Intenté no engancharme contigo, de verdad. Y no es como si me hubiese muerto por tener algo serio con una persona tan emocionalmente inestable, tan confusa e insegura que podría haber acabado en un desastre al chocar con alguien igualmente inestable, pero que necesita tener cosas seguras en su vida a las que aferrarse. Pero me aferré a ti y a lo que me hacías sentir y salí perdiendo.
No había sentido hace bastante tiempo esa pequeña parte que me hace ponerme romántica y nostálgica por las noches, que me hace sonreír cada vez que recibe un mensaje de aquella persona y nervios antes de verla, planear cosas por hacer juntos y saber que hay alguien en algún lugar pensando en ti y queriendo hablarte y verte, porque le interesas y quiere acercarse más. A veces pienso que nunca debí haberte hablado ese día de diciembre, haber salido esa noche y darme cuenta de que eras alguien con quien me imaginaba tener algo bonito.
Verdaderamente, yo nunca me engancho. Me había acostumbrado a salir casualmente, conocer gente en fiestas o bares y que se quede ahí, cosa de una noche. No dejar que mis sentimientos se interpongan en nada, salir corriendo el minuto en el que un chico me hablaba luego de que algo pase entre nosotros y jamás contestarle. Porque no me importaban ellos, no había una conexión más allá de un momento compartido, o tal vez la había y me daba miedo descubrirlo porque en el fondo me aterra darle el poder a alguien de herirme, de hacerme llorar. Pero te lo di a ti, porque algo en tu personalidad me hacía sentir increíblemente bien, confiaba en que tal vez esta vez no estaría tan mal, que podía tener algo con alguien y podíamos resolver el resto luego.
Pero no fue así. No te importó nada cómo yo iba a sentirme si me usabas un rato en -mi propio cumpleaños- y luego te ibas a buscar a otra persona, no cualquier persona sino a una de mis mejores amigas, alguien que considero una de las personas más cercanas a mí en mi vida. Supongo que debí haberlo esperado, ¿no? tal vez yo soy la idiota. Jugaste con mi mente antes, no sé cómo no lo vi venir.
Yo no soy nadie para controlar los vínculos entre otras personas, lo sé y lo respeto, pero eso no evita que esto duela. Duele muchísimo ser tan solamente la persona que usaron para llegar a otra, la distracción, la atención que él necesitaba, ya no sé ni qué fui, si alguna vez fui algo para ti. Seguramente algo pasará entre ellos, y ya no sé si puedo estar aquí pretendiendo que no me importa haber sido usada cuando todo lo que quería era estar bien y feliz con las personas que me rodean.
No acabar aquí llorando un viernes a las 2:24 a.m preguntándome qué me pasa y cómo puedo dejar de ser yo, la vulnerable, la disponible, la que deja que otros la pisoteen, la que nunca logra nada y siente lástima por sí misma en lugar de hacer algo al respecto. Cómo dejar de odiarme por todas estas cosas.