CAPÍTULO DÉCIMO SÉPTIMO: 18/12/21
Fui expulsada del voluntariado (jeje), luego Bárbara también, de peor forma. Es difícil responder qué pasó, porque tengo la sensación de que las razones son muy claras pero al mismo tiempo creo que debe haber algo más.
El no-líder me describió como una amenaza para el grupo, nos convocó a una junta que se tornó de lo más confusa y agresiva; primero se dirigió individualmente a cada uno, menos a mí, para preguntarles si tenían dudas o quejas, todos pidieron claridad en los objetivos, actividades y funciones a desempeñar. Él respondió que no teníamos por qué enterarnos de eso.
Cuando yo insistí y dejé claro que para mí sí era importante saberlo, se quedó callado, pero cuando tocó el turno de Bárbara sonó bastante agresivo y obtuso, repitió varias veces:
“¿Vas a hacer el menú o no?, si no, yo puedo encargarme, en realidad no te necesito, no necesito a ninguno de ustedes”. Entonces lo cuestioné sobre las razones de su junta y si era grupal o individual, pues el asunto de la cocina sería asunto de todos.
VICTORIA: Yo creo que la cocina podría funcionar muy bien, veo mucho potencial en tu lugar, pero no creo que vaya a funcionar si nadie tiene claro qué es lo que va a pasar y cuál es su función, y creo que sería más fácil si te dirigieras con un poco más de respeto hacia el grupo.
NO-LÍDER: No les he faltado al respeto.
VICTORIA: Para mí, decir que no necesitas a ninguno de nosotros es una falta de respeto.
NO-LÍDER: ¿Por? ¿Acaso necesitas a alguien para vivir? Nunca me había pasado que alguien pidiera a fuerza trabajar, o sea si no te doy obligaciones, ¿ pues cuál es el problema?, Ees como si en una empresa el trabajador estuviera pidiendo trabajar ¿Qué, te molestan unas vacaciones gratis?
VICTORIA: … No me molestan, pero sí quiero saber cuáles van a ser las condiciones. Llegué con la idea de que aquí me iban a dar hospedaje y dos comidas a cambio de trabajo. Si no quieres que trabajemos, está bien pero, ¿cuáles van a ser las condiciones? Te he escuchado decir que no vas a pagar todos los alimentos.
NO-LÍDER: Ah, no. Les he dicho que mientras este lugar no genere ingresos sólo voy a pagar lentejas, frijoles, arroz, una que otra fruta.
En realidad nadie me ha dicho nada sobre esto, y la verdad es que pienso que desde que llegaste la energía del grupo cambió mucho, yo creo que tienes un problema con los hombres, igual y estarías mejor trabajando en un lugar con mujeres, conozco una amiga que tiene varios hostales y un huerto, igual y ahí te gusta más. Ahorita, por lo pronto, es resolver lo del menú, entonces sí necesito que me digas hoy, Bárbara, si se va a hacer o yo veo a quién consigo. Igual tú, Marquito, pues dime qué te gustaría hacer, aquí es lo que ustedes quieran, yo no quiero hacer un patriarcado de esto ni nada parecido…
En ese momento me reí, realmente me dio risa pero también quería burlarme de él porque lo que decía era algo muy patético. Él no reaccionó bien.
NO-LÍDER: ¿Qué nena, qué te causa risa?
VICTORIA: Nada, nada.
Y siguió hablando con Marco. Luego volteó a verme y dijo
NO-LIDER: ¿Sabes qué, nena? No vamos a funcionar, ya lo viste, no te caigo bien, tú no me caes mal pero tampoco me interesas, te estás burlando de mí, lo que digo te causa mucha gracia. Te digo, yo te puedo conseguir algún otro voluntariado pero pues eso ya sería más para ayudarte, ¿no? O sea de mí parte.
ANDREA: No, perdón que me meta, pero no creo que vaya por ahí eh, digo perdón pero no creo que ella tenga un problema con los hombres.
VICTORIA: Está bien. Mira, no tengo un problema con los hombres, pero si tú lo quieres ver así… yo creo que sí, mejor me voy. Y entonces se me devuelve el depósito.
NO-LÍDER: Sí claro, aquí no le robamos a nadie.
VICTORIA: Vale.
Pronto terminó la discusión, el ambiente se sintió muy tenso, nadie dijo más nada, el no-líder había tenido la última palabra. Él y Josué se marcharon, todo me pareció increíblemente gracioso, el no-líder llevaba un palo de madera como bastón y la imagen era muy clara, un neandertal del siglo XXI con su propio monumento fálico “¡Uhaha falocentrismo uhaha!”
