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@viento-del-sur
Edgar Allan Poe
Fue un sueño, sólo un sueño
Rencor y dolor
Revisando un artículo de unos psicoanalistas referente a la persistencia que puede tener el resentimiento en la vida de algunas personas se alude a la diferencia entre estos dos elementos. El rencor puede habitar un tiempo automatizado, volverse incluso una adicción. El dolor puede ser sanador, reparativo, pero no por ello objeto de loa, fuente de gratificación masoquista o una credencial para justificar la inferioridad y la debilidad frente a los demás, una carta de presentación funcional. En el rencor el odio que comporta el resentimiento se anquilosa y nubla el horizonte del porvenir, se vuelve una y otra vez a la afrenta contra uno mismo, se espera justicia, se clama por ella. El dolor abre posibilidades transformativas, permite entrar en un tiempo de cambios donde digerir y procesar simbólicamente el recuerdo, sin forzar o presionarse a uno mismo para extinguir los propios sentimientos; dando lugar a distintos sentires y habilitando a expresar el odio, la rabia, la frustración necesarias para dirigir el amor hacia nuevos objetos. El rencor puede mermar, puede limitar las relaciones, sentirnos algo disociados con lo que estamos experimentando, presas de algo que a veces incluso podemos tener dificultades para poner en palabras, una sensación visceral que puede llevar a la huida precipitada de ciertos vínculos u oportunidades. A veces reconocer algo, aceptarlo o bien contar con los medios para hacerlo puede ser un proceso largo, doloroso, difícil. Las tradiciones espirituales en general coinciden con lo que tanto la psicoterapia como el psicoanálisis han instalado en la cultura de la salud mental con mayor o menor fuerza: los cambios no se generan a fuerza y súbitamente, sino que entran dentro de un proceso, donde distintas fuerzas pugnan por salir a la luz en el escenario de la vida. Adentrarnos en nuestra propia oscuridad con rencor o dolor en el corazón puede ser diferencial conforme al contexto. Cambiar nuestros hábitos y modos de pensar no son cosas que se resuelvan por entero siguiendo los pasos de un especialista, no operamos como máquinas más o menos defectuosas que hacen lo que se les programa apretando un botón. Si se va a sentir rencor, entonces, no habremos de generar una caricatura donde supongamos que hay una persona mala, una máquina defectuosa o un paciente poco responsivo ante la psicoterapia; el dolor, por su lado, puede comportar un tiempo particular en la vida de cada uno para tomar lugar y, tal vez, no siempre sea el único ni el mejor camino. Tal vez también podamos hallar aleaciones de rencor y dolor, momentos donde quejarse, desconfiar, sentirse mal, no sólo estén justificados y el rencor no sólo nos dignifique frente a vulneraciones graves de nuestra integridad como personas, sino que sean un rostro necesario de un dolor que de a poco se dibuja en el corazón. Tal vez también hay dolores que no son veraces sin una necesaria cuota de rencor. A fin de cuentas, reparar en estas dos experiencias es importante para desarrollar un trabajo con el sufrimiento, no para armar un cuadro libre de fisura sobre el orden de la vida. Si no nos acercamos al sufrimiento de cada ser con humildad y disposición a aprender, ¿cómo vamos a poder conectar auténticamente con algo tan personal y ajeno? si solo estoy yo como terapeuta, desaparece la posibilidad de tratar cualquier cosa, se convertiría en un monólogo más o menos frustrante de mis ideas lo que estoy haciendo, y tanto el dolor como el rencor, en el momento del encuentro, se tratan del Otro.
Edgar Allan Poe
La tristeza dura
Cada día es difícil y no voy a fingir que no siento, ni tampoco pretender que con distracciones vagas o simplemente tratando de no pensar la tristeza se va a pasar. Mi papá dice que el tiempo hace lo suyo, pero yo pienso que el tiempo no actúa solo, somos nosotros viviendo su paso impredecible quienes cambiamos, muchas veces de manera imperceptible, si quiera dándonos cuenta. Le digo que tal vez la pena no pase, que la pena dura y él responde que es muy duro, que debe ser muy doloroso lo que estoy viviendo para sentirme así. Cada día es difícil y no finjo no sentir, pero a veces me consuela un poco saber que puedo fingir o tratar otra vez, aunque no haya nada garantizado, de que las cosas sean menos insufribles y transitar un poco mejor la pena; a veces las distracciones vagas o tratar de no pensar ayuda a que el alma prosiga su trabajo a puertas cerradas sin que nuevos embates de las relaciones y el deterioro del cuerpo vengan a amenazarla. La tranquilidad no dura mucho pero se hace presente, al menos, por un rato.
Exposición fotográfica en la Biblioteca de Santiago
Biblioteca de Santiago
bello!
Una triste mañana de verano
Domingo. Otro día triste, mañana de pereza y harto calor. El perrito duerme regalón y la cama está desecha. Pensar en la rutina, pero no hacer nada. Seguir pensando, seguir sin hacer nada. Después quejarse, no es un buen panorama.
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Nazafarin Lofti
Colorado | Brock Whittaker
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So, as a motivating thing, I got the idea to do daily (or as often as possible) food drawings. Here’s the first one—a breakfast I had yesterday, at Aroma Espresso Bar.