âTe pareces a tu padreâ, esas eran las palabras que le repetĂan incesantemente, algunos incluso confundĂan su nombre con el del neerlandĂ©s logrando que el mĂĄs joven aceptase en silencio su puesto sin poner grandes problemas. Nunca le habĂan dicho que se parecĂa a su madre, pocos destacaban la mirada cristalina de ella o aquella timidez encantadora que habĂa heredado de ella. Por eso un extraño calor le recorriĂł el pecho, casi como un orgullo porque alguien se habĂa fijado en eso, pero a la vez le hizo preguntarse cosas, cosas que en ese momento no querĂa enunciar porque temĂa molestar al mayor con sus estupideces.
Cuando Ă©l enunciĂł aquella orden, el muchacho obedeciĂł sin rechistar, era un niño bueno, le habĂan enseñado a ser amable y hacer lo que se le pedĂa, justo como en ese momento. Al sentir el dedo del otro sobre sus labios casi se le cortĂł la respiraciĂłn, nervioso, ÂżcĂłmo no? ÂżCuĂĄnto tiempo hacĂa que nadie se acercaba a Ă©l de aquella forma? Ăl dirĂa una vida entera, porque jamĂĄs se habĂa sentido tan nervioso como en ese preciso instante en el que sus ojos azules estaban anclados en los verdosos ajenos.
Su mano en su cintura logrĂł que el corazĂłn le latiese tan fuerte que casi hasta podrĂa llegar a avergonzarse, tan mayor y tan fĂĄcil de alterar, ÂżquĂ© dirĂan sus padres? Eso no importaba en aquel momento, porque el chico estaba perdido, casi derritiĂ©ndose por su tacto, por aquel olor que inundaba sus fosas nasales y el placentero calor ajeno que le invitaba a acercarse mĂĄs. Un escalofrĂo le recorriĂł de los pies a la cabeza por aquel murmullo, entreabriĂł los labios, se sentĂa perdido ante todo aquello, abrumado por algo que siempre se habĂa negado y de golpe se confirmaba como algo que sabĂa desde la primera vez que le habĂa visto: ese hombre lo iba a volver loco.
âS-sĂ âtartamudeĂł, sus mejillas estaban sonrojadas y Ă©l era casi incapaz de mover cualquier mĂșsculo, VĂœktor era mĂĄs de lo que Ă©l era capaz de soportar.
Lo tenĂa dĂłnde querĂa y como querĂa, pero siempre sabĂa que las posiciones cambiarĂan con el tiempo, era consciente de ello, que lo que ahora dominaba luego harĂa que cayera a sus pies. VĂœktor querĂa deleitarse con el calor de sus alientos, el como su cuerpo se estremecĂa a su paso con simples gestos que lo alteraban, pero no hizo nada que no se pudiera predecir, el ruso simplemente se acercĂł mĂĄs a Ă©l, rozando lentamente su boca con la de Ă©l para entreabrir mĂĄs sus labios. Era una necesidad y cuando se pegĂł del todo a Ă©l se percatĂł que a pesar de las diferencias, el rompecabezas era perfecto.
Sus dedos tantearon la piel del interior de su camiseta, deslizando los dedos con suaves caricias con sus uñas hasta su baja espalda y sus labios se movĂan lentos pero expertos en un compĂĄs que arrancaba el aire de sus pulmones y hacĂa palpitar de mĂĄs su corazĂłn. Era uno de esos besos que reservaba para poca gente, tan lento y pasional que parecĂa casi prohibido, dĂłnde sus lenguas se encontraban y danzaban en un tango lento y sin prisa. Porque VĂœktor querĂa tomarse su tiempo en Ă©l, en su sabor, en hacerle olvidar lo que ocurrĂa en el exterior y cĂłmo no, en saciar sus propios deseos egoĂstas de hacer lo que quisiera si se lo permitĂa. Porque esa siempre habĂa sido su finalidad con aquellos encuentros, tener y dar placer.
La mano de su nuca cayĂł a su cintura, empujĂĄndolo hacia sĂ mientras acortaba la distancia contra la pared mĂĄs prĂłxima, una desnuda y sin obstĂĄculos dĂłnde pudiera dejar la espalda ajena, darle un mejor apoyo que el mismo, para que al llegar ahĂ, una de sus piernas pudiera colarse entre las ajenas y sus dedos hacer una ligera presiĂłn en su cintura. En ese momento querĂa que Rhett supiera que solo debĂa de preocuparse de dejarse llevar.Â
Cuando sus pulmones necesitaron el aire necesario, separó lentamente su boca, dirigiéndola a su cuello para hacer un camino corto de besos, esperando recuperar el aliento antes de fijarse en su rostro sonrojado. Una sonrisa cruzó su boca cuando tuvo sus ojos frente a los propios.