Entonces, ¿Tengo un problema con los hombres? ¿Cuál es el problema de las mujeres? ¿Cuál es el maldito problema? Me habría encantado decirle un montón de verdades al neandertal ese, mandarlo a la chingada, pero ¿qué hubiera pasado si yo hubiera respondido al “qué te causa gracia”? Nada, una discusión vacía y sin sentido, sería yo tratando de hacerle ver alguien que no es ciego, sino que ha decidido cerrar los ojos porque se le ha implantado un chip de nacimiento muy difícil de extraer debido a algunos condicionantes que imagino pero que ni me interesan ni alcanzo a vislumbrar.
Creo que a través del no-líder encontré una clave de lo que quiero decir: la cultura machista y misógina existe de muchas y variadas formas, con sus matices y extremos, todos y cada uno de nosotres hemos sido permeados por ella y aún así hay gente que lo niega.
Es esta misma cultura la que se empeña en negarse a sí misma porque existe un sistema que la conserva, protege y reproduce. Cuando partamos de esa realidad,será posible avanzar en la discusión.
Ahora, además de la violencia, los prejuicios, los miedos y los problemas a nivel social, económico, psicológico, sexual y de justicia que esto conlleva, ¿Cuál es nuestro maldito problema?¿Las mujeres estamos enojadas con los hombres? ¿Estamos a la defensiva? Sí, la mayoría del tiempo, sí.
Aceptar esto representa problemas graves, pero primero hay que hablar de la magnitud del problema que es enorme, ¿pero por dónde empezar? ¿Hacen falta las estadísticas, los números? No lo sé, por si las dudas me puse a investigar:
Entre julio y diciembre de 2020 se dieron a conocer 8,597 carpetas de investigación a nivel nacional por el delito de violación, mientras que la ENSU (Encuesta Nacional de seguridad Pública Urbana) estima que 194,334 mujeres fueron víctimas de este delito durante el mismo periodo. Esto significa que en el 96.4% de los casos de violación no hubo una denuncia o no se inició una investigación.
De acuerdo a las cifras publicadas por el SESNSP , de enero a diciembre de 2020 fueron asesinadas 3,752 mujeres y niñas, de los cuales 969 casos se están investigando como feminicidio, lo equivalente a un 26%.
De acuerdo a información de Fiscalías y Procuradurías de justicia estatales, de enero a agosto de 2020 desaparecieron 5,223 mujeres y niñas, tan sólo en 12 estados del país, y un total de 1,290 siguen pendientes de localizar. Es importante señalar que un 48% de las mujeres desaparecidas son menores de edad.
La información presentada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) revela que el número de mujeres asesinadas durante 2018 es el más alto registrado desde 1990 . En 2018 en promedio fueron asesinadas 10 mujeres y niñas por agresiones intencionales.
En 2020, el primer año del confinamiento por la pandemia, se anotaron 260,067 llamadas de emergencia al 911, pero en 2021 la cifra creció a 291,333 llamadas.
En los últimos dos años incrementaron en 55.59% los ingresos a la Red Nacional de Refugios (RNR); solo en 2021, atendió a 45,490 mujeres, niñas y niños sobrevivientes de violencias machistas.
El 33.4% de mujeres en México sufrieron maltrato durante sus partos, al 4.2% le colocaron un método anticonceptivo o la esterilizaron sin consentimiento. En México 45% de los nacimientos son por cesárea, a 1 de cada 10 mujeres no le informaron la razón ni le pidieron permiso.
Pero, además de la evidencia, ¿cuál es nuestro maldito problema? Escribir además me suena como quitarle valor o peso a todas las víctimas.
El machismo es un problema en sí mismo, es un sistema, un modo de funcionar y de existir. A mí, por ejemplo, debido al machismo con el que fui educada e impregnada, me ha costado mucho establecer relaciones íntimas sanas con hombres, desde mi adolescencia hasta ahora he atravesado por un proceso que dio pie a una vida sexual muy apresurada, con muchos descuidos hacia mí misma, pasé por dos abortos, por muchas fracturas de corazón, por varios abusos sexuales y dos violaciones.
Es muy fuerte de decir, pero también es muy liberador. Hoy no me pone triste decirlo, pero sí lo estuve en algún momento. Y también estuve enojada. He sentido enojo hacia todos los hombres.¿Es coherente? Tal vez no, pero sí tiene sentido. Tiene sentido estar enojadas, enojados, enojades, enojadxs. A la defensiva.
