Llamo para que me termines de romper.
Te he llamado,
tres meses después de que nos hemos intentado borrar del corazón,
sabemos bien que no es la primera vez que llamo,
pero es la primera en que el alcohol no es mediador de lo que quiero decir.
Me has preguntado que que quiero, con un tono molesto, como si estorbara,
y mi corazón simplemente no pudo entenderlo,
siendo que eso que suena, viene de la misma persona
que antes tenía espacio de sobra dentro, para mi.
Respiro profundo, sé bien que no llamo para pedirte que vuelvas,
porque sé que aunque lo pida, ya quemaste tu mapa de regreso a mi,
un largo suspiro suena de mi lado del teléfono,
ha llegado la hora de sangrarte.
Te digo lo mucho que aun quemas dentro de mi,
te hablo de que tus huellas no las ha podido borrar ningún mar de mis lágrimas,
intento explicarte lo mejor que puedo,
que has sido impacto
y que has dejado mis pedazos en el último beso que nos dimos.
Escuchas en silencio, intento no pensar nada sobre eso,
intento creer que al menos esta vez me has escuchado,
y entonces, hago mis últimos intentos por tocar tus puertas,
pero
están cerradas,
dices que no tienes nada que decirme,
que ya es tarde para las palabras.
Y en el fondo me doy cuenta de que por fin empiezo a entender
que te he llamado para que me termines de hacer pedazos,
porque quizás así podría volver a construirme,
pero terminé queriéndote más, aunque no pueda construirnos a ambos otra vez.
Entendí,
que ya no hago eco en ti,
y que debo encontrar pronto algo u alguien,
que haga más ruido que tú
en mi,
para poder decir que también has dejado
hacer eco en mi.
-Falcón













