáticas en un Gestalt procesado continuamente de manera unificada en nuestros cerebros multidimensionales. Esto constituye una vasta mente, inmanente en nosotros, de tal poder y conocimiento que nos parece igual al Creador. Esta era, en todo caso, la visión de Dios de Bergson.
F / Capitalismo artistico ABC
La noosfera holografica + Pijama S.
Anunciamos la próxima apertura de nuestra propia galería de arte en Madrid. En VIANA GALLERY tenemos el privilegio de representar artistas de escenario más actual de la creación contemporánea.
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HOMO INSECTA · TM 2014