Con el afán sistémico de negar el machismo, el mismo sistema y sus medios de comunicación exacerban siempre nuestro enojo frente a cualquier evento que tenga que ver con su violencia. Es decir, para los medios de comunicación nuestras reacciones serán siempre peores, más violentas. Entonces no importa lo que suceda, la reacción será siempre mucho peor que lo que la haya provocado. Estar enojadas y defendernos siempre será mal visto porque en la lucha de las mujeres sí hay “otros modos”, cualquier otra acción podrá ser justificada de una u otra forma en cualquier contexto: la persecución policíaca, la guerra, las leyes racistas, la pobreza extrema, todo tiene una razón de ser, pero nunca la lucha de las mujeres, porque “nada se resuelve con violencia” responde el patriarcado que siempre ha sido tan pacífico y amoroso.
Mi maldito problema es que no voy a pararme a educar amablemente a los machitos con los que me voy encontrando, ni tampoco pienso ocultar mi forma de pensar, ni bajar la voz, o hablar menos agresivamente. Somos ya conscientes del sistema en que vivimos, lo somos todos. Pero no por ser conscientes del problema estamos obligadas a pasar por alto los micromachismos de los que somos testigas. En un mundo como el nuestro nosotras no somos merecedoras de empatía por estar enojadas, son sólo ellos quienes merecen empatía por haber sido educados así. Y eso sí no tiene lógica.
El maldito problema es que somos nosotras quienes estaremos del lado no privilegiado de la balanza. Luchar por un poco de equilibrio es extremadamente cansado porque nuestra lucha es continuamente invisibilizada, opacada y ridiculizada, cuando está en el foco de atención es sólo para desvirtuarla y tomarnos como las locas y violentas del cuento.
Y en ese punto estamos desde hace más de 100 años, y nos preguntan ¡¿cuál es nuestro maldito problema?!
El maldito problema no empieza en este blog, ni en mi ex, ni en todos los hombres con los que he estado, menos en el no-líder. Se remonta hasta la historia de mi padre y madre, de mis abuelas, es la historia humana más larga, la de siempre.
Y sí, a veces estoy enojada. No triste, enojada, encabronada, tanto que quiero mandar a todos a la mierda con el más mínimo comentario, actitud o broma machista, y otras veces quiero gritarles y decirles peores cosas, y a los violadores mandarlos todos a la hoguera…
Pero, ¿tiene sentido estar enojadas? Es decir, ¿sirve de algo? Yo creo que sí, ninguna lucha se ha ganado con flores, aunque quisiera que sí (súper cursi), la rabia y el enojo tendrían que servir de algo…
Hoy, tres años después, no estoy segura, es necesario estar enojada, para ganar fuerza y luego ver todo más claro, pero también (hoy más que nunca) es necesario ser feliz… no puedo meterme en todas las guerras, de hecho no quiero guerra, si hay que librar alguna batalla lo haré, siento que todos los días libro una.Pero quiero que mis batallas valgan la pena, no quiero estar enojada, salvo si me hace falta por mí o por alguien de mi colectivo. A veces eso me hace sentir egoísta y lo es, hasta cierto punto, pero no hay de otra forma, por lo menos hasta ahora…
Tal vez sólo me ha hecho falta enfocar un poco, elegir mis batallas.
Ese día, cuando el no-líder “me corrió” del campamento sí me enojé, pero elegí bailar y cantar, ellos se fueron y yo canté. En ese momento me importó un poco lo que los otros voluntarios pensaran de mí,pero hoy estoy orgullosa de la manera en que reaccioné, de haber reconocido sus actitudes desde el principio, de poner mis límites, de estar tranquila. Llegué a sentir que el maldito machismo me estaba siguiendo a todas partes, que buscaba los problemas, pero,en realidad, fue un golpe de suerte, o un quiebre, porque a partir de ese momento mi voz tuvo más fuerza, ya no me interesa ni entablar discusiones con machitos así, esa batalla no es mía, el enojo también habita en mí pero es mi fuerza, ya no mi debilidad.
Me fuí de ahí ese mismo día, me quedé con dos nuevos amigxs que la fortuna me hizo encontrar, me dieron el mejor cuarto, con un mural del mar en el fondo, encontré otro voluntariado mucho mejor, tuve dos de las mejores citas en la historia de este blog, parecía que la suerte, la vida o la madre tierra me hablaban y me decían: “Deja eso atrás Victoria, la vida es para gozarse, hazlo mientras puedas, mándalo todo a la mierda y diviértete, baila, coge, búrlate sin pena, nada nunca es tan importante, siente tu fuerza y apodérate de ella”
Nuevo viaje favorito de la historia: Bacalar.
Suya por siempre, Victoria.













