cleoevcns
la motivación era incierta, por lo menos para ella. no encontraba en el mayor ningún tipo de refugio o consuelo, pero sí le resultaba fácil. ¿la razón? no tenía nada por lo que preocuparse cuando se encontraba con él, no había sentimientos ni amistad de por medio, todo era sencillo y divertido. aquello de no necesitar explicaciones, de no ver la necesidad de contemplar complicaciones, le otorgaba cierta libertad que no sentía con nadie más. es por eso que no duda, no piensa dos veces cuando lo ve entre la multitud, objetivos claros en su mirada y, no mucho más tarde, también en la masculina. incisivos atrapan su oscuro labio inferior al sentir los dígitos impropios posicionarse en su cintura, blanca dentina contrastando en evidencia con sus pétalos, aquellos ansiosos de encontrarse con los ajenos. “lo único que puedo decir a eso, es que me gusta ser la excepción.” juego que no la guiaba a perder el orgullo, no tratándose de él, simplemente porque era consciente de que no era necesario ( y él tampoco lo haría ). su mano se aferra a la contraria, pasos decididos que siguen el camino impuesto, música que poco a poco se aleja, al igual que los demás cuerpos danzantes y ebrios. le gusta la determinación contraria, negarlo sería ficticio. divertida y sarcástica risita se deja escuchar cuando el mayor habla. “¿no crees que ya estamos grandes para culpar al alcohol de nuestras decisiones, vlas?” lo había hecho la primera vez que estuvo en una situación similar con el universitario, pero ya no tenía caso insistir con aquella teoría tan vacía, tan ridícula. un escalofrío recorre su cuerpo al momento en que su espalda choca con la fría pared, pero las temperaturas se ven equilibradas al momento en que sus labios se encuentran, párpados que ceden a la oscuridad y dígitos que buscan aferrarse al cuello de la prenda contraria, para atraerlo hacia ella. colisión esperada, textura de labios que ya conoce pero sin embargo disfruta. aquella necesidad de sentir algo es más real de lo que quiere admitir. mano izquierda divaga por el cuello ajeno, dígitos que rozan con suavidad la tersa piel, antes de escabullirse entre las oscuras hebras.
irremediable, no podía negar que esto entre ambos se estaba volviendo un habito que si se sentaba a meditar a estas alturas, le sería difícil dejar, ella, un alma tan vigorosa como la suya, que no tragaría su orgullo y, en ultima instancia, preferiría hacer gárgaras antes de eso, o era lo que el ruso tenía como un tatuaje impregnado en sus creencias, por lo demás, sólo queda esperar que el futuro no decida jugar con la ironía, una característica tan familiar tratándose de él, pero que de muy pocas personas le gusta aceptar tal acidez, de vuelta, al interactuar. digitos hundiéndose en la tersa dermis femenina, sensación de necesidad al tacto, sentir la temperatura ajena incluso bajo sus dactilares, palma y, falanges, recorriendo la espalda impropia, mientras sus labios eran ocupados por las mutuas caricias de sus bocas, mismas que dejó tras un momento para así llevar el contacto de sus pétalos a su cuello, depositando suaves besos -mojados- que con suavidad y, calma se adueñaban de la tez porcelana, comenzando por el borde de su hombro siniestro, hasta llegar a su cuello en donde culminó con una mordida perfectamente medida para dejar una marca, provocando con ello las risas traviesas en un tono bajo, aprisionando su propio labio con su dentina, bajo a una sonrisa, petulante que apropósito se lucía frente al rostro de la hebras como campos de trigo, sin más espera, se inclinó y, enrollando sus brazos por las piernas contrarias, antes de acender y, tomarla, colgando la menuda anatomía sobre su hombro. En tanto marchaba a su destino, risas entre el sarcasmo y, la gracia eran esparcidas, por su propio acto y, por las palabras escuchadas desde labios extranjeros antes del mismo, puesto a la desfachatez con la que eran comunicados… le recordaban a alguien, a él y, ciertamente ni siquiera le molestaba cuando provenía de la argentina. "Seguro, yo nunca lo usé de excusa de todas formas" afirmó convencido, sin darle más vueltas al asunto. Parada, uno de los dormitorios, claramente no el suyo, ya que estaba al subir las escaleras y, cierto era que no sabía si sería capaz de una hazaña así para llegar arriba sin que los efectos del alcohol y, el THC, le pasaran la cuenta. Al abrir la puerta, sorprendió a una pareja de forasteros que se habían tomado la habitación, le habría impresionado que no lo estuviese en realidad, pero para su suerte, no era uno de sus hermanos Sigma. “Fuera…” demandó con dejadez pero tajante, más el par de amantes parecía demasiado impactadas por la irrupción de los nuevos dos invasores, los que balbucearon algo que ni se molesto en escuchar antes de pasar. “¡qué se vayan, joder!” ordenó, con la convicción de una tonalidad que perdió la paciencia en cuestión de segundos, al que hicieron caso, dejando el lugar, cerrando él mismo de un portazo, poniendo el seguro. Pronto, dejó caer a su cómplice sobre la cama. ❝ ¿se está divirtiendo mi invitada especial? ❞ mofó en un pedante tono de voz, antes de subir a la cama, acercándose a buscar más del sabor del embriagante sabor de los labios ajenos, interrumpiendo para deshacerse del crop top que componía el disfraz de la músico. Bajando para empezar con un beso en el abdomen bajo de la contraria.














