Lucy in the sky with diamonds
Lucy in the sky with diamonds
Lucy in the sky with diamonds
Recuerdo la primera vez que te conocí, te vi hermosa, compuesta, distante y demasiado racional, mas con el tiempo te reconocí atrevida, pasional y tan mujer. Lo nuestro fue efímero, pero solo nosotras sabemos lo intenso de nuestros sentimientos y lo hermoso que fue mientras duro. No es que no crea en el amor a larga distancia, porque sé que el amor no deja de existir si no te veo, pero esto es distinto, ambas tenemos que seguir con nuestras vidas.
Hace un año que las cosas comenzaron a cambiar, un año donde me dejé cautivar por tu singularidad y belleza, un año donde aprendí a amar con pasión y admirarte con devoción. Mi Lucille, me gustaría estar presente, seguir a tu lado de la mano para crecer contigo, pero los caminos desde el principio se nos mostraron adversos y disímiles. Tú tienes una vida, proyectos y personas a quienes responder, yo estoy comenzando a observar el mundo y aprendiendo de él, Mas no lo olvides nunca, no creas que no fuiste importante, porque lo serás siempre y para siempre, arraigada te has quedado en mi corazón y en mi alma.
Para este día especial, me hubiese gustado secuestrarte y tenerte para mí, pero las obligaciones son primero, algo aprendí de tu compromiso y responsabilidad. Además, estando al otro extremo del mundo hace imposible querer verte, pero más allá de las distancias, quería darte este pequeño presente. Resulta que desde que te conocí se me hacía imposible pensar en algo que no tuvieras o que no estuviera a tu alcanza, pues las cosas materiales, por lo general, son más fáciles de conseguir y poder obsequiar. Sin embargo, eres especial para mí y quería encontrar algo significativo, por eso en tus manos tienes una copia de la película original de las primeras mujeres en Pensilvania a las que se les permitió ser médico forense. Sé cuánto amas tu carrera y lo importante que es posicionarte en un mundo tan masculino, por eso quiero que jamás pierdas las esperanzas y que como ellas, sigas inspirando a más mujeres y personas, con la misma pasión que tu tienes con tu carrera. Lo segundo, es una banalidad, pero Lucy en los cielos tiene que estar con diamantes.
El regalo inesperado, la sonrisa distante. Podía escuchar la voz de Marnie narrando. La risa que le hacía cosquillas, las pestañas bailando mientras la miraba. ¿Cuánta distancia era necesaria para apagar las llamas que la joven Riley había encendido? Lágrimas que se manifestaban como monumento al amor más puro. Lágrimas que desentonaban con el amor que sentía internamente. Marnie le había entregado tanto sin esperar jamás nada, y Lucille, siempre Lucille, se había negado a la posibilidad de entregarse tanto como la pelirroja. Siempre con filtros. Siempre con peros. Lo anterior no quería decir que Lucille no sintiera amor por la joven de tez pálida que había cautivado cada espacio de sí, sino, todo lo contrario. Y por lo mismo, Lucille que había vivido más, Lucille que había vivido menos, se negaba a dañar a Marnie a cuestas de su ser fragmentado.
Que Marnie la conocía no era de dudar. Los regalos, además de ser acompañados por palabras que resumían bien tanto y todo, eran en extremo acuciosos. ¿Qué más podía esperar de la menor de las Riley? Tomando en cuenta que era, posiblemente, quien más había conocido de ella. Marnie jamás repuso en juzgar las conductas de Lucille, en su lugar, las celebró siempre. Marnie jamás pensó en ir más allá de los límites del pasado de la forense, en su lugar, respetó siempre el espacio que Lucille necesitaba para existir ahora.
Dos amores. Un corazón. Amó al primero hasta que no pudo amar ya. Amó a Marnie queriendo que hubiera sido la primera y sin poder dejar el amor. Un amor sin condiciones como el que tuvo –y tiene– con Marnie la ayudó a existir. Un amor tan puro, tan falto de interés personal, tan tremendamente enriquecedor, era de celebrarse.
La distancia no las rompía aún y Lucille, sin quererlo, no podía soltarla aunque aquello hubiera dicho la última vez.
Miró su reloj para encontrarse con lo anhelado. Era lo suficientemente tarde en Tokio como para que Marnie no respondiera. Entonces, tras meses de no hablar, meses de no interactuar con ella esperando que su crecimiento personal se diera como esperaba. Lo hizo. Quizás porque a esas alturas, en ese momento, no razonaba bien.
«Siempre vas a ser tú, Marnie. Siempre tú